Opinión
Ver día anteriorJueves 6 de noviembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

El caso Iguala

Algo no cuadra

Ya están detenidos, ¿y...?

Miguel Ángel Velázquez
¿O

tro montaje?

Las cosas no están muy claras en la delegación Iztapalapa de esta ciudad, donde se supone que los servicios de inteligencia del gobierno pudieron dar con la pareja Abarca-Pineda Villa, y hay muchos que suponen que más que una captura inteligente, lo que sucedió fue un montaje estúpido en el que se trató de hacer creer que los atraparon, aunque se habla, y muy fuerte, de que la pareja simplemente se entregó.

Y más: no sólo se entregó, sino que aceptó ser llevada a un escenario donde se montó el numerito. Datos irrefutables, como que las casas cateadas en Iztapalapa no fueron resguardadas, como siempre se hace en esos casos, cuando menos hasta ayer a media tarde, son elementos que sugieren que la información, tal y como se dio a conocer a la sociedad, no está muy apegada a la realidad.

Pero cuidado, no se trata de defender a la pareja, sino de obligar a que se diga la verdad. Total, lo importante no es si los capturaron o se entregaron, lo importante es que ya están en manos de quienes deben investigar a fondo para hacerles pagar por los delitos que hubieran cometido.

Por eso se requiere de la mayor pulcritud en las indagatorias, de la mayor rectitud en los investigadores y también de quienes deben enfrentar a la opinión pública, vía los medios de comunicación. A nadie beneficia que las palabras de los funcionarios del Poder Judicial se deshagan frente a las imágenes de los videos, o a las fotos de los lugares de la supuesta captura.

Y es que los dichos no parecen respaldar las declaraciones que se nos ofrecen. Por ejemplo, cómo que las herramientas tecnológicas de inteligencia que señaló el procurador Murillo Karam dieron con un par de personas que se escondían, que no tenían contacto con otros seres, que se cuidaban para no ser descubiertos, pero no tienen ni la menor idea de donde están 43 que fueron sometidas, seguramente, por un nutrido grupo de policías y sicarios; es decir, hay testigos, hay toda una multitud involucrada, pero las herramientas tecnológicas de inteligencia –cualquier cosa que eso signifique– no pueden dar con ellos, aunque sí lo hicieron con la pareja.

Y luego, las preguntas que saltan son: ¿por qué –en caso de que las sospechas fueran ciertas– se les llevó a Iztapalapa? ¿Quién o quiénes resultarían beneficiados con esa captura, en ese lugar? Eso porque de inmediato se levantaron las voces que, como ya es costumbre, buscaban culpar al jefe delegacional, Jesús Valencia, y a la izquierda en general, de que la pareja –en caso de que así fuera– hubiera escogido Iztapalapa para tratar de evadir a la justicia.

Pero lo peor de todo es que al final la pareja tampoco pueda aportar a las herramientas tecnológicas de inteligencia datos del destino de los 43 desaparecidos de Iguala, porque, después de dar las órdenes, no se volvieron a preocupar por la suerte de los jóvenes, y entonces ni idea tienen de su paradero.

Ya veremos, pero no se vale tratar de echarle tierra a la verdad, menos ahora que nunca.

De pasadita

No es fácil entender el cambio en la Asamblea Legislativa del DF, tal vez no por el que se fue, sino por quien llega. Y lo peor, se dice en muchas partes que desde el gobierno central se pidió al líder de la ALDF, el diputado Manuel Granados, que diera una muestra de amor a su jefe, y éste, ni tardo ni perezoso, puso la cabeza de Alfonso Brito en la charola de los sacrificios. Pronto, muy pronto, Granados obtendrá respuestas, para medir el efecto de ese sacrificio.