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No le creemos al gobierno; le pediré a Peña Nieto que me lo regrese, afirma

Siento que mi hijo está vivo, señala la madre del normalista Jhosivani Guerrero
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Si el gobierno piensa que con sus mentiras nos va a debilitar, está equivocado, aseguran Margarito Guerrero y Martina de la Cruz, padres de Jhosivani, uno de los normalistas desaparecidosFoto Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 20 de septiembre de 2015, p. 10

Martina de la Cruz de la Cruz ve a su hijo (el normalista Jhosivani Guerrero) acercarse mientras lava ropa en el río: Mamá, andamos perdidos en la sierra de Acapulco, vengo de traer gente y me voy a ir otra vez por más compañeros. Usted no venga porque está feo. Su madre lo ve alejarse con tristeza y un sentimiento de zozobra la invade: ¿Será posible que acabo de ver a mi hijo al pie de mí? ¿No estaré soñando?

Su despertar dulce, placentero, se convierte en amargo y al abrir los ojos la realidad se le presenta de golpe: Despierto espantada porque veo que mi hijo no está conmigo, que todo es un sueño. El gobierno no se qué quiere contra los muchachos; no dice la verdad. Yo siento que mi hijo está vivo, y espero que mi corazón no se equivoque.

En su casa de Omeapa, municipio guerrerense de Tixtla, Martina acaba de hablar con Mercedes Doretti, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), sobre su hijo Jhosivani.

Dice que la perito le aseguró que la prueba anunciada por la procuradora general de la República, Arely Gómez, sobre el supuesto hallazgo de restos que coinciden genéticamente con los de su hijo, no es concluyente ni ciento por ciento científica, sino más bien débil.

Yo no le creo al gobierno, porque nos ha dicho muchas mentiras. Desde el principio ha sido así. Cuando destaparon la primera fosa clandestina aseguraron que eran los muchachos, los 43, y si nosotros lo hubiéramos aceptado nos habrían dado unos restos que no son de nuestros hijos. Por eso ya no se les cree nada.

Su esposo, Margarito Guerrero, interviene: “A mi hijo lo ha matado el gobierno dos veces con puras mentiras. Se le ha ido tumbando toda su verdad histórica; ya van cuatro veces. Y eso le duele, porque no han podido engañarnos.

Yo estaba allí cuando la perito argentina quiso detener a la procuradora para que no diera esa noticia falsa, porque no estaba confirmada ni era la verdad, pero la funcionaria no entendió; ya no pudieron pararla, pues.

Margarito se muestra indignado porque asegura que Arely Gómez no cumplió su compromiso de hablar con los familiares antes de dar cualquier noticia, y menos con información solamente de indicios.

Ya nos lo esperábamos, sabíamos que nos iban a dar otro golpe, pero les hemos tumbado todas sus mentiras, y ahora también. Lo del basurero de Cocula ya quedó por los suelos. Allí nunca llegaron los chamacos. ¿Por qué siguen con eso?

El padre de Jhosivani es un campesino de 64 años que vive en Omeapa. Se dispone a viajar a la capital para entrevistarse el próximo 24 de septiembre con el presidente Enrique Peña Nieto: “Ahí le vamos a decir sus verdades, y eso le va a doler.

El gobierno sabe lo que pasó, sabe dónde están los muchachos, dónde los tienen y qué están haciendo con ellos. Todos los videos y los expertos están mostrando al Ejército como culpable, y los testigos señalaron que los militares tuvieron harto que ver. Los tienen en la sierra, en los cuarteles; los tienen separados, pues.

Ningún representante del gobierno se ha puesto en contacto con la familia Guerrero de la Cruz para explicarle las últimas noticias sobre Jhosivani, por eso dice que no pueden darle credibilidad a esa versión sin “certeza científica:

Siento que mi hijo está vivo; no hay nada que diga que está muerto, y más con lo que nos comentaron los peritos; con eso nosotros agarramos más fuerza. En el basurero, ni para quemar uno les ajustaba esa lumbre que ellos decían; imposible. Vamos a seguir buscándolos hasta que lleguemos a la verdad.

La última vez

Martina de la Cruz tiene 55 años y se aferra a los recuerdos. La imagen recurrente de su séptimo hijo sentado en sus piernas la sostiene en este doloroso momento: Jhosivani es el más chico, y nunca se separaba de mí. Llegaba y se sentaba en mis piernas, donde yo estuviera; luego se paraba y me subía sus pies y yo se los sobaba, porque me decía que le dolían de tanto caminar... lo siento bastante. Siento a todos mis hijos, los quiero a todos, pero siento más a este niño porque nunca se me retiraba; para mí es un niño.

Su hijo se iba a llamar Efraín, por decisión de su padre, pero Martina prefirió el nombre de Jhosivani, uno más moderno. Fue el único de sus siete hijos que no nació con la partera. Embarazada, a sus 35 años, sus familiares le recomendaron dar a luz en el consultorio clínico del pueblo.

Yo les decía que nosotros somos de rancho y podemos tener los hijos en casa. Mi mamá tuvo 12 y no anduvo con doctores. Llegando allí, luego luego nació mi niñito y no hicieron nada los doctores, nomás le cortaron el ombligo, de hecho yo lo tuve solita, agrega.

