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Altera vestigios de culturas antiguas e irrumpe en nexos culturales y religiosos

Devastará a Cholula el plan de modernización del gobernador panista Rafael Moreno Valle
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Adán y su hijo Paul Xicale, detenidos el año pasado por defender CholulaFoto José Castañares/La Jornada de Oriente
Blanche Petrich
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 19 de octubre de 2015, p. 12

Puebla.

El proyecto del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, para modernizar y comercializar el sitio arqueológico de Cholula, con el fin de explotarlo como polo turístico, no sólo altera vestigios de las culturas antiguas que se asentaron ahí, el mayor santuario de Mesoamérica. También sepulta e imposibilita futuras exploraciones sobre un área que aún tiene yacimientos por descubrir y comprender. Además irrumpe en un complejo sistema de relaciones culturales y religiosas que pueden trazarse en una línea continua en el tiempo desde el pasado prehispánico, como el culto a Quetzalcóatl, hasta el presente, con la adoración a la virgen de Los Remedios, patrona de la iglesia que los colonizadores construyeron sobre los templos levantados en distintas eras por las culturas tolteca y chichimeca.

Son más de 300 mil católicos, pobladores de las 47 comunidades aledañas al volcán Popocatépetl, quienes actualmente rinden tributo a esa figura patronal que corona lo que fue el reino del Gran Cholollan.

“Lo que propone el plan intermunicipal –sostiene la antropóloga Anamaría Ashwell, estudiosa del sitio y avecindada en Cholula– es cemento, cemento y más cemento sobre uno de los sitios arqueológicos más importantes del continente. ¿Cómo es posible que no se den cuenta que de hecho están profanando el Santuario de la Patrona de las Cholulas?”

Explica que las obras para construir hoteles, restaurantes, andadores y centros comerciales en el Tlachihualtépetl, el cerro hecho a mano, cubrirán de concreto vestigios que datan de 200 o 100 años antes de Cristo. Con esto se lastimó el sentimiento de pertenencia y las raíces históricas de los cholultecas. Eso explica el movimiento inédito de resistencia y organización que surgió en defensa del patrimonio cultural, afirma.

Los pueblos del volcán suelen solicitar la visita de la virgen que alberga el convento de San Gabriel a sus respectivas parroquias en sus fiestas patronales. Ya no es la escultura original –siglo XVII– la que se lleva en andas, sino sus réplicas, llamadas las peregrinas. Se calcula que hay un promedio de 40 a 45 bajadas de la señora de Los Remedios al año. Los tres municipios cholultecos, San Pedro, San Andrés y Santa Isabel, no peregrinan juntos, enemistados desde hace siglos por pugnas por el control de la sagrada figura.

Algo que no ocurría hace más de 300 años

Pero el 8 de octubre la bajada fue diferente. Se trató de una procesión rogativa. No hay registro de un hecho así quizá desde el siglo XVII, explica Ashwell, autora de varios estudios, de los más reconocidos, sobre la Cholula antigua y la contemporánea. Los pueblos, durante el periodo colonial, solían llevar a la virgen en andas por las calles en tiempos de epidemias, sequías, inundaciones o conflictos, rogando por el restablecimiento del equilibrio. Esta vez se le rogó a la virgen que protegiera a sus pueblos de las acciones del gobernador y sus funcionarios. Algo también que hace mucho tiempo no sucedía es que se unieron San Pedro y San Andrés, pueblos enemistados.

A la procesión asistieron más de 8 mil personas, pero los dos párrocos de San Pedro y San Andrés, que fueron invitados, no fueron. Ningún cura encabezó los ruegos de los cholultecas a su patrona. La conducción del ritual recayó directamente sobre las autoridades y mayordomías tradicionales.

Testigos y partícipes de la forma en que se planeó y organizó la procesión, Ashwell y otro colega antropólogo poblano, Julio Glockner, observaron con asombro cómo se manifestó esa línea de continuidad desde los cultos más antiguos hasta ese acontecimiento contemporáneo.

