Sociedad y Justicia
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Disminuir horas al dormir aumenta el apetito por alimento rico en grasas, dice

Hábitos de sueño determinan la comida que elegimos: especialista de la UNAM

Si el hambre es mucha de manera crónica, las consecuencias son sobrepeso y obesidad, señala

 
Periódico La Jornada
Domingo 13 de diciembre de 2015, p. 34

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México analizan la relación entre los ritmos circadianos y la forma de alimentarnos. Cambiar nuestros hábitos de sueño influye en cómo nos alimentamos y en el tipo de comida que elegimos después de una noche de desvelo, dijo Carolina Escobar Briones, del Laboratorio de Ritmos Biológicos y Metabolismo de esa entidad.

En el día necesitamos energía para las actividades cotidianas, pero en la noche descansamos y disminuyen los ritmos cardiaco y respiratorio, así como el consumo de energía. Si comemos de noche sorprendemos a nuestro sistema digestivo, porque si está coordinado con los ritmos circadianos, entonces no está preparado para recibir alimentos, sino para descansar, acotó.

Pero si permanecemos despiertos hasta la madrugada e ingerimos alimentos pesados habrá problemas. Esto es común en el trabajador nocturno. A medianoche se da una pausa para una colación, pero siente hambre y consume alimentos que al sistema digestivo le cuesta trabajo procesar; esto también lo hacemos en una fiesta o mientras vemos televisión, agregó la investigadora.

En estos casos, aunque el sistema digestivo está en reposo se le fuerza a trabajar. Lo peor es que los órganos vinculados al procesamiento de la grasa tampoco van a ser eficientes, por tanto, una parte importante se acumulará.

Modificación de patrones

En trabajos clínicos se ha detectado que disminuir las horas de sueño aumenta el apetito y nos hace optar por comida rica en grasas. En un estudio con un grupo de personas a las que se les modificaron esos patrones se encontraron cambios en sus preferencias alimenticias.

Antes de comenzar, a los participantes les aplicaron un cuestionario en el que tenían que contestar, entre otras preguntas, cuánta hambre sentían y qué querían comer; además, se les tomaron muestras de sangre para determinar sus indicadores de manejo de energía.

Durante una semana se les dejó dormir sólo cuatro horas al día. Poco después, en otra encuesta, se les interrogó sobre cómo andaban de hambre, les mostraron un menú y les pidieron que indicaran qué les gustaría.

Los investigadores encontraron que al disminuir la cantidad de descanso aumentaba la sensación de hambre, lo que aunado al cansancio les hace elegir alimentos ricos en grasas y carbohidratos.

Después de una semana se les tomó otra muestra de sangre y presentaron niveles elevados de glucosa, insulina y grelina (esta última hormona es liberada por el estómago al sentir mucha hambre). Los síntomas indicaron que al disminuir la cantidad de sueño se induce un estado que se conoce como prediabético.

Después se les permitió dormir lo necesario (ocho a 10 horas diarias, durante una semana), se les mostró de nuevo el menú y en esta ocasión eligieron verduras y comida rica en proteínas; es decir, disminuyó la necesidad de carbohidratos y grasas. Se repusieron los niveles de insulina y glucosa y bajó la grelina.

La investigadora expresó que mucha gente duerme poco porque vive lejos de su trabajo y tiene que levantarse temprano, así que su apetito es elevado de manera crónica por la falta de descanso. Si esto se hace regularmente y se convierte en una forma de vida, las consecuencias serían sobrepeso y obesidad.