Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 15 de marzo de 2002
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Cultura
ENTREVISTA

Vicente Rojo, artista plástico que hoy cumple 70 años pero prefiere celebrar ''70 meses''

''Me gustaría empezar de nuevo para ver si al fin aprendo algo''

MERRY MAC MASTERS

Primero celebró 40 años en el diseño gráfico. Luego, el medio siglo de su arribo a México. Hoy, con motivo de su cumpleaños, Vicente Rojo (Barcelona, 1932) festejará un hito más en su vida. El artista, no obstante, a fin de evitar la solemnidad prefiere celebrar ''70 meses'', en vez del mismo número en años. Así ''me quedo más tranquilo'', expresa entre risas.

Esta celebración ''totalmente privada'' antecede la apertura, mañana sábado a las 12:30 horas, de la muestra Volcanes construidos, que incluye pintura, escultura, obra sobre papel y gráfica, en la galería López Quiroga (Aristóteles 169, Polanco).

-¿Cómo te encuentra tu cumpleaños, Vicente?

-Aunque las cifras redondas son un poquito pesadas, me animo a decir que sigo sintiéndome joven. Así, como lo he hecho hasta antes de cumplir 70 años, seguiré tratando de imaginar cosas, de pensar cosas, de llevarlas a cabo, pero con el mismo espíritu que he mantenido tantísimos años, en el que no quiero perder cierta presencia de la infancia. Así que ahora me gustaría empezar de nuevo, ya como un hombre mayor de 70 años, y a ver si finalmente logro aprender algo.

-¿Empezar tu obra de nuevo?

-No estaría mal si fuera posible, pero cómo olvidar todo lo que he hecho.

-Momentos como el presente conducen a la reflexión. ¿Cómo han sido esos ''70 meses''?

-Siempre he hecho mi trabajo a fondo. Cuando lo presento, estoy convencido de que es lo mejor que puedo hacer. Eso no quiere decir que considere que es bueno, pero si tengo esa seguridad de que no puedo hacerlo mejor, estoy tranquilo.

''Nunca he dejado nada a medias, ni he expuesto o hecho portadas de libros de las que no he estado convencido de que era lo mejor que podía hacer. Así que, con esa sensación de que he hecho así mi trabajo, puedo decir que estoy tranquilo. Si no ha salido mejor es porque no he sabido hacerlo.''

-¿Hay algo de lo que te arrepientas de haberlo hecho o de no hacerlo?

-Resulta muy difícil a estas alturas hacer un balance de ese tipo. He trabajado siempre muy a gusto, extraordinariamente bien acompañado, y eso siempre ha producido una enorme satisfacción. Sobre la calidad de mi trabajo no puedo opinar. En todo caso, sí estaría satisfecho de la cantidad, que no está a discusión.

-A lo largo de esos ''70 meses'', ¿qué tipo de metas te has propuesto?

-Ha pasado el tiempo muy rápido. Me ha sido muy difícil plantearme metas y aunque no sea la única, insistiría en mi empeño por hacer mi trabajo lo mejor posible. Esa ha sido siempre mi única meta y sigue siendo una meta futura, porque pienso que todavía puedo hacer algunas cosas.

-¿Qué te falta por hacer?

-Redondear todo lo que he hecho hasta ahora. Es decir, seguir mi investigación en las líneas que he venido trabajando. Tratar de profundizar en ellas y encontrar desarrollos diferentes de los que he ido trazándome hasta ahora, de manera que pueda seguir entreteniéndome con mi trabajo.

''Pienso que lo más terrible para un creador ?si se puede poner creador entre comillas? es aburrirse con su trabajo. Eso, quizá, sea también una respuesta a tu pregunta de las metas. La única meta que a lo mejor me he puesto ha sido la de no aburrirme nunca, y lo he logrado.''

-¿Nunca te has aburrido?

-Jamás, ni de niño.

-Cuando sientes que viene el aburrimiento, ¿logras esquivarlo?

-Sí. Sobre todo siendo joven o niño, no el aburrimiento, sino la sensación de que las cosas no fluían como quería. Si sentía que los trabajos que empezaba llevaban mucho tiempo, que no lograba redondearlos, y tenía que insistir mucho en ellos. Esa sensación con los años se fue alejando.

-Te acercas a tu trabajo con gran sinceridad. ¿Has sido demasiado crítico contigo mismo?

-No, creo que nadie puede ser demasiado crítico consigo mismo. Esa es una de las bases de la posibilidad de realizar un trabajo serio, rico, profundo. Sin autocrítica las cosas no funcionan, no se logran. Así que la autocrítica, por lo menos en mi caso, es absolutamente necesaria, y en mi trabajo se refleja en que en cada cuadro, por ejemplo, hay siete u ocho cuadros debajo. Es decir, son imágenes que he ido rechazando, pero que al mismo tiempo me sirven de estructura. De ese rechazo siempre hay algún elemento que llega hasta el final de esa obra y que es importante tenerlo escondido y salvar de él pequeños destellos que pueden iluminarla.