El pequeño de la familia no se le separaba: “Jhosivani creció más conmigo que con su papá, que se fue nueve años a trabajar al otro lado y me lo dejó de dos añitos. Él se crió conmigo como un niño chiquito, pues”.

Con 20 años, dice que le seguía diciendo mi niño. El joven repetía: Mamá, ya no me digas niño. Y ella le contestaba: Para mí eres un niño y lo seguirás siendo hasta que tú estés conmigo. El día que tú te separes de mí ya puedo decir que eres grande, porque ya no vas a estar al pie de mí.

Martina tiene la foto de Jhosivani en la cama. Le prende veladoras, le reza todos los días. Lo mira perdida en la incertidumbre y recuerda: “Él me decía: ‘No te vayas a enfermar nomás porque no voy a estar al pie de ti. Comes. Te voy a venir a ver seguido’. Y yo le decía: ‘te extrañé mucho estos días’ y él me abrazaba. ‘Yo también, hasta ni podía dormir nomás de estar pensando en mi madre, cómo la dejé solita’”.

La última vez que lo vio fue el 20 de septiembre del año pasado. Quería cortar elotes para que su mamá los hirviera: Nomás quiero tres elotes con queso y mayonesa. Nomás eso, no quiero comer porque la veo apurada, la veo que anda mal de su pie y no quiero que usted ande en la cocina.

Cuando llegó el momento de volver a la normal de Ayotzinapa las prisas no permitieron que se despidiera de beso y abrazo: “porque lo estaba dejando el camión y él salió corriendo. Nomás me dijo: ‘ya me voy, jefa’. Ya cuando iba lejos yo todavía iba siguiendo al camión para ver si lo alcanzaba y darle un abrazo. Le alcance a gritar: ‘Qué Dios te cuide mi hijo’”.

Martina lo esperaba de regreso el 25 de septiembre, pero ahora sólo lo ve en sus sueños: “Lo he soñado tres veces, lo veo que llega y me dice: ‘Mamá, me vengo a bañar, pero me voy otra vez para rescatar a mis compañeros’. Lo sueño perdido en la sierra... Mi hijo quería ser químico, y por no tener dinero lo mandamos a la normal. Vivimos del puro trabajo de la siembra de maíz; tenemos gallinas y puercos, y de allí nos sostenemos. Ahora yo me culpo porque lo anime a que entrara a Ayotzinapa”.

Llora y repite: Que Dios me lo regrese, que me lo cuide donde quiera que esté; que coma, que no pase frío. Que el Señor me lo cobije, que cuide a todos los chamacos mientras nos los devuelven.

Ya no les creemos nada

Anayeli, hermana de Jhosivani, se muestra muy enojada porque cuenta que se enteraron de la noticia por la televisión: “Fuimos los últimos en enterarnos de esta situación. Fue algo sorprendente y de golpe. Sentí mucha indignación, sobre todo por la forma en la que estaba dando la noticia la procuradora.

El gobierno está asegurando una prueba como cierta, cuando los peritos argentinos no están seguros y nos han dicho que sólo hay una semejanza, una tercera prueba que están haciendo por primera vez como experimento, algo que todavía no está aprobado por la ciencia.

Y muestra una copia del informe del Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck, Austria, donde se demuestra la debilidad de la prueba presentada por la procuradora en 15 páginas: El documento dice que es una semejanza al apellido De la Cruz, no como lo dijo la procuradora, sin ética rompiendo el compromiso que tiene con nosotros, asegurando algo que es mentira.

Añade: “La perito se tomó la molestia de venir hasta nuestra casa y nos explicó todo por más de dos horas. Le preguntamos si se podían hacer más análisis y dijo que por el momento no. Nos comentó que ellos nada más están descartando, y nunca han dicho que esos restos pertenezcan a Jhosivani. Hasta no tener el cuerpo o a él en persona, no vamos a dejar de luchar, ni vamos a parar hasta saber la verdad y dar con los culpables.

El gobierno ya no sabe cómo salirse del problema. Si piensa que con esto nos va a debilitar, se equivoca; esto nos da más fuerza para seguir adelante y llegar hasta el final.

En el basurero no los quemaron

Su marido, Pedro Juárez, que trabaja de jardinero en Estados Unidos junto a otros dos hermanos de Jhosivani, recuerda que él y su cuñado Iván fueron al basurero de Cocula: Nosotros descubrimos de manera empírica, como campesinos, que el 26 y 27 estuvo lloviendo, y que era imposible que los cuerpos de los muchachos fueran quemados. Allí no los incineraron. No es verídico y nos sentimos muy enojados porque el gobierno sigue con su maniobra.

Iván, hermano de Jhosivani, tiene 28 años y añade: Ya no se les cree nada, a fuerza los quieren muertos. Nosotros no vamos a descansar nunca hasta saber la mera verdad.

Su madre insiste: Lo único que le he pedido a Dios es que me regresen a mi hijo con vida. Y se lo voy a pedir a Peña Nieto el 24 que lo veamos; le voy a pedir que nos los regresen, pues, como se los llevaron: vivos; vivos los queremos.