Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 24 de abril de 2002
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Política
MEXICO-CUBA

Señala puntos de coincidencia con la respuesta mexicana del pasado lunes

Gesto de distensión de Castro aleja levemente la posibilidad de ruptura

Reconoce en Fox a una persona decente pero inexperta y dependiente del canciller Castañeda

BLANCHE PETRICH Y GERARDO ARREOLA ENVIADA Y CORRESPONSAL

La Habana, 23 de abril. El presidente Fidel Castro alejó hoy levemente la posibilidad de una ruptura de relaciones diplomáticas con Mé-xico, al señalar puntos de coincidencia con la declaración de Los Pinos emitida el lunes sobre la crisis bilateral, pero insistió en que el gobierno foxista miente; reconoció en Vicente Fox a una persona ''decente'' pero inexperta en política y dependiente del canciller Jorge G. Castañeda, y defendió la divulgación de la cinta grabada como la prueba que el gobierno mexicano reclamaba sobre el conflicto de Monterrey.
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Castro dijo que era la única vez que había empleado una grabación similar en público; que, con ''repugnancia por la mentira'', no temía afrontar la responsabilidad que implicaba esa decisión; afirmó que todos los gobiernos registran llamadas telefónicas oficiales, reclamó desterrar la ''hipocresía'' que lo niega y anunció que se somete al más amplio debate público sobre el carácter ético de su acción.

''La tensa y dramática situación''

En contraste, el mandatario cubano contratacó sobre el tema del espionaje telefónico y acusó a Estados Unidos de grabar todas las conversaciones de todos los jefes de Estado del mundo.

Castro habló durante tres horas y cuarenta minutos, casi el doble del tiempo habitual, en la Mesa Redonda Informativa cotidiana de la televisión, que hoy fue anunciada con el tema ''La tensa y dramática situación de las relaciones Cuba-México''.

Estuvieron como invitados en el estudio el vicepresidente Carlos Lage, el canciller Felipe Pérez Roque y el comandante y ex ministro del Interior, Ramiro Valdés Menéndez, uno de los líderes históricos de la Revolución cubana y fundador de los órganos de seguridad del Estado.

Castro se apoyó en una parte de la declaración del vocero presidencial, Rodolfo Elizondo, para reducir a corto plazo el riesgo de una ruptura de relaciones diplomáticas. Leyó el fragmento (''continuará con sus relaciones diplomáticas con la República de Cuba, con el mismo respeto que a México le merecen todos los países con los que mantiene relaciones'') y dijo que es ''una declaración inteligente''. Estaría "de acuerdo totalmente con ese párrafo. Que se cumpla el párrafo. Nos satisface realmente esa decisión'', subrayó Castro.

''Me alegro muchísimo de esta idea''. Hasta ahí dejó el gesto de distensión y empezó a precisar sus condiciones en las nuevas reglas del juego con el gobierno mexicano. Dijo que ante todo demandaba, precisamente, el mismo respeto que dispensa el gobierno de Fox a los otros países. ''Nosotros no recibimos el mismo respeto'', señaló Castro. ''Respeto es lo que reclamamos y no traiciones. Respeto y no engaños. Respeto y cumplimiento de los compromisos y de la palabra empeñada. Respeto sin que nos arrebaten los derechos consagrados por la Carta de las Naciones Unidas y las normas vigentes''.

Castro empezó su intervención explicando que respondía al vocero mexicano pese a que en su gobierno había opiniones en contra, por la diferencia del nivel jerárquico. Dijo que la réplica era para el gobierno de Vicente Fox, en cuyo nombre había hablado Elizondo.

También estimó que la respuesta mexicana a su discurso del lunes era precipitada, emitida después de poco tiempo disponible para meditar. ''Es imposible que en una hora se hubiera tomado la decisión'', agregó, en el desarrollo de un dato erróneo: dijo que Elizondo había hablado a las 9 de la noche, hora mexicana, cuando en realidad fue una hora más tarde (es decir, a las 22:00 de México, 23:00 en La Habana, tres horas después de que Castro terminó su discurso).

De cualquier forma, mantuvo su impresión de que fue una respuesta ''precipitada, rápida y no profunda; no podía ser un análisis serio... podría decir que no es una respuesta verdaderamente seria''.

Fue cierto lo que dijimos

La televisión mostró íntegramente la intervención de anoche de Elizondo, y Castro empezó a desgranarla: ''Lo más importante de esta declaración es que se reconoce que no ha habido un átomo de mentira'' en el discurso del lider cubano del mismo lunes. ''No impugnaron ni una coma de la conversación. Eso, a mi juicio, es positivo. Fue cierto todo lo que nosotros dijimos''.

