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Nosotros ya no somos los mismos

La frase de moda cada tres años // La elección de 1989 en Baja California // Colosio, el estratega priísta // ¿Mexicano? que quiso ser presidente

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▲ Ernesto Ruffo Appel en 2015.Foto María Luisa Severiano
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ues resulta que la multitud decidió que sí deseaba conocer el final de la historia sobre la frase que, desde 1989, resurge y se pone de moda cada tres años: Las tendencias electorales no nos son favorables.

Aproveché que Luis Donaldo estaba muy a gusto con su documento y le dije: tengo una sugerencia. Dime, ¿de qué se trata? Cuando Jacobo considera que su comentario es noticia grata y llamativa, baja de su sitial y acude personalmente a la locación ubicada en la colonia El Infelizaje para entrevistar a Rubén El Púas Olivares; va a la calle Del Carmen 69 para festejar el aniversario de El Taquito, o a la calle de Artes (para unos pocos Antonio Caso), para conversar con don Renato Leduc. Así, para mostrar su democrática actitud hacia el pueblo, desciende y toma birria en La Polar o taquitos en Casa Beatriz. A cambio, cita en su estudio a secretarios de Estado que le temen, le rinden y se sobajan para mejorar su cotización mediática por una parte, y le permiten comprobar, por la otra, que el cuarto poder reside también, como el primero, en una sola persona: él.

Ya encarrerado, agregué: Tú, LD eres el presidente de la organización política más numerosa e importante del país, no puedes ser llamado al set como la vedete de moda. ¿Quiere Jacobo una exclusiva que anda buscando todo mundo? Que se la gane. Que venga a merecerla. Ni siquiera me contestó, pero a las ocho y media, Televisa estaba armando, en el comedor del partido, el set de 24 Horas.

Faltando unos minutos para la presentación de LDC, éste abrió de golpe la puerta del pequeño despacho que ocupaba el equipo secretarial, en busca del original de su texto; con su arrebato, derramó sobre la hoja que se terminaba de imprimir un vaso de café que imprudentemente alguien (¿yo?) había dejado sobre la computadora. Luis Donaldo enrojeció a punto de explosión, cosa que hubiera irremediablemente sucedido si el cantito sinaloense de Teresita Ríos, la más inteligente, responsable, leal y bellísima colaboradora del equipo colosista, no hubiera susurrado con una calma que, por supuesto no sentía: No se preocupe licenciado, el documento ya está capturado, lo reimprimo en un momento. Allí el que se asustó fui yo: en aquellos tiempos las impresoras eran del tamaño de un servibar o una lavadora y tardaban minutos por cuartilla. Yo no creo en la magia, pero sí en las hadas: en un tiempo que envidiarían las impresoras HPM377 o una DeskJet Jet 3635 de la actualidad, Teresita Ríos reimprimió el texto y Donaldo regresó a su color. En verdad que era un gran expositor: lo oí como conferencista, lo oí agitando, arengando, polemizando. Lo oí cantar y sobre todo declamar aún esos poemas totalmente fuera de época (surgidos a finales del siglo XIX o principios del XX): Por qué me quité del vicio. Pue´que me rajara. Se sabía todo Rivas Larrauri, de memoria y, por supuesto, El brindis del bohemio, de don Guillermo Aguirre y Fierro, que jamás tuvo más resonancia que cuando La Columna, madre de todas las columnas (y de la que esta columneta se siente menos que entenada), usó su nombre sin pedir licencia.

Esa trágica noche, Colosio fue atento, pero no obsequioso. Su desempeño ejemplar: la voz envolvente, con una manera de frasear que llevaba implícito el tono y la puntuación, dejó clara la posición (hasta ese momento) del partido, pero no hubo mayor reconocimiento que el expresado al principio: Las tendencias electorales, hasta el momento, no nos son favorables. Eso me dio ánimos y le solté un rollo que me quemaba: tengo filmadas un número que no te imaginas de casillas en Tijuana, en Ensenada y, obviamente en Mexicali (tierra de Margarita), en la que los representantes del PAN, identificados, reconocen los resultados que nos favorecen. La muestra tiene un valor nada despreciable para ser testimonios plenos de veracidad y comprobables en todo momento. Pero además, el director del Jurídico del Comité Nacional del PRI era el licenciado Manuel Villafuerte Mijangos, maestro universitario sumamente prestigiado tanto en la academia como en el foro, y había formulado un alegato incontrastable contra la candidatura de Ernesto Ruffo. Se trataba de un individuo con tres distintas actas de nacimiento, dos nacionalidades y varios nombres. Al margen de la elección la cuestión era simple: ¿Ruffo llenaba los requisitos legales imprescindibles para ser candidato?

LDC se ensimismó por momentos y de pronto reaccionó y dijo: Quiero reunirme con todo el Comité Nacional, con el Consejo Político, con los líderes de los sectores y analizar, sin reservas de ninguna especie, qué nos sucedió en Baja California.

La discursera fue maratónica, desconocedora e incondicional. Afortunadamente había los priístas de a devis: Miguel Osorio Marbán, Tulio Hernández y algunos otros más, que lamento olvidar, dijeron grandes verdades: 1. La actitud de los precandidatos perdidosos cuando la elegida fue una modesta pero valiosísima militante. 2. El comportamiento definitivamente errático y sobre todo oscuro del uso de los recursos asignados a la campaña: el delegado general y sus auxiliares ofrecieron presentar cuentas transparentes que yo jamás conocí y creo que nadie más tampoco.

Si en verdad les interesa el final de la historia del no mexicano que quiso ser presidente del PAN y candidato a la Presidencia de la República, ¿quiso?, por favor háganmelo saber.

Twitter: @ortiztejeda