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Economía Moral

Nuevo libro de Meghnad Desai, critica la teoría económica y a los economistas/ II

Para explicar las crisis: ver la economía como sistema de desequilibrio dinámico

Julio Boltvinik
D

espués de decir que mientras la economía parece estar en crisis, pero que los economistas no cambian y siguen siendo tan engreídos como siempre (frase que cité en la entrega anterior empezando mi reseña del nuevo libro de Meghnad Desai) MD añade que el otorgamiento del premio Nobel de Economía es una señal de la inamovible autoimagen de la profesión:

“La profesión de economista y sus admiradores, donde debe estar incluido el Comité del Nobel, no han denunciado que la teoría económica moderna sea inútil, ni que esté sumida en una profunda crisis. ¿Quién tiene la razón, los otorgadores del premio y los que lo reciben, o el público general, receloso de la teoría económica y de los economistas? Más allá de la corriente principal hay muchos nichos de teorías económicas que no están de moda. Las teorías económicas de Marx tienen que ver con los ciclos, al igual que las de Frederick Hayek… [quien junto con] Joseph Schumpeter y Nikolai Kondratieff se interesaron en encontrar patrones cíclicos en los datos económicos… Son estos los economistas que tienen más que decir sobre cómo y por qué estamos en el estado en que estamos, que las teorías de la corriente principal e incluso que las keynesianas. ¿Deberíamos buscar las respuestas en las experiencias del pasado, puesto que nuestro presente se asemeja a la Gran Depresión de los años 30 o tal vez a crisis aún anteriores? ¿Yace la solución para una recuperación sostenible en teorías y enfoques que han sido relegadas a los anales de la historia económica?” (Arrogancia desmesurada. Por qué fallaron los economistas al predecir las crisis y cómo evitar la siguiente, Siglo XXI editores, 2017, pp 21-23)

Para responder a estas preguntas, dice que debemos distinguir dos visiones del funcionamiento de la economía: una que la ve como un sistema estático que casi siempre está en equilibrio y puede sufrir pérdidas de producción sólo en raras circunstancias; y otra que la ve como un sistema en desequilibrio dinámico que transita incansablemente entre auges y caídas. Aunque las dos visiones han coexistido por mucho tiempo, añade, la visión estática ha triunfado en los círculos académicos, mientras la otra vive en los mercados y en la imaginación de los movimientos políticos. Concluye la introducción del libro diciendo que la crisis más reciente es un recordatorio de que ya no podemos pasar por alto la visión del desequilibrio dinámico. La necesitamos para comprender el significado de lo ocurrido y de lo que puede volver a ocurrir (p.23).

Los capítulos uno a cinco son una espléndida mezcla de historia económica y del pensamiento económico, muy didáctica y al mismo tiempo bastante original, que va del siglo XVI a nuestros días. Hila su narrativa desde el oro y plata que el imperio español regó por todo el mundo y la inflación que causó, a las ideas de John Locke y David Hume, que no suelen ser vistos como economistas, a las de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx. Así transita de una concepción de la riqueza centrada en el oro, a una en el comercio, la oferta y la demanda (Locke y Hume) hasta Adam Smith que descubre el trabajo como la fuente básica de la riqueza, cuya capacidad creativa crece por la especialización (división social y técnica del trabajo) y por el desarrollo de herramientas y máquinas, todo impulsado por la búsqueda del interés propio, el cual, vía la mano invisible de la competencia en el mercado, conduce al bien de todos. Smith fue el creador de la teoría del valor trabajo de las mercancías, distinguiendo valor y precio. Desai va contando estas dos historias entretejidas y las va salpicando con observaciones agudas como el sujeto que estudia la economía son individuos volitivos, a diferencia de los sujetos de las ciencias naturales. La esperanza del economista es que, si bien los agentes individuales pueden tener sus propias razones para comportarse como quieran, como grupo su conducta mostrará alguna regularidad y predictibilidad. Dispositivos como la mano invisible son formas de lidiar con la complejidad para poder entender su funcionamiento. (p.32). Pero MD no se limita a la historia de la economía y de las ideas económicas, sino que las entrelaza con las ideas políticas. Con David Ricardo (DR), dice, la economía política dejó de ser una rama de la filosofía moral y se convirtió en una ciencia. MD destaca que DR y Malthus debatieron la posibilidad de que hubiera un exceso de oferta. DR sostuvo (igual que Jean-Baptiste-Say) con base en argumentos lógicos que no podría haber depresiones, mientras Malthus se apoyaba en observaciones empíricas. Desai cita a Keynes al respecto:

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Portada del libro comentado hoy

“Dado que Malthus fue incapaz de explicar con claridad (más allá de apelar a hechos de observación común) cómo y por qué la demanda efectiva podría ser deficiente o excesiva… DR conquistó Inglaterra de manera tan completa como la Santa Inquisición había conquistado España… La controversia cesó, el otro punto de vista desapareció…; cesó de discutirse… La rotunda victoria de DR es una curiosidad y un misterio”.

Desai se extiende al reseñar otras ideas de DR y de manera breve describe como Walras (el primer economista matemático que formuló una teoría matemática del equilibrio general) así como Jevons y Menger, negaron la distinción entre valor y precio y abandonaron la teoría del valor trabajo. Los precios se determinan por la oferta y la demanda que expresan la conducta óptima de productores (que maximizan la ganancia) y consumidores (que maximizan la utilidad).

Desai aborda las teorías de las crisis capitalistas, que iniciaron como explicaciones monetarias de las mismas, a veces asociadas a variaciones en la confianza; después apareció la idea de curar las recesiones generando inflación. Con Marx y Engels surgirían las explicaciones no monetaristas de las crisis a las que, ya en El manifiesto comunista, califican de epidemia de sobreproducción. Marx mostraría que los ciclos económicos son intrínsecos al funcionamiento del capitalismo, que es un orden de desequilibrio dinámico. Según MD, Marx tenía varias teorías de los ciclos que serían materia de debate entre los marxistas, todas ellas centradas en la llamada ‘economía real’. Una se basaba en la interacción entre salarios al alza y ganancias a la baja en el auge por la creciente demanda de trabajo. Otra se refiere a que la competencia entre capitalistas genera la tendencia a la sobreproducción, agravada por la insuficiente demanda debida a los bajos salarios. Aunque en los libros II y III de El capital hay muchas discusiones sobre crisis financieras, Marx no incorporó lo financiero en sus teorías sobre las crisis. (pp. 55-56). Fue Knut Wicksell (1851-1926), explica MD, quien incorporó el complejo mundo financiero que se había desarrollado, en una teoría de los ciclos. Wicksell quería reconciliar las teorías sin dinero de Ricardo y Walras con el mundo desordenado del dinero y de las crisis financieras. Wicksell analizó la dinámica entre la tasa de interés de mercado y la tasa de ganancia (palabra ex- comulgada del lenguaje de los economistas y sustituida por la de tasa natural de interés). El auge y la crisis se explicaría por las relaciones entre los niveles de ambas tasas. La crisis podría originarse no sólo en la caída de la tasa de ganancia (tasa natural de interés) sino en el alza de la tasa de interés de mercado. En lo que sigue, que hoy ya no puedo abordar, MD se refiere a los ciclos económicos de larga duración percibidos por Schumpeter y Kondratieff.

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