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Dictó una conferencia magistral en el campus Ciudad de México de la Uia

El espíritu de la censura está muy lejos de morir, opina el Nobel J.M. Coetzee

La idea de que hoy la información circula con absoluta libertad, gracias a Internet y las nuevas tecnologías, es falsa, sostiene

Concluyó el coloquio en honor del escritor sudafricano-australiano

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Hoy es la pedofilia la que se debe rastrear y destruir. En el pasado, los voceros del republicanismo enfocaban su trabajo hacia el comunismo y hoy lo hacen hacia esa filosofía peculiar conocida como terrorismo. Es decir, cuanto más cambian las cosas, más siguen siendo iguales, dijo Coetzee en su disertaciónFoto Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Jueves 7 de abril de 2016, p. 5

La idea de que la información en el mundo contemporáneo circula de manera indiscriminada y en absoluta libertad, gracias a Internet y las nuevas tecnologías, es absolutamente falsa. De acuerdo con J.M. Coetze, Premio Nobel de Literatura 2003, el espíritu de la censura está muy lejos de morir.

El escritor sudafricano-australiano ofreció ayer una conferencia magistral en la Universidad Iberoamericana (Uia), campus Ciudad de México, la cual clausuró el coloquio Filosofía y crítica social en la obra de John Maxwell Coetzee.

En su disertación, Coetzee afirmó que la mentalidad de la censura parece estar totalmente arraigada en la especie humana y que lo único que cambia son sus objetivos.

Hoy es la pedofilia la que se debe rastrear y destruir. En el pasado, los voceros del republicanismo enfocaban su trabajo hacia el comunismo y hoy lo hacen hacia esa filosofía peculiar conocida como terrorismo. Es decir, cuanto más cambian las cosas, más siguen siendo iguales.

El también ensayista y traductor consideró que lo más intolerable para él como escritor, al trabajar en un régimen de censura estatal como la que vivió en Sudáfrica durante el apartheid, no es que sus libros se proscribieran, sino que era imposible ignorar al censor y, por tanto, escribir de manera normal.

El censor siempre estaba en el cuarto, leyendo atrás, sobre mi hombro, y uno tenía que leer dos veces la página que había escrito: primero a través de mis propios ojos y luego a través de los ojos del censor.

Al respecto, sostuvo que el efecto más corrosivo de la histeria sobre la pedofilia que impera en el mundo anglosajón es que uno ya no puede escribir sobre niños ni crear imágenes relacionadas con ellos sin leer dos veces la página, primero, con los ojos propios y, luego, con ojos del censor que está siempre buscando frases de pedofilia o un deseo pedófilo.

¿Qué puedo decir sobre los sistemas de vigilancia que hemos creado en torno de la pedofilia? ¿Qué podemos decir de esas relaciones de afecto entre niños y adultos? Ahora son tan difíciles, especialmente de hombres hacia los niños; ahora son imposibles a expensas de un costo.

Los años del apartheid

Contra la censura se tituló la conferencia de Coetzee, quien se remitió a sus años en la Sudáfrica de la segregación racial, los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando sus libros, al igual que los de todos los escritores de ese país, debían pasar por el control y la aprobación de un comité estatal de expertos para circular.

Se refirió a los casos de sus obras En el corazón del país, Esperando a los bárbaros y Vida y época de Michael K., sobre las cuales tuvo la oportunidad de leer los informes hechos por los censores del Estado, cuando en 1994 se abrieron los archivos del apartheid. Aclaró que si bien tenían indicaciones y comentarios de los censores, sobre todo cuando hablaba de sexo o utilizaba palabras como coger o mierda, ninguna de esas obras fue proscrita, debido a que se consideraba literatura para especialistas.

“Pienso que son tres las razones por las que mis obras fueron permitidas: primero, porque yo era un afrikáner blanco, si bien no de sangre pura; segunda, pertenecía yo al mismo estrato social de los censores y algunos de ellos eran novelistas también, y tercera, no era yo un autor considerado popular, de modo que mis obras no eran de consumo masivo y, por tanto, no representaban un peligro.”

Coetzee aclaró que en la actualidad no ve al censor como un enemigo, como lo hacía en su juventud, sino como una figura conflictuada, compleja, rodeada por las personas y siempre tras bambalinas, que piensa que está tratando de ayudar a las personas y nadie lo entiende.

Dijo que el censor típico en Sudáfrica estaba lejos del estereotipo del pequeño burócrata y que se consideraba una persona inteligente con un trabajo interesante y bueno, porque ellos no querían ver pornografía en manos de los niños ni que se derrocara al sistema en el poder.