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19/S: El dolor y la esperanza

Encontrar a alguien, férrea esperanza de rescatistas

Nadie se rinde en la búsqueda de sobrevivientes en Petén

Militares, topos y 300 jóvenes trabajan para remover escombros

 
Periódico La Jornada
Viernes 22 de septiembre de 2017, p. 20

La esperanza muere al final, dice Víctor Barajas, especialista en manejo de maquinaria, cuando se le pregunta si puede haber vida debajo del montículo de concreto, en lo que hasta el martes fue un edificio de departamentos ubicado en Prolongación Petén, esquina Zapata, delegación Benito Juárez. Las cuadrillas trabajan contra el tiempo.

Un enorme pico de acero rompe las lozas apiladas, con el fin de que en un rato puedan cargar con grúas las lozas más pesadas. Sólo entonces podrían entrar a fondo los topos, los incansables.

Los hombres de overol naranja salen de entre la polvadera apenas para tomar aire y seguir buscando en los pequeños huecos. El objetivo es claro: llegar más abajo, donde quizás se hallen las personas que estaban en el primer y segundo pisos del inmueble. Pero ya han pasado 48 horas. La posibilidad de hallar a alguien con vida es mínima (en la mañana se desató la ola de rumores de que en ese sitio ya se habían suspendido las labores de búsqueda). Pero no hay quien se rinda y mucho menos quien se retire.

A las 4 de la tarde del jueves, es decir, 51 horas después del sismo, llevan de nuevo a los perros de búsqueda para que hagan su trabajo sobre los escombros de uno de los 44 inmuebles de la capital que se derrumbaron. No queda rastro de que aquello fuera un edificio de 12 departamentos y una popular tintorería en las colonias Emperadores y Santa Cruz Atoyac.

Hay posibilidades de encontrar a alguien. Están volviendo a escanear la zona y parece que los perros y el aparato ya indicaron algo. Los militares confían en que hay elementos para encontrar a alguien, agrega un especialista de la Cruz Roja.

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Trabajo nocturno de rescate y remoción de escombros en el edificio que se desplomó en Prolongación Petén y ZapataFoto José Antonio López

Durante un rato fue el turno de los bomberos, quienes luchaban por apagar un incendio subterráneo y se afanaban en controlar las fugas de gas, porque en ese inmueble había calderas y químicos de la tintorería en la planta baja.

Víctor, quien prestó máquinas y gatos hidráulicos de alto tonelaje, comentó que los tíos de uno de sus compañeros de trabajo, residentes del edificio, siguen en calidad de desaparecidos. Tanto él como personal de Cruz Roja y los topos tienen esperanzas de que todavía haya personas con vida, sobre todo, quienes habitaban los dos primeros pisos del inmueble.

En ese momento los más requeridos eran los especialistas en maniobras, bomberos y rescatistas, pero a unos 50 metros de ahí, unos 300 jóvenes esperaban pacientemente para brindar ayuda.

La mayoría son estudiantes preparatorianos y universitarios, procedentes de la capital y del estado de México. Ponían atención y se mostraban muy disciplinados con tal de ayudar. Los responsables de las cuadrillas les dieron una orientación rápida de lo que podían hacer y, también de lo que no hacer: nadie debía ponerse en riesgo.

Como medida de precaución les escribieron en el brazo, con plumón indeleble, su nombre, tipo de sangre y números telefónicos. Casco, botas y guantes rudos. Eran afortunados, fueron aceptados para ayudar.