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La agrupación alemana congregó a varias generaciones para celebrar 50 años de carrera

Scorpions inoculó su potente sonido y el veneno del rock circuló por la sangre de miles de fans

Interpretaron sus grandes éxitos y destacó el extraordinario solo de Mikkey Dee en la batería

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Going Out Whit a Bang fue el tema abridor, mientras que Rock You Like a Hurricane selló la nocheFoto Notimex
 
Periódico La Jornada
Domingo 5 de junio de 2016, p. a10

A las nueve de la noche del pasado viernes, Scorpions encajó su primer aguijonazo y el veneno del rock circuló por las venas de 15 mil asiduos que acudieron a la cita por el festejo de los primeros 50 años de la banda alemana, en la Arena Ciudad de México.

La potencia del sonido heavy y los miles de destellos originaron una comunicación roquera. ¡Buenas noches, Ciudad de México!, saludó Klaus Maine, vocalista, quien canta, se dijo en el concierto, mejor que nunca. Y así debe ser, sobre todo ahora que Axl Rose entró a AC/DC. Nadie es indispensable.

Metralla poderosa

La concurrencia gritó entusiasmada. Atrás dejaron el ruido callejero, el congestionamiento para llegar a ese punto de la ciudad, ese viernes atascado de marchas, protestas, inconformidades, y con un plan de contingencia que obliga a abordar el Metro, apestoso e insuficiente. Me tomo una cerveza. Ya estoy aquí. Aunque cueste 100 pesos el vaso.

Going Out Wiht a Bang, que no fue un balacito, sino una metralla. Rock habemus. Make it Real, la prendidez que abrió camino a la poderosa Zoo, clásico mil veces covereado y versionado, pero nada como oírlo con sus creadores originales. El Almazán la graba en su computadora para ver de nuevo esa rola más tarde, en su casa, con el Rojas ya bien beodos. Un error editorial cae sobre la espada de Damocles y el riesgo del desempleo ronda la cabeza del Rojas. Sólo un milagro lo salvará de la guadaña. Cada quien siente la música a su modo. Hay quienes bailan, otros sólo ven. Su ritmo es interno. Los hermanos Macana recuerdan algunos de sus decenas de conciertos, uno de ellos con The Who, en Indio, California. El más joven tiene 51 años y con sus brothers concuerda en que la vida ha valido la pena. Si estamos aquí es porque sabemos de rock. Nadie nos rollea, porque lo vivimos. Desde el bule-bule. Zoo es la selva urbana con miles de historias. Zoo es la selva urbana donde los tarzanes no tienen a Chita, ni lianas. Coast to Coast, un recuerdo por la carretera, por la vía rápida, por el camino que es para el que viene y para el que va. De ida y vuelta.

Se revientan un medley setentero que algunos consideran que estuvo bien guango. Los Scorpions en esta parte hacen valer su peso en la historia del rock, pero el medley deja a deber. Tienen mucho más que dar al respecto. De todos modos la mayoría se los aplaude. La masa todo acepta. Send me Angel, un clásico del sonido Scorpions.

Vientos de cambio

Wind of Change, referente del cambio en la historia mundial, con mensaje tácito para Trump, constructor de muros mentales y físicos. Panfleto aparte, la rola está chida y hasta fresona. En las pantallas se proyectan nubes, símbolos de libertad. Cayó el Muro de Berlín, el comunismo real, el de Plejanov, no el Plejanov o el de Lenin, menos el de Trotsky y su revolución permanente. En las pantallas se remata con símbolos de amor y paz. Son vientos de revisionismo histórico, hoy como ayer.

Dynamite... no pane, no pane, no sufras, chica, y explota con el rock. In the line of fire, para oírla a todo volumen cuando duele la cabeza. Dame un balazo que rebote en mi cráneo hueco. ¡Quiéreme, que llevo bala! La guitarra expulsa pólvora.

Mikkey Dee se revienta un solo de batería de lujo, para muchos lo mejor de la noche. Fue la esquizofrenia bateril y, la verdad, no fue un solo baterista, sino dos, por lo menos. O eso pareció. Fue el mejor solo de batería en la historia de la Arena Ciudad de México.

Black Out, maciza. No one Like You... nadie como tú, nena, te lo juro. Big City Nights, para la urbe de las mil cabezas y la falta de ideas para mejorarla.

Still Loving You, casi el final y nadie se quiere ir. La última fue Rock You Like a Hurricane, una grande que hizo pensar en que el regreso a casa estará difícil, pero patas para que las quiero. El veneno del rock ya iba en la sangre.