Economía
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EU: congelar a Europa

¿Rusia cerrará la llave?

Aviones y casualidades

Carlos Fernández-Vega
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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó ayer el puerto de Wilmington, en Wilmington, Delaware. Antes de hablar sobre la infraestructura de transporte, Obama se refirió a la caída del avión de Malasia en el este de Ucrania, donde fallecieron casi 300 personasFoto Reuters
E

l presidente estadunidense se aferra a la idea de congelar las relaciones económico-diplomáticas con Rusia, pero en su pataleo de pasadita también congela, en el más estricto sentido de la palabra, a millones de hogares europeos que dependen en grado sumo del suministro de gas ruso. A la Casa Blanca suele salirle más caro el caldo que las albóndigas, pues en sus aventuras de supremacía trasnochada entre las patas se lleva a países completos.

Pero aquí el punto es si Obama y sus incondicionales de la Unión Europea tienen con qué calentar y mover a la población y a la industria europeas que tarde que temprano dejarán sin energéticos. Lo anterior, porque más de 40 por ciento del gas y cerca de 30 por ciento del petróleo que consumen las naciones integrantes de la Unión Europea son suministrados por Rusia, y ésta, sin mayores problemas, tiene dónde colocar su producción en caso de que los aliados decidan pagar el elevado costo que les impone el pataleo de la Casa Blanca.

Por ejemplo, en mayo pasado –ya en funcionamiento las primeras sanciones implementadas por la Casa Blanca– Rusia firmó un contrato de exportación de gas a China: 38 mil millones de metros cúbicos anuales, a lo largo de las próximas tres décadas, con un valor estimado en 400 mil millones de dólares. La empresa Gazprom ha comentado que no es su intención perder el mercado europeo, pero firmó con el gigante asiático adelantándose a los tiempos.

No hay que dar muchas vueltas por la historia para documentar que los bloqueos gringos a los gobiernos que no se alinean a sus caprichos sólo dañan a los habitantes de las naciones sancionadas, pero si de castigos se trata el primero en la lista debió ser el propio Estados Unidos por su larga cadena de agresiones, atentados, invasiones, anexiones, bloqueos, golpes de Estado y conexos. E inmediatamente después, por no decir que a la par, aparecen no pocos depredadores europeos, con Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Italia y, desde luego, España, a la cabeza.

Desde los tiempos soviéticos, Europa ha sido el mayor consumidor de gas ruso. Por ejemplo, el 100 por ciento del consumo interno de gas en naciones como Finlandia, Bulgaria, Estonia, Lituania, Letonia y Eslovaquia (todas integrantes de la Unión Europea) depende del energético ruso. Si los pataleos de Obama provocan el cierre de la llave, ¿la Casa Blanca estaría en condiciones de garantizar el abasto energético a esos países?, porque es de todos conocido y padecido que el costo y las consecuencias de las aventuras de Estados Unidos las pagan todos, menos los propios gringos.

Otras naciones de la Unión Europea son altamente dependientes del gas ruso: Rumania, 95 por ciento; Hungría y Grecia, más de 80 por ciento; República Checa y Polonia, 70 por ciento; Austria, 60 por ciento; Alemania, 35 por ciento; Italia, 30 por ciento; Francia 25 por ciento, y así por el estilo. Entonces, en plena crisis económico-financiera ¿hay disposición de pagar el costo interno con tal de apoyar el capricho de la Casa Blanca?

De ser así, los países integrantes de la Unión Europea perderían, de un plumazo, cerca de 50 por ciento del suministro de gas para los hogares de sus habitantes y su aparato industrial. Además, verían incrementado el precio del combustible y su transporte, pues el 20 por ciento del suministro proviene de Argelia (una ex colonia francesa que pagó un altísimo precio por su independencia) y Libia (país arrasado por Estados Unidos y la Unión Europea para quedarse con el control de sus energéticos). Así, las dependientes naciones de la UE no tendrían mayor posibilidad de abasto que el proporcionado por los noruegos (que sólo cubre 30 por ciento de la demanda), porque Estados Unidos –el que mueve el gallinero– es importador.

De allí la importancia geoestratégica de Ucrania en todo esto. Por ese territorio corre cerca de 60 por ciento de los ductos (una verdadera telaraña conectada con Siberia) que transportan gas ruso al resto de Europa. Entonces, el coqueteo de la UE, la indignación gringa, el golpe de Estado promovido y financiado, y los jocosos discursos que sobre Ucrania (justicia, democracia, soberanía y conexos) pronuncian Obama, Merkel, Hollande y demás tienen una sola lectura: no toquen nuestro gas; no controlen nuestros ductos. Lo demás les interesa un bledo, y que los ucranianos paguen los costos.

Tampoco Estados Unidos saldría bien librado de todo esto, porque alrededor del 75 por ciento de sus importaciones de Rusia corresponden a petróleo y gas, por un monto aproximado de 120 mil millones de dólares anuales, y dejaría de captar otros 100 mil millones de billetes verdes al no vender a los rusos maquinaria y otras menudencias. Las sanciones, pues, tendrían efecto de bumerang, aunque claro está que la Casa Blanca ya amarró en su traspatio su propia alberca de oro negro, tras la aprobación de la denominada reforma energética en México.

Y tras la exitosa puesta en marcha del Banco de Desarrollo y del fondo de reserva de divisas del grupo de BRICS, más el encuentro con 12 mandatarios latinoamericanos y la renovada presencia rusa en la región, por una mera casualidad la Casa Blanca y la Unión Europea anuncian el endurecimiento de las sanciones contra Rusia. Barack Obama aseguró que lo anterior es resultado del accionar ruso en Ucrania, es decir, lo advierte quien no ha dicho ni pío para condenar y evitar la masacre israelí en la Franja de Gaza.

En respuesta, el presidente Vladimir Putin reiteró que tales sanciones llevarían “las relaciones ruso-estadunidenses a un impasse y causarán graves daños. Estoy convencido de que esto afectará los intereses a largo plazo del Estado y pueblo estadunidenses”. Y de remate, el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, advirtió que la política exterior de Estados Unidos y la Unión Europea puede retrotraer las relaciones a los tiempos de la guerra fría; si este es el objetivo de nuestros socios occidentales, pronto lo lograrán, (aunque en los hechos nunca despareció del todo). A su vez, el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores sintetizó así: se trata de un intento primitivo de vengar el hecho de que los acontecimientos en Ucrania no se desarrollen según el guión de Washington.

Las rebanadas del pastel

Y si el horno no está para bollos, añádase un atentado terrorista en contra de un avión civil, cuyo verdadero objetivo, todo indica, era la aeronave en la que viajaba Vladimir Putin. ¿Casualidad?

Twitter: @cafevega

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