Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 29 de octubre de 2002
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Política
Alfonso Guerra ensalza la actitud del general de acoger a los exiliados españoles

Rinden homenaje a Lázaro Cárdenas en Madrid por su apoyo a republicanos

Orgullo de México, jamás haber reconocido al franquismo: Cuauhtémoc Cárdenas Batel

ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL

Madrid, 28 de octubre. El dolor de los campos de concentración, la herida abierta del destierro y el sabor amargo del exterminio silencioso padecido por los republicanos españoles fueron evocados 60 años después en un homenaje al México que abrió fronteras y entrañas para recibir a esos cientos de miles de mártires. La guerra civil española (1936-1939) tiñó de sangre y dolor este país, pero también permitió albergar en México, gracias al humanismo universal de Lázaro Cárdenas, un mundo nuevo en el que científicos, matemáticos, físicos, literatos, cineastas, pintores y escritores escudriñaron una nueva realidad.

Amalia Solórzano, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Cuauhtémoc Cárdenas Batel recordaron hoy, por primera vez en muchos años, las adversidades de una época que para este país fue trágica y para México, como el único país adverso hasta el final al régimen franquista, también, muy a pesar de que la "transición a la democracia" finalizó hace más de 25 años. Exilio, una exposición en la que se miran con lupa las remembranzas más íntimas del encontronazo de la guerra civil, en la que se tiñen de sangre y recuerdos amargos los trasiegos, "los sorbos impolutos del dolor" del infinito desencuentro de las "dos Españas", revivió hoy gracias a Amalia Solórzano y a su mirada al pasado.

En el Palacio de Cristal del madrileño parque Del Retiro, la memoria del México solidario con el exilio republicano se hizo de repente una memoria viva, en la que se recordaron con vivacidad histórica las gestas que acometió el ex presidente mexicano Lázaro Cárdenas, personaje recordado como uno de los más grandes dirigentes del país, y rememorado en España como una verdad que dio vida y sosiego a una ingente cantidad de personas que vivían entonces entre la animadversión del franquismo y el sutil rechazo de los campos de exterminio franceses. Por eso no resulta baladí recordar que María Zambrano, exiliada y amparada por el gobierno de Cárdenas, escribiera en sus Cartas sobre el exilio: "Tal nos parece, por instantes, que hayamos sido lanzados de España para que seamos su conciencia, para que derramados por el mundo hayamos de ir respondiendo de ella, por ella, y que fuera de su realidad seamos simplemente españoles".

El exilio se convirtió, pues, en una llaga abierta, la misma que todavía supura dolor y sangre, la misma que recuerda con cierta incomprensión, por el cerco que socava a la realidad histórica, a los hijos que fue dejando en su camino de campos de exterminio, de cárceles y de las torturas más dolorosas que pueda sufrir el cuerpo humano, entre ellas la insensata incrustación de la llaga de ese martirio último: la ejecución.

"Mirad a lo lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar, al contemplarla donde la cubierta del buque que nos lleva tras tierras hospitalarias al luminoso México, que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal al nuevo mundo, adonde llegamos después de tantas amarguras y en el que se nos oprime el corazón. Es la patria amada que se aleja y que pronto se disipará entre las brumas oceánicas y que hoy, sepultadas negras cenizas humeantes, solloza bajo el yugo a pesar de los conculