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El macro proyecto del artista argentino Eduardo Navarro se activa en el Museo Tamayo

Octopia, instalación sobre los efectos de la sociomotricidad

Con leves movimientos, 80 coreógrafos, bailarines y aficionados ponen en marcha un pulpo de grandes dimensiones

Para convertirme en esa identidad mayor, necesito dejar que me controle y no yo a ella, explica

La pieza refleja una transformación colectiva, señala

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Octopia se activará los sábados 9 de abril, 14 de mayo y 11 de junio a las 13 horasFoto Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Domingo 13 de marzo de 2016, p. 2

Una estructura a gran escala que da forma a un pulpo gigante, el cual se activa con el movimiento lento de 80 personas, entre coreógrafos, bailarines y aficionados al baile, integran la instalación Octopia, del artista argentino Eduardo Navarro, quien interesado en las conductas y comportamientos de los seres explora el tema de la sensibilidad corporal y la comunicación integral.

La propuesta artística se inauguró ayer en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo; en ella, la cabeza del pulpo de gran escala es operada por ocho personas, mientras nueve más se extendieron en cada tentáculo.

Sin hablar, simplemente guiados por ligeros movimientos, los participantes movieron el octópodo, el invertebrado con mayor inteligencia.

La pieza, de acuerdo con su autor, hace a un lado la individualidad de los participantes. Para convertirme en esa identidad mayor, necesito dejar que me controle y no yo a ella, comparte Navarro con La Jornada.

El artista considera que el arte permite nuevas posibilidades de percibir el mundo, por eso en su instalación pone en práctica la investigación de la sociomotricidad con la idea de ver de otra manera lo que nos rodea.

Es una suerte de transformación grupal, algo opuesto a un deporte donde uno gana y otro pierde, porque aquí todos los participantes generan el pulpo y se entregan a esa sociomotricidad que da origen a la obra.

Casi imperceptible

Los participantes no actúan en la activación de la estructura de manera individual, sino en grupo y coordinados, pues permanecen con los brazos atados a unos elásticos. Sus movimientos son sutiles, como en cámara lenta; sus cabezas también cambian de posición con leves giros.

Al ver los movimientos, el público se preguntaba si en eso consistía toda la obra, pues se imaginaron otra cosa, incluso algunos no se percataron de los ligeros desplazamientos de brazos y piernas, que estaban controlados por la cabeza de la estructura del pulpo.

Navarro, quien nació en Buenos Aires en 1979, asegura que su propuesta no es una coreografía, sino un sistema de entrega hacia el pulpo que expresa algo diferente a las palabras; se trata de una comunicación corporal.

En cada uno de sus proyectos, Navarro se enfrenta a una diversidad de organismos, los estudia de manera empírica a partir de la experiencia sensible. También recurre al trabajo de diversos especialistas (científicos, arqueólogos, deportistas) con la intención de alterar conductas y comportamientos prestablecidos. Su mayor interés es indagar en la percepción y sentidos de otros organismos.

Me interesa volver a ver el mundo de una forma que le es ajena a la mente; eso caracteriza al humano, porque puede conceptualizar tiempo, ideas, estados, en cambio en los animales está desconceptualización ofrece una mirada distinta de lo que nos rodea.

Octopia representa el sistema de pensamiento de un pulpo, el cual se produce con la sensibilidad corporal de los participantes, quienes contaron con el apoyo de la coreógrafa Andrea Chirinos, para la creación de movimiento, y de Mariana Arteaga para la activación colectiva.

En las salas del Tamayo se presenta también la muestra Mario García Torres: caminar juntos, que para conocerla en su totalidad el espectador deberá desplazarse por mil 814 hectáreas de la Ciudad de México, porque se presentan piezas en el hotel Montecarlo, el Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Casa del Cine, en la Casa Vecina y en el teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque.

La exposición del coahuilense Mario García Torres está formada por más de 40 obras de arte, entre pinturas, esculturas, fotografías y videos, así como performances en diferentes puntos de la Ciudad de México.

La propuesta de García está dividida en tres ejes de acción: uno muestra el espacio expansivo del desierto de Coahuila, otro expone la colaboración del artista con otros creadores y el último presenta una reflexión sobre el lugar del arte.

La idea del creador coahuilense es mostrar que las obras de arte suceden en diferentes lugares, no sólo en museos, y en cómo se cuenta una historia a partir de ellas. En gran parte, su trabajo trata de localizar y cuestionar los espacios relacionados con la producción y la presentación del arte.

Con el fin de dar forma a Caminar juntos, el artista trazó el perímetro del mapa del Museo de Arte Sacramento en Coahuila, con una extensión de mil 814 hectáreas y lo sobrepuso al mapa de la capital del país, para delinear así el área de acción de la muestra.

Por el carácter expansivo de la muestra se publicó una guía que contiene información acerca de cada sede y propone rutas conceptuales para su recorrido.

La muestra reúne obras realizadas por García Tores a lo largo de 15 años y podrá ser visitada hasta el 19 de junio en el recinto ubicado en Reforma y Gandhi.

En tanto, la instalación de Eduardo Navarro, Octopia, donde su autor refleja una transformación colectiva, se activará con el movimiento de los 80 participantes los sábados 9 de abril, 14 de mayo y 11 de junio a las 13 horas en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo. El esqueleto del pulpo se puede ver en diversos espacios del recinto.