-Alguna vez mencionaste que tu obra se basa en los recuerdos. ¿Cuáles son esos recuerdos?

-Mira, son recuerdos muy intensos, pero sobre los que trabajo sobre todo recordando esos recuerdos. Es decir, los tengo presentes, pero bueno, se ha dicho muchas veces que el recuerdo es algo que está totalmente cambiado o que oculta ciertas verdades y que uno se inventa de alguna manera sus recuerdos.

''Me gusta trabajar sobre esos recuerdos inventados que siempre tienen algo de real, pero al mismo tiempo hay algo que, con el paso del tiempo, se ha ido enriqueciendo, quizá falseando. Desde el punto de vista artístico, me funciona muy bien ese sistema de recordar los recuerdos. Partir de ellos para elaborarlos.''

-¿Hablamos de recuerdos tuyos o ancestrales?

-No, más que nada recuerdos míos y sobre todo recuerdos visuales. Muchas cosas que he visto y voy guardando, atesorando, y que al trabajar sobre ellos sufren modificaciones. Es el caso mismo, por ejemplo, de los volcanes que tienen ahora cierto interés en mi trabajo.

''Es evidente que la forma de un volcán es muy recordable, pero parto en este momento de formas que me recuerdan las formas de los volcanes. No necesariamente la sencilla estructura que puede ser al simplificar un triángulo o un cono, pues me interesa trabajar sobre formas que recuerdo haber visto en algún momento.

''Durante toda mi vida me la he pasado recortando fotografías y guardándolas, porque las recuerdo mejor si las guardo. Pero eso no quiere decir que las esté mirando, sino que sé que están ahí y me inspiran formas que puedo incorporar a esos volcanes. Se llaman volcanes construidos, porque están construidos a partir de muchos elementos visuales.''

-¿Son fotografías que tomas?

-No, nunca he tomado una fotografía. No sé disparar una cámara. Son imágenes que encuentro en revistas, en periódicos. Sé que las tengo guardadas y recuerdo esa imagen pero no la veo a la hora de tratar de inspirarme en ella. Si me gusta el recuerdo de esa imagen, además, sé que está guardada y que en algún momento la puedo ver, pero normalmente me basta con ese trasfondo que tengo acumulado a través de los años.

-¿Están guardadas de manera ordenada?

-No, están guardadas en carpetas. De vez en cuando las encuentro. Sé más o menos lo que tengo, pero tampoco sé muy bien dónde lo tengo. Puede estar aquí en el estudio de México, o en Cuernavaca, o en Barcelona o metido en el fondo de un cajón. Saber que está allí me alimenta visualmente.

-Me suena como un juego.

-Obviamente que el elemento lúdico tiene mucho que ver con mi trabajo, por lo menos me gustaría que tuviera que ver. Son parte de mi primera infancia, porque he tenido varias infancias, hasta llegar a esta que ya debe ser la última.

-¿Empiezas una nueva infancia?

-Sí. Espero que no sea la última, pero a lo mejor (risas). Pero sí, ese elemento de juego me interesa muchísimo, incluso físicamente. Me gusta trabajar con mis manos, mover las manos. Me gusta recortar, pegar, meter colores, pinceles, tijeras. Necesito esa manipulación, por decirlo así, aunque ahora sea una palabra que suena un poco peyorativa. Eso tiene que ver con los orígenes de los juegos infantiles.

La exposición de la galería López Quiroga incluye esculturas metálicas: ''Las llamo transparentes. Existen algunos ejemplos entre los 15 volcanes exhibidos en la Casa Barragán (como parte de la muestra inaugurada el pasado enero), que están construidos con formas que permiten ver cierta transparencia. Mientras que en la Casa Barragán son de pequeño formato, en la galería López Quiroga son como de 2.40 metros de altura.

''Siempre me atrae la idea de cómo se ve un volcán desde dentro. Son piezas penetrables, lo que permite ver el volcán desde dentro hacia arriba. Es decir, cómo sale la lava, cuando el volcán la expulsa. Pienso seguir haciéndolos más grandes, de manera que varias personas puedan entrar dentro del volcán. Tengo previsto uno que puede colocarse en alguna plaza. Es un proyecto con Isaac Masri.''

-¿Qué tanto te importa que tu obra se internacionalice y se inserte en el mercado del arte?

-Nunca me ha importado. He hecho las exposiciones donde he sido invitado, por lo general, y mi trabajo corresponde a esa necesidad. No va más allá. Yo, con mi trabajo en México, me siento más que satisfecho y completo. No tengo aspiraciones de llegar más allá aunque, pues, tengo algunas posibilidades de hacerlo, pero no son buscadas. Exhibo a partir de invitaciones que recibo de fuera.

-¿Cómo reaccionarías si leyeras en el periódico que un cuadro de Vicente Rojo fue subastado en un millón de dólares?

-No me lo creería. Supondría que se referirían a otro pintor.

Desde las páginas de este su diario, ¡muchas felicidades, maestro!

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