Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 30 de junio de 2002
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Cultura
Analizó códices, lienzos y mapas escritos en náhuatl, purépecha, mixteco y maya

Florescano refuta que los pueblos indígenas del siglo XVI carecieran de memoria documental

El historiador expuso sus conclusiones en la tercera Mesa Redonda de Monte Albán

ARTURO JIMENEZ ENVIADO

Oaxaca, Oax., 29 de junio. Antes considerados falsos y de escaso valor testimonial, los documentos hechos en el siglo XVI por los pueblos indígenas para avalar sus derechos sobre la tierra y que fueron llamados "títulos primordiales" son ahora reconocidos como una creación híbrida americana y europea, una nueva forma de relatar y trasmitir el pasado, además de portadores de una nueva identidad: la mestiza.

Lo anterior se desprende de la conferencia magistral "La memoria indígena en los pueblos de la Nueva España", dictada ayer por el historiador Enrique Florescano como parte de los trabajos de la tercera Mesa Redonda de Monte Albán, que fue clausurada la tarde de este sábado.

La amplia exposición de Florescano es una continuación de sus investigaciones y publicaciones sobre este tema en México y una refutación de la tesis que afirma que dichos pueblos de la época colonial carecían de una memoria histórica articulada.

El investigador basó sus investigaciones en documentos en náhuatl, purépecha, mixteco y maya relativos a la posesión de las tierras indígenas, conocidos como Títulos primordiales y Códices Techialoyan, cuyo análisis comenzó apenas hace tres décadas y que algunos historiadores llegaron a calificar de falsos ante ciertos casos de alteración.

Luego del análisis de títulos, códices, lienzos y mapas en las cuatro lenguas indígenas mencionadas, Florescano hizo una interpretación del conjunto y de su importancia como documentos en sí y como formas fundamentales de transmisión de la memoria indígena.

"Estos títulos son un fenómeno general, universal, de una expresión cultural con raíces, contenido y formato comunes. Estamos ante un artefacto especialmente creado para conservar y transmitir la memoria colectiva. Es el producto de la interacción entre la cultura mesoamericana y la occidental.

"La administración española, al imponer a los pueblos nativos una nueva forma de poblar y legitimar la posesión de la tierra, obligó a éstos a desplegar una gama de dispositivos para satisfacer esa exigencia. En primer lugar recurrieron a sus propias tradiciones, a los recipientes donde se había almacenado la memoria que explicaba sus orígenes y la constitución de sus pueblos.

"El canto que narraba el origen de los seres humanos, la fundación del reino, el linaje de los gobernantes y los avatares del grupo étnico fue la piedra angular a la que acudieron los pueblos para sostener su identidad y afirmar la antigüedad de sus posesiones territoriales."

El antiguo sustento fue "amenazado de muerte" por el regimen colonial, indicó. "Es decir, la recomposición de la memoria indígena ocurre en medio de un quebrantamiento radical del orden antiguo", agregó.

"Como si los pueblos nativos se hubieran propuesto conjurar con las artes de la remembranza el colapso que inexorablemente destruía su mundo, entre 1530 y 1560 transcribieron al alfabeto español las obras maestras de la memoria indígena, las grandes sumas de su tradición histórica como la Relación de Michoacán, de los purépechas; el Popol Vuh de los mayas o el Códice Selden II de los mixtecos."

En este proceso de derrumbe y transformación, continuó, nacieron también las nuevas obras que intentaron recuperar el pasado de los pueblos "tejiendo" las formas nativas de historiar con las europeas.

"Los títulos, mapas y lienzos no son, como postulan algunos indigenistas recalcitrantes, obras nativas, sino productos híbridos, mezclas inéditas que conjugaron la tradición americana con la occidental."

Una nueva identidad

Más adelante destacó que quizá la contribución más importante de estos documentos indígenas de la Colonia radique en su capacidad para esclarecer el proceso mediante el cual estos pueblos construyeron su nueva identidad mestiza.

"Es un proceso que muestra cómo rescribieron su pasado y crearon testimonios históricos asentados en ambos legados, pero portadores de una nueva identidad."

La memoria contenida en estos documentos, añadió, cuenta con un trasfondo histórico profundo, "apoyada en los más remotos arquetipos de la conciencia mesoamericana, pero transformada por las disrupciones de la invasión española: conquista, congregación de pueblos, implantación del cristianismo, creación del fundo legal, imposición de la legislación española sobre la tierra, expansión del lenguaje escrito en alfabeto latino y constitución del pueblo como eje de la vida material y cultural de la comunidad.

"Los lienzos, mapas y títulos, al incorporar esos diversos procesos, se convirtieron en testimonios históricos de su tiempo y en nuevas formas de contar y transmitir el pasado. Son relatos que transmiten la memoria colectiva de los miembros del altépetl. Son instrumentos dedicados a fortalecer el altépetl y proteger sus tierras."

Con toda razón, dijo Florescano, muchos grupos indígenas llamaron a estos papeles el "corazón del pueblo". La conservación de las tierras comunales, agregó, se convirtió así en la empresa colectiva que unificó a los miembros del pueblo y los títulos primordiales se volvieron el arcón donde se resumió la memoria de los pobladores.

"Los títulos primordiales, por su contenido y forma, son un modo nuevo de representar y relatar el pasado. Un canon que la tradición dominante en los estudios históricos se empeñó en separar en dos vertientes opuestas: la indígena, por un lado, y la occidental, por el otro. Fue éste un rompimiento arbitrario que por más de 500 años impidió penetrar en el misterio de su origen y reconocer sus cambios y transformaciones a través del tiempo".

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