Opinión
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¿También tú, Anaya?
A

l llegar al Senado, Gaius Julius Caesar fue distraído con un pliego petitorio que le entregó uno de los legisladores, y en ese momento recibió la primera herida. Al reaccionar contra el verdugo, una veintena de senadores también lo apuñalaron y, ya moribundo, entre los atacantes descubrió a su casi hijo y protegido. Y le reclamó en voz alta: también tú, Brutus?

Toda proporción guardada y a más de 2 mil años de distancia, es difícil que hoy no se viva como traición lo dicho por el candidato Anaya contra los exámenes del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE): ”la implementación de la reforma ha sido un desastre y un agravio para las maestras y maestros de nuestro país… se gasta el triple en dichos exámenes –dice– en comparación con lo destinado a la capacitación, cursos y formación de docentes”. Y hasta retoma lo que desde 2013 han señalado maestros y académicos analistas de la educación: su función es punitiva. “No se trata de medir para castigar y amedrentar, eso lo vamos a cambiar…basta de estar lastimando a los profesores en el país.” (Leduc y Jiménez, La Jornada, 4/4/18, Pág. 5).

Anaya se suma así, a la crítica que ya había hecho AMLO hace un año, y con eso rebasa y deja atrás a su derechista partido; el que defendió a ultranza la tesis de ‘meter al orden’ a los maestros, sobre todo de la CNTE; que planteó eliminar a docentes considerados casi como bandidos y corruptos vendeplazas y que aplaudió la represión. No es una casualidad, la reforma educativa se ha convertido en un referente: apoyarla hoy representa apostar a la continuidad y en una nación de jóvenes asesinados, desparecidos y galopante inseguridad, pensar en continuar ya no genera votos. Que mucho de la reforma sea lo que no se quiere, no fue fácil, es resultado de seis años de protestas y movilizaciones del magisterio, de la creación de una base social organizada, altamente consciente y persistente, que no se pudo constituir en torno a otras reformas.

Y por eso también el futuro del INEE es cada día más incierto, pues su insistencia en evaluar a cualquier costo, en despidos, sanciones e incluso sangrienta represión, ha convertido a sus exámenes en la expresión más sonora y evidente de lo que ha sido uno de los desatinos más radicales del sexenio. Hoy, ningún candidato en su sano juicio político puede desdeñar el enorme impacto que ha tenido un movimiento magisterial nacional como el que presenciamos. Si a los tres años el sexenio priísta ya había acabado prematuramente, esto se debió, en parte importante, a los mal pagados y perseguidos maestros que supieron reaccionar.

Por su parte, el instituto parece haber captado que las cosas no son como eran apenas hace cuatro años y su discurso se ha vuelto ambiguo y por momentos abandona la postura en favor de los exámenes que todavía mantenía el 12 de marzo 2018 (inserción en La Jornada). En efecto, el 19 de marzo, su presidente Backhoff declaraba que el INEE debía repensarse, revisar en qué medida logró cumplir con sus atribuciones y qué ha faltado por hacer, y un mes más tarde, el 6 de abril ( La Jornada, Pág. 37) ya tocaba el punto clave: el actual periodo electoral es un momento oportuno para hacer un alto y analizar lo que se debe cambiar y lo que ha cambiado en este tema. Y llegaba incluso a admitir que el instituto era visto como un aparato punitivo: “pregúntele a cualquier profesor qué hace el INEE y dirán, ‘las evaluaciones que nos atropellan’” ( La Jornada, 19/4/18. Pág.40).

Pero se sigue presentando como el gran inquisidor, no sólo de maestros, también de entidades federativas. Ahora les está exigiendo el cumplimiento exacto de las directrices que emite para abatir la deserción en el nivel medio superior. Y, fiel a su discutible tesis de partida de que los problemas del sistema educativo son más atribuibles a los individuos que a las políticas y gobiernos, esas directrices instruyen lo qué deben hacer maestros, estudiantes y tutores, para reducir el abandono escolar.

Directrices únicas para todas las regiones, sin considerar factores concretos de cada contexto. Un ejemplo, Ciudad de México. En la década de los años 90 era una de las dos o tres entidades con menor deserción en el país, pero en dos años (1995-1997), se convirtió en la primera, y desde entonces (20 años) no ha dejado de estar arriba del promedio nacional. Este es el resultado de la decisión del gobierno federal de aplicar el coercitivo examen único de la Comipems. Mientras hoy lloramos a tres jóvenes de Jalisco, acá cientos de miles más son acosados con exámenes, verdaderas cribas sociales, y decenas de miles asignados a escuelas que no les interesan y que abandonan. Es tarde pero no demasiado, el INEE debió haber evaluado políticas, y no lo hizo. Momentos antes, Julio César fue advertido: cuídate, son los idus de marzo.

P.S. Reconocimiento a la PGJ y gobierno de CDMX: por lo menos ya hay un presunto responsable de la muerte de nuestros tres estudiantes uacemitas. Ya no más muertes.

*Rector UACM