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Luigi Amara busca entender la escritura como disciplina artística

Si te supeditas al mercado pierdes posibilidades creativas

Presenta su más reciente ensayo, Historia descabellada de la peluca

 
Periódico La Jornada
Miércoles 24 de diciembre de 2014, p. 6

Me interesa escribir un ensayo que elude las inercias académicas, que elude incluso las inercias del propio ensayo, señala el poeta, editor y ensayista Luigi Amara respecto de su nuevo libro Historia descabellada de la peluca, finalista del Premio Anagrama de Ensayo.

He intentado hacer libros de ensayo diferentes cada vez, diferentes en su temática, pero sobre todo en su acercamiento, en su manera de discurrir en la escritura, en su ordenación, etcétera. Entonces, me he planteado el compromiso de intentar hacer libros diferentes, aun dentro del ensayo, aun concibiendo el ensayo como un género peculiar que ha tenido su historia y sus pautas más o menos reconocibles, buscar la variedad en esa práctica, dice en entrevista.

En el caso de Historia descabellada de la peluca el interés era provocar con la reflexión de lo que podría ser considerado un tema frívolo, secundario o no esencial, que es el de la peluca. Fue dedicarle atención, hacerlo visible y también hacer este corto circuito. Hacer una reflexión a veces filosófica sobre algo que no suele ser un tema filosófico para nada.

Tanto en la poesía como en el ensayo lo que le interesa es lo cotidiano. Me interesa cómo acercarse a lo ordinario sin desnaturalizarlo, volviéndolo maravilloso o extraordinario. Ahora estoy en ello, sigo en ello, no he salido de esa búsqueda, pero quiero hacer un libro en particular sobre la relación entre arte y vida diaria. También sigo escribiendo poesía, eso no lo dejo.

Ensayo y poesía, dos géneros que tradicionalmente se compran poco. Amara subraya: “uno no escribe para vender. Habrá quien lo haga, pero uno tiene que decidir qué tipo de escritor es o qué tipo de escritor le interesa ser.

A mí lo que me interesa es entender la escritura como una disciplina artística; pienso que a menos que uno sea un artista tipo Andy Warhol, que llevó el ganar dinero a la condición de obra de arte, en realidad esto es secundario, no es un fin producir dinero. No considero mal ganar dinero con lo que uno hace, simplemente es que cuando uno supedita lo que está haciendo al mercado, creo que en realidad se pierde mucho de las posibilidades creativas.

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A Luigi Amara le interesa hacer libros de ensayo diferentes cada vez, en su temática, pero sobre todo en su acercamiento, en su manera de discurrir en la escrituraFoto José Antonio López

–¿Se pierde libertad?

–Sobre todo libertad. Si tienes que escribir para satisfacer un mercado entonces no escribes lo que te interesa, sino lo que le interesa a los otros, o lo que tu editor te pide que escribas. También se pierde la posibilidad de provocación, de crear una suerte de subversión en el sistema literario, que es un poco la aspiración de, pienso, prácticamente cualquier artista.

En su trabajo literario, tanto la poesía como el ensayo son complementarios. Hasta podría decir que hay como un continuo. Lo que permite la poesía es de algún modo concretar o cristalizar un moldeado del lenguaje en algo reconocible a simple vista o a simple oído. Hay una economía de recursos. Siempre he pensado que el poema es una síntesis de sensibilidad, de imaginación, etcétera, y creo que en contraposición encuentro en el ensayo la posibilidad de discurrir, de hacer digresiones, de reflexionar, de desviar, de salirme por la tangente y retomar el hilo.

Estos dos géneros no están separados y, por ejemplo, existen ensayos que pueden leerse como poemas. En este caso ejemplifica con el trabajo del ensayista inglés Charles Lamb. “Si uno lee a un ensayista como él se encuentra con que muchas páginas se leen como si fueran poemas, hay una imaginación poética operando ahí. Hasta sería difícil a veces establecer una distinción entre un poema en prosa y un ensayo.

Tampoco es que vea una oposición, pero tal como he ejercido, ambos géneros, pienso que me dan esa diferencia entre por un lado debrayar, reflexionar, hacer un poco lo que uno quiere, y en el poema hacer un ejercicio más de concreción con la materialidad del lenguaje.