Quienes impulsan este proyecto no alcanzan a entender que Cholula no sólo es un atractivo turístico, sino una zona sagrada donde se concilian pueblos multiétnicos del pasado y del presente. Irrumpir así en suelo sagrado es quebrantar una vida espiritual que ha tenido una continuidad milenaria, afirma Glockner.

Opacidad

Hasta el año pasado, los cholultecas no tenían idea clara sobre cuál era la intención del gobernador Moreno Valle para su zona. Indagamos en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y nos dijeron que ellos no han otorgado ningún permiso. Solicitamos información a través del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai) y así fue como obtuvimos el proyecto y además nos enteramos de la discusión que sostienen en torno a él el propio INAH y el gobernador. Sabemos que en el Consejo de Arqueología hay oposición al proyecto, que el INAH-Puebla ha autorizado algunas obras de remozamiento. Bajo esa figura, que también es violatoria de las reglas de conservación, se empezó la demolición del viejo manicomio que administraron durante el siglo XX los curas de la orden de los juaninos.

Del viejo sanatorio no queda más que el cascarón y una hermosa fachada que deja constancia de la fecha de su inauguración: 1910. Desde el interior sale el escándalo de la demolición: las voces de cientos de albañiles martillando, rompiendo, taladrando. El lugar está destinado a ser un hotel de cinco estrellas con piscinas, grandes jardines, bares y salones enmarcados por ese paisaje único del cerro, el templo y el cono perfecto del volcán cercano. En el exterior los trascabos siguen trabajando y las losas del elegante andador que rodeará el Tlachihualtépetl ya se extienden por un largo tramo. Abajo, sepultada una vez más, la gran riqueza arqueológica que nunca ha sido explorada en su totalidad.

Cuando se conoció el proyecto, llamado inicialmente de las siete culturas y después intermunicipal, se formó el Consejo Académico Ciudadano por la Integridad de Cholula, integrado por 21 especialistas, entre antropólogos, arquitectos, etnohistoriadores, arqueólogos e historiadores. Determinaron que el plan no sólo tiene errores hasta en el nombre de las calles de los barrios tradicionales, sino que es terriblemente destructivo del patrimonio cultural y arqueológico; provocará daño ambiental y patrimonial por los puentes viales, carreteras y nuevos estacionamientos; alienta urbanización de suelos con cultivos y afecta la zona de recarga de acuíferos.

El proyecto de Moreno Valle para el sitio sagrado comprende tres grandes explanadas de concreto, tres estacionamientos (y sus correspondientes casetas de cobro), 14 mil metros cuadrados para un lago artificial, un pabellón comercial, tres locales comerciales de 200 metros cuadrados de tres niveles de altura para restaurantes de franquicia, baños públicos, muros para anuncios comerciales y una reja perimetral de tres metros de altura con ocho puertas de acceso, con sus respectivas casetas de cobro.

Defensa de lo sagrado

La especialista reconoce que el resorte que finalmente levantó a la población contra el proyecto estatal no fue la defensa del sitio arqueológico, sino la amenaza a su sentir religioso. Para que continúe el culto a la virgen es fundamental tanto la movilidad libre para subir y bajar del cerro como la preservación de los campos que lo rodean y los barrios tradicionales, de donde salen las mayordomías responsables de los rituales y del santuario.

Julio Glockner, a su vez, considera: Lo que mueve a los arqueólogos y antropólogos, a los académicos e intelectuales en la defensa de Cholula es el sitio arqueológico. Pero lo que mueve al pueblo de los municipios circundantes es la defensa de un derecho religioso que va a ser perturbado. Y detrás de la defensa del santuario está la defensa de la vida campesina.

La vocación turística de Cholula no se puede ignorar ni frenar, admite. Pero el desarrollo de proyectos relacionados debe hacerse con inteligencia y sensibilidad hacia el entorno que rodea el sitio. Desde lo alto, la virgen mira a los cuatro puntos cardinales, hacia los campos de cultivo que se alcanzan con la mirada. Eso es lo que no pueden ignorar ni atropellar los gobernantes.