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Bajo la Lupa

Síndrome de las armas de destrucción masiva en Ucrania: la geopolítica de la desinformación

Alfredo Jalife-Rahme
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Vista en el terreno de los restos del avión de Malaysia Airlines en Grabovo, Ucrania, el 17 de julio pasadoFoto Ap
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s muy difícil creer a ciegas la cascada desinformativa de los mendaces cuan pugnaces multimedia anglosajones de Estados Unidos y Gran Bretaña (GB), después de haber sido atrapados con sus falsedades obscenas sobre las inexistentes armas químicas en Irak y Siria, ya no se diga las alucinógenas bombas nucleares de Irán, sin contar los agujeros negros del 11-S.

Después de 13 años de supercherías acumuladas, de nueva cuenta los mismos multimedia anglosajones vuelven a la cargada para inculpar sin evidencias la autoría de Rusia en el trágico derribo del avión de Malaysia Airlines, segunda desaparición en un trimestre.

Russia Today (21 y 22/7/14) expone apaciblemente: MH17: guerra mediática contra Rusia de la prensa occidental que “Repite guión de EU de las ‘armas de destrucción masiva’ de Hussein”.

Los separatistas filorrusos de Donetsk entregaron las dos cajas negras al gobierno de Malasia, que serán analizadas ominosamente por los expertos de GB, lo cual no presagia nada bondadoso, ya que la monarquía británica y su gobierno han encabezado una campaña viciosa contra el Hitler ruso desde el “ affaire de Crimea”.

Algo muy profundo han de saber los gobiernos de Alemania y Francia, quienes no comparten la histeria rusófoba de algunos de sus socios rijosos en la Unión Europea (UE).

Mientras Francia prosigue impávida la venta prometida de sus barcos Mistral a Rusia por un valor de mil 200 millones de dólares, Alemania diluye la rusofobia envilecida de GB, que curiosamente no ha sido imitada ni por Holanda, el país flagelado con el mayor número de víctimas.

Contra todas las expectativas punitivas de Estados Unidos y GB, la UE pospuso la adopción de severas sanciones contra Rusia.

Más allá de las imprecaciones exorcistas de los desaforados multimedia de Estados Unidos y GB, que confunden conjeturas delirantes con evidencias irrefutables –que señalan a Rusia como culpable del derribo del avión malasio–, por fortuna existen lúcidos fractales informativos en el propio Estados Unidos que no sólo diluyen el vino embriagante de la aberrante propaganda negra anglosajona, sino hasta culpan al gobierno de Ucrania de la autoría del trágico derribo, según imágenes satelitales de la CIA.

Según RAND –uno de los supremos think tanks de EU–, “el derribo del vuelo MH17 en Ucrania puede permanecer en el misterio como el vuelo 370”. Cita al experto Brian Michael Jenkins, quien comenta la sugerencia de un sistema de defensa aérea mucho mayor y avanzado del que se encuentra en manos de los separatistas.

En contraste con la vulgar diatriba personal del israelí-británico Gideon Rahman contra el Maquiavelo del Kremlin, quien ha llevado a Rusia al desastre –repetido insensatamente en su tuit por Isabel Turrent, maestra del ITAM–, el politólogo de la RAND Christopher Chivvis aduce que la falta de claridad (...) podría aislar al presidente ruso Putin de una debacle geopolítica mayor.

Extrañamente, después de la entrega de las cajas negras, y de la profesional refutación por el Ministerio de Defensa de Rusia, como por arte de magia amainó la viciosa propaganda negra de Estados Unidos y GB.

A mi juicio, las imágenes satelitales de Estados Unidos y Rusia serán decisivas cuando Russia Today atormenta a Estados Unidos sobre su “ocultamiento satelital”.

Estados Unidos prometió publicar sus imágenes satelitales de un momento a otro, mientras Rusia ha de tener las suyas bajo la manga.

Mucho más feroz es la perturbadora filtración del galardonado investigador estadunidense Robert Perry, quien fue uno de los que detonaron el escándalo del Irán- contras: Fui informado que algunos analistas de la CIA citan fotos de reconocimientos de satélite de Estados Unidos (¡supersic!) que sugieren que el misil que derribó el vuelo 17 fue disparado por el ejército ucranio (¡supersic!) desde una batería gubernamental (¡supersic!), no por los rebeldes pro rusos, quienes han resistido al régimen de Kiev.

Resulta, según Robert Perry, que los soldados que manejaron la batería tenían uniformes ucranios y estaban bebiendo, junto a lo que parecían botellas de cerveza dispersas en el lugar.

¿Fue un accidente de unos dipsómanos desregulados del ejército ucranio?

En caso de resultar cierta la filtración de Robert Perry, su escrito sería una de las máximas joyas históricas del periodismo posmoderno plagado de desinformación.

No sería la primera vez que el gobierno de Ucrania derriba con un misil un avión de pasajeros, como sucedió con el vuelo ruso Tu-154 de Tel-Aviv a Novosibirsk, con 78 víctimas.

De última hora, Russia Today reporta que la inteligencia de Estados Unidos afirma que “Rusia no (¡supersic!) está implicada en el derribo del avión malasio”.

Lamentablemente, el gobierno golpista ucranio es especialista en usar banderas falsas desde el asesinato de manifestantes y policías en la célebre Plaza Maidán de Kiev hasta el incendio de la Casa de los Sindicatos de Odesa.

¿Por qué existe tal discrepancia en Estados Unidos entre sus multimedia serios y vulgares? A mi juicio, ello trasluce el clivaje entre quienes desean un acomodamiento con Rusia y otros que anhelan una nueva guerra fría.

Está en juego la edificación del nuevo orden mundial (NOM) del siglo XXI, cuando a Estados Unidos le ha perturbado tanto la exitosa cumbre de los BRICS en Fortaleza como las giras triunfales de Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping a Latinoamérica.

De acuerdo con la cosmogonía todavía de (pre)dominio estadunidense, el NOM se juega en Ucrania, como se desprende de la propuesta obstinada de un G-2 secreto (¡supersic!) entre Estados Unidos y China –en detrimento de Rusia y la UE– por el ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama Zbigniew Brzezinski, en su trascendental, aunque desbrujulada, entrevista a la revista Foreing Policy (20/7/14).

Zbigniew Brzezinski, quien a sus 86 años nunca pudo superar su consustancial rusopatía atávica, considera que la crisis de Ucrania y la invasión a Crimea han afectado la imagen internacional de Rusia, lo cual la deja excluida del NOM, al unísono de los europeos, quienes en el presente no pueden formular o ejecutar una política exterior que los coloca fuera de la jugada.

El grave problema radica en que la cosmogonía del geoestratega Zbigniew Brzezinski colisiona con la visión estratégica militar más profesional del general Martin Dempsey, jefe de las fuerzas armadas conjuntas de Estados Unidos, quien acepta la nueva geoestrategia tripolar entre Estados Unidos, Rusia y China: un G-3 más realista; no un inviable G-2 secreto.

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