Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 11 de enero de 2002
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Editorial
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LA SOLEDAD PRESIDENCIAL

SOLEn una alocución emitida ayer ante empresarios de Baja California, el presidente Vicente Fox reiteró sus reservas a la Ley de Ingresos y al Presupuesto de Egresos para 2002 recientemente aprobados por el Poder Legislativo, y aprovechó la oportunidad para recordar las grandes diferencias entre su iniciativa de reforma fiscal y las leyes finalmente adoptadas por el Congreso.

Un aspecto positivo del discurso presidencial es el reconocimiento de las facultades del Legislativo para "disponer" y de la disposición del propio Fox a "proponer" y, se entiende, a acatar las determinaciones últimas de diputados y senadores.

El mandatario destacó, asimismo, diversos aspectos positivos en el desempeño económico del país durante el año pasado: la inflación más baja en tres décadas, tasas de interés realmente moderadas y la colocación de México como novena economía en el mundo.

La contención inflacionaria y la reducción de los intereses son hechos reales, sin duda, y positivos, pero el mérito por estos indicadores no corresponde por entero a la disciplina fiscal practicada por el Ejecutivo federal, sino a la política restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos, adoptadas a su vez, casi en forma literal, por el Banco de México.

La modesta inflación es expresión de una pronunciada baja en la demanda, originada a su vez por el hecho simple de que, en estos tiempos, la mayor parte de la gente no tiene dinero.

En cuanto al brinco de la economía nacional del lugar 13 al nueve en la tabla mundial, cabe señalar que no se trata de un logro de la actual administración y que acaso ni siquiera sea digno de presumir: el tamaño de la economía no es, por sí mismo, un indicador de bienestar nacional.

En tanto la abrumadora mayoría de los dólares que se mueven en las finanzas, la industria, el campo y los servicios siga acaparada por una ínfima minoría de mexicanos, como ocurre actualmente, a la mayoría le daría igual que ocupemos el lugar noveno, el tercero o el vigésimo cuarto en el rango de dimensiones económicas nacionales.

Para finalizar, la mención del sentimiento de soledad por parte del Ejecutivo federal no deja de resultar extraña. "A veces --dijo Fox ayer en Mexicali en referencia al rechazo de su iniciativa de reforma fiscal por la Cámara de Diputados y el Senado de la República-- nos sentimos un poco solos, impulsando nuestras propuestas de cambio y transformación del país."

Por principio de cuentas, la soledad presidencial, si existe, debe atribuirse a las propias actitudes del actual equipo gobernante, el cual inició su gestión con un respaldo masivo y un consenso envidiable que ha dilapidado, en buena medida, durante el primer año de su mandato.

En otro sentido, la frase de Fox pareciera indicar que se siente único promotor y abanderado de las "propuestas de cambio y transformación del país". Si ese fuera el caso, sería una apreciación errónea e injusta: el grupo en el poder no es propietario ni único impulsor de la transición política de la nación, sino depositario temporal de la determinación social de construir una democracia estable, equitativa y justa, y un pleno estado de derecho.
 

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