Castro estuvo de acuerdo con Elizondo cuando dijo que la grabación del diálogo con Fox ''habla por sí misma''. Con esa base reanudó la réplica al Presidente mexicano, para reafirmar su denuncia de que fue presionado para reducir su estancia en Monterrey. ''Tengo que ir a un país donde es evidente, y lo prueba esta conversación, que el Presidente no quería que fuéramos y el poderoso vecino del norte tampoco quería'', reclamó Castro. ''No tenía disyuntiva. No tenía alternativa''.

Dijo que no aceptó el viaje condicionado, sino que se lo impuso Fox. Citó el tramo del diálogo donde el mexicano le dice en parte: ''... Me acompañas ahí y te regresas''.

De ahí ''cumplo sus órdenes y me regreso'', respondió Castro en la conversación telefónica. Hoy dijo: ''Pido a los mexicanos que mediten esa frase''. Castro subrayó que acató las ''órdenes'' de Fox Quesada, sin alternativa.

Luego criticó el tramo de la declaración mexicana de ayer en la que se convoca a la unidad nacional contra la ''mentira y la ofensa externa''.

Dijo que ''es pura demagogia, a partir de la mentira y del engaño, apelar a la unidad de los mexicanos''.

Una necesidad de trabajo para gobernantes

Fidel Castro reclamó que la revelación de su conversación telefónica con el presidente Fox no se presente ''como que hicimos una trampa, que yo lo engañé porque tuvimos conversación y la grabé. No estoy aquí para pedir excusas sino para decir la verdad de una conversación entre dos jefes de Estado. No es una carta amorosa, no es un secreto de confesión. Fue una conversación política entre dos jefes de Estado''.

Retó: ''Me gustaría que el presidente Fox dijera si no cree que el gobierno de Estados Unidos graba o no todas las conversaciones'' que sostiene con jefes de Estado todos los días.

Y defendió la práctica de grabar y transcribir conversaciones por teléfono ''como una necesidad de trabajo, primero, y segundo, de la historia''.

Se remontó, como suele hacerlo, a la historia antigua para justificar el uso de los archivos, los códigos y todos los registros y constancias de la diplomacia desde sus inicios.

Todo ello para franquearse y reconocer que desde los primeros años de la revolución todas las conversaciones que él sostiene por cualquier teléfono con jefes de Estado, diplomáticos e incluso con sus compañeros de partido son grabadas como ''ayuda me-moria'', como lo hacen, aseguró, todos los gobiernos del mundo, el presidente George Bush en primer lugar. ''No tengo, no tengo por qué compartir la hipocresía que reina en el mundo de mentiras convencionales''.

Lo que sí admitió es que es la primera vez que hace pública una de esas grabaciones. ¿Cuántos de esos registros tiene su gobierno? ''Nadie se lo imagina, no caben en esta sala''. Para subrayar lo dicho, un asistente le pasó un grueso fajo de hojas. Es la transcripción de las conversaciones telefónicas que sostuvo el 12 de abril en la madrugada, en plena crisis del golpe de Estado contra Hugo Chávez, con el embajador cubano en Venezuela Germán Sánchez.

Se refirió lo mismo a las constancias que tiene de sus intercambios con Kruschov, durante la crisis de los misiles en 1962, que a "todo lo que se dijo" cuando Cuba peleaba el retorno del niño Elián.

Minutos antes de que empezara a abordar el tema, dentro del estudio de la televisión cubana, un asistente le entregó un mensaje. Leyó en voz alta: "Habla Kofi Annan." Dio instrucciones de que le devolvería la llamada más tarde. Sería más de dos horas después, porque su disertación se prolongó hasta las 21:40 horas. Pero en ese momento, al acordarse de su pendiente, reconoció: "Kofi va a pasar también por el telefonito".
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Insistió en que grabar conversaciones entre jefes de Estado es una necesidad y que negarlo es hipocresía. "El que no lo haga es que no funciona."

Y se defendió señalando a los demás, en especial a Estados Unidos. Retó a que se demuestre públicamente que Estados Unidos no hace lo mismo. "Seamos serios, no tienen otra alternativa. Que Fox le pregunte a sus políticos si no dejan constancia de sus conversaciones. Si no lo hacen es porque son irresponsables. ¿Cómo se van a acordar dentro de un año de lo que hablan todos los días? Son conversaciones políticas que le interesan al mundo. La historia requiere de constancias para que no haya traiciones."

En su gobierno grabar las conversaciones telefónicas es un acto "automático", ya que de cualquier conversación política con un jefe de Estado o de gobierno queda constancia escrita. "Sí, muchas veces estoy solo en mi despacho y lo hago. No lo hago con los telefonitos (celulares), porque es una irresponsabilidad."

En cuanto a que él sea objeto de grabaciones, dijo que no le preocupa. "Yo tengo un vecino que tiene la mejor tecnología del mundo. No hay una sola conversación mía que los estadunidenses no tengan grabada. Graban de los telefonitos que tienen todos los ministros y viceministros."

Se declaró "enemigo jurado" de los celulares y bromeó acerca de quienes aún creen que "escondiéndose detrás de una mata de plátano pueden hablar cualquier cosa".

Acerca de las grabaciones ?nunca mencionó la palabra espionaje telefónico? dijo que "a Fox, si quiere, yo lo puedo asesorar sin cobrarle un centavo".

Insistió en que ante los apremios del gobierno mexicano de que presentara pruebas de su argumento, en el sentido de que había sido presionado para abandonar Monterrey, tuvo que recurrir a hacer pública la grabación. "A veces hay que ser audaz. En la opinión pública mexicana hubo ese gran escándalo. Esto no es el caso. Había una cuestión ética. Vamos a discutir éticamente si fue correcto o no. Me someto al juicio de los filósofos", ofreció.

Fox, "decente" pero dependiente

En este tenor de querer suavizar algunas de sus críticas a México, Castro opinó que el presidente Fox es "una persona decente", si bien "con poca o nula experiencia política" y carente de conocimientos de filosofía y doctrina política. De paso volvió a cargarle la tinta al secretario de Relaciones Exteriores, Jorge G. Castañeda, quien, señaló el mandatario, "tiene una dependencia de algún modo especial", como si fuera una especie de "asesor cultural o intelectual".

Al referirse a Fox, Fidel Castro aclaró: "No estoy intentando halagarlo en lo más mínimo. Me pueden creer".

Pero añadió: "Su pensamiento está muy condicionado por su vida de hombre de empresas. Comete errores. Pienso que, como político, necesita un norte, que tiene que coincidir con determinados principios y normas éticas". Abundó sobre la "dependencia total" del Presidente mexicano de los Chicago boys, "que estuvieron en tal más cual universidad estadunidense y en especial Castañeda, que nadie sabe por qué está ahí como ministro, si no lo consultó ni con su partido, el PAN".

Ya entrado en cuestiones de política interna mexicana, se refirió al incidente público entre la ex vocera presidencial Marta Sahagún, antes de su matrimonio con Fox, cuando dijo de Castañeda que éste no era el dueño de la política exterior mexicana. "Fox se sintió obligado" a defender al canciller, remató.

Sin embargo, arremetió contra el sistema político y el modelo económico mexicanos, y dedicó más de media hora a hacer comparaciones sobre las condiciones de los derechos humanos ?recordó, entre otras cosas, el asesinato de Digna Ochoa? e índices de pobreza, salud y educación entre las dos naciones. "No voy a culpar a Fox. Se trata de un sistema anacrónico donde no prospera la ética, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos. El caballero ?se refería al vocero presidencial Rodolfo Elizondo, transmisor del comunicado mexicano de la víspera? habla de sistema democrático. Democracia bananera", descalificó.

Uruguay rompe relaciones con La Habana

Mientras hablaba de la crisis con México, Castro recibió un despacho de una agencia noticiosa que anunciaba que Uruguay había roto relaciones diplomáticas con Cuba. El mandatario no pareció alterarse. Se dirigió a Pérez Roque para preguntarle cómo había llamado el canciller hace días al presidente Jorge Batlle.

"Judas genuflexo", gritó Pérez Roque desde un sector del estudio.

Castro repitió el calificativo y siguió refiriéndose a Batlle: "Un mentiroso de los grandes. Un individuo lacayo". Y subrayó el argumento que daba Uruguay para la ruptura: "los agravios cometidos contra el país".

El presidente cubano replicó: "Siempre el mismo truco, las mismas mentiras. Insultos al país, como si ellos fueran el país".

Luego recordó que Cuba está enviando como donación un lote de cientos de miles de vacunas contra la meningitis, tras la aparición de brotes de la enfermedad en el país sudamericano. Se emocionó cuando relató el envío de los antídotos y su pronta aplicación, pero regresó al tono y al tema mexicano, con un evidente desdén por la decisión del gobierno de Montevideo.

"Soborno" petrolero

La crisis bilateral incluye, por parte de Castro, la exhibición de episodios poco conocidos o de plano ignorados de las relaciones recientes entre los dos países. El lunes, el mandatario sacó del archivo, en pocas frases, el tema petrolero.

Desde el boom de su producción petrolera en los años 80, México ha vendido crudo a Cuba en forma eventual, con altas y bajas, generalmente en condiciones financieras rigurosas, pero siempre bajo un estricto hermetismo oficial de ambas partes. El panorama de esa relación sólo se ha conocido al paso del tiempo mediante filtraciones y cabos sueltos. Castro confirmó en su discurso una decisión mexicana evidente pero mutuamente silenciada: "El gobierno de México siempre se opuso sistemáticamente a que Cuba recibiera beneficio alguno de los acuerdos como los de San José y otros".

El mandatario hablaba del pacto de 1980 entre Venezuela y México, mediante el cual ambos países venden petróleo desde entonces a naciones centroamericanas y del Caribe en condiciones preferenciales. Nunca hubo un argumento público mexicano para la exclusión de La Habana de ese beneficio, pero era patente.

Cuando Cuba empezó a producir petróleo, en los años 90, el pretexto estuvo a la mano: con el acuerdo de San José sólo se suministra crudo a los países no productores.

En 1995 México hizo una oferta para modernizar una vieja refinería, en la surcentral provincia de Cienfuegos, y suministrar el combustible. Se firmó un acuerdo que incluía participación de Pemex y de empresas privadas mexicanas. Pero meses después el convenio fue declarado inviable por las dos partes, sin mayores precisiones.

El petróleo mexicano llegó de todas formas a la isla, que lo pagaba a precio de mercado con carta de crédito confirmada a un mes (mecanismo casi equivalente al contado). Pero nuevamente, sin explicación pública de ningún lado, dejó de venderse aproximadamente en 1996.

La interrupción ocurrió cuando los dos países disputaban por un oscuro episodio ?que quizá salga a flote en el futuro próximo? sobre pagos y adeudos mutuos, originados por el interés de la empresa regiomontana Domos, entonces socio único minoritario de la telefónica local.

En 2000 el gobierno del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, garantizó a Cuba el suministro regular y concesional de 53 mil barriles diarios de crudo, equivalente a un tercio del consumo total de la isla y a la mitad de sus importaciones de combustible.

Además de su impacto estratégico, el derrocamiento definitivo de Chávez hubiera representado para la isla la pérdida de ese suministro. Castro habló el lunes de lo que ya había revelado días antes el embajador mexicano, Ricardo Pascoe. En los momentos en que parecía todo perdido para el líder venezolano, Fox Quesada ofreció a Cuba la cuota de petróleo que se iba.

Pero el mandatario vio el asunto de esta manera: "Lo más grotesco es que hasta se nos quiso sobornar y comprar nuestro silencio sobre lo ocurrido en Monterrey. En medio de los dramáticos acontecimientos que tenían lugar en Venezuela, cuando la vida de Hugo Chávez corría mortal peligro y todo parecía liquidado, el embajador de México en Cuba, al que no culpo, transmitía la tarde del 13 de abril, aproximadamente 38 horas antes del comunicado del día 15 (cuando México anunció su voto en Ginebra), un mensaje del gobierno mexicano prometiendo que Petróleos Mexicanos podría asumir los suministros venezolanos que dejaría de entregar PDVSA (Petróleos de Venezuela)".

"Nos repugnaba la cínica maniobra de engaño con la que pretendían neutralizar nuestra protesta contra la fechoría que iban a cometer en Ginebra. Le dimos fríamente las gracias y no mostramos interés por la hipócrita oferta", concluyó Castro Ruz.

Silencio en la embajada

La embajada mexicana, en el residencial barrio de Miramar, parecía hoy desde el exterior en situación normal. En uno de sus costados se formaba, como todos los días, la fila de cubanos que realizan trámites consulares.

Pero Pascoe no estuvo disponible para hablar con la prensa. Una funcionaria de la misión dijo a La Jornada que la embajada tenía órdenes de la cancillería de evitar declaraciones a la prensa y había prohibido al embajador tener algún contacto incluso informal con periodistas, "dado lo delicado de la situación". Sin embargo, la funcionaria aseguró que la representación y el consulado trabajaban normalmente.

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