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El letal juego del gato y el ratón
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e Alepo a Gaza se están cavando túneles. En Alepo, el ejército sirio encontró los túneles de sus enemigos islamitas. En Homs, incluso, se encontraron túneles en sentidos opuestos, que se agregaban a los construidos originalmente.

En Gaza, los israelíes han hecho estallar los trabajos subterráneos de los palestinos, pero una visita al gran jeque Najjar, en la zona industrial al noreste de Alepo, donde el Estado Islámico de Al Nusra combate al gobierno de Assad desde hace más de un año, constata que la guerra subterránea está en la sangre de las fuerzas islamitas. Decenas de kilómetros de túneles que se cruzan en diversos puntos son ahora una fortaleza al sur de la frontera turca. En algunos casos, estas vías subterráneas son lo suficientemente anchas como para que circulen por ahí vehículos.

En la vieja ciudad de Homs, que ha soportado meses sitiada por el ejército sirio, grupos musulmanes sunitas utilizaron taladros de minería para penetrar la roca del subsuelo, lo que arruinó varias manzanas de edificios de departamentos.

Los túneles de Gaza han sido construidos y reconstruidos una y otra vez bajo el sitio de Israel. Por dentro tienen rieles y paredes de concreto reforzado; están diseñados para transportar alimentos y armas desde el enclave palestino o lanzar ataques contra Israel.

Esto no es nada nuevo, claro. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, los llama túneles del terror. Estas edificaciones siempre han sido intimidantes. Los romanos quedaron estupefactos al ver los túneles construidos por los judíos durante las grandes revueltas de Judea y Samaria.

Durante la Primera Guerra Mundial, británicos y alemanes edificaron túneles que iban y venían bajo sus campos de batalla.

Es como si las enormes minas que fueron destruidas por los ingleses en la batalla de Messines, Bélgica, en 1917, se hubieran repetido en miniatura en Alepo durante el año pasado, cuando el frente Al Nusra y otros grupos islamitas cavaron debajo de las posiciones de ataque del gobierno sirio e hicieron volar por los aires las oficinas militares de la ciudad. Según los funcionarios sirios, se trató de una mina que colapsó y estaba ahí, debajo de la mezquita de Omayad, desde el siglo XIII. Según ellos, fue la vibración de un temblor lo que hizo que se viniera abajo uno de los minaretes del templo el año pasado.

Civiles que trabajan con el frente del ejército de Alepo han estado cavando zanjas frente a los milicianos del gobierno para evitar que la construcción de túneles socave sus casas.

En vano, las milicias en los suburbios de Damasco intentan cavar túneles propios. Durante años cientos de túneles en Gaza han unido Egipto con la franja territorial de 365 kilómetros cuadrados, habitada por 1.8 millones de palestinos bajo asedio.

Esas edificaciones subterráneas han sido los vasos capilares que dan vida tanto a civiles como a combatientes. Autos, animales de granja, camas, enseres del hogar y alimentos, al igual que cohetes y municiones, han pasado por estas rutas de tránsito, que con frecuencia se construyen profesionalmente y son constantemente bombardeadas por los israelíes y, más recientemente, inundadas por el ejército egipcio.

Hamas cobra millones de dólares en impuestos gracias a ellos, lo cual es otra razón para que Israel quiera destruirlos.

No está claro por qué le tomó tanto tiempo a las fuerzas militares musulmanas recurrir a los túneles. En Tora Bora, Afganistán, Al Qaeda cavó túneles que se extendían hasta 24 kilómetros por debajo de las montañas en las afueras de Jalalabad, y el éxito de los soldados de Osama Bin Laden para eludir a los rusos, y más tarde a sus enemigos estadunidenses, bien pudieron inspirar los túneles en Siria y Gaza.

La vasta red de trincheras subterráneas construidas por las Guardias Revolucionarias y el ejército iraníes durante la guerra contra Irak, de 1980 a 1988, así como los campos de batalla durante la guerra entre 1914 y 1918, también pudo haber influenciado a las guerrillas musulmanas de Medio Oriente.

Los túneles que los israelíes han descubierto, que se extienden bajo su tierra y frontera con Gaza, parecen haber sido edificados con muros curvos de concreto notablemente similares a los que construyeron los iraníes durante su guerra contra Saddam Hussein. Las mismas características que encontró el ejército sirio durante su batalla contra los islamitas.

En Homs, los pasadizos subterráneos fueron cavados a través de roca sólida y quienes los edificaron escribieron sus nombres y la fecha en que se terminó la obra en cada entrada. La excavación se planeó cuidadosamente para evitar daños a las tuberías de gas y agua.

En el noreste de Alepo, los túneles, en este caso construidos por Al Qaeda, estaban conectados por kilómetros de profundas trincheras cubiertas de hierro y costales de arena, como si se intentara replicar los frentes de batalla de la guerra entre Irán e Irak.

Un oficial palestino en Beirut, quien recuerda las armas y los cohetes improvisados que se almacenaban bajo la ciudad en el sitio israelí de 1982, cree que la introducción de drones (naves no piloteadas) que Estados Unidos usó en Afganistán e Irak, que Israel está usando en Gaza, es lo que ha llevado a los combatientes a luchar desde el subsuelo.

“Los ejércitos convencionales prefieren la luz del día, las guerrillas se ocultan en la oscuridad. Cuando llegaron los drones con visión nocturna nos tuvimos que ir bajo tierra”, señala.

En Homs, las fuerzas de Assad también usaron drones. Durante los últimos dos años el Hezbollah libanés, que es respaldado por Irán y lucha al lado de Assad, lanzó sus drones sobre Israel y los usó para sacar fotografías de las comunicaciones subterráneas de Israel afuera del centro de Haifa. Esa maquinaria fue construida en Irán, que ha capturado los drones estadunidenses que cayeron –o fueron derribados– sobre territorio iraní.

Por lo visto, entre más poderoso se vuelve el ojo en el cielo más túneles se cavan. Si, como dice el mantra de las fuerzas armadas estadunidenses, la guerra de guerrillas es asimétrica, todo indica que además se está volviendo tridimensional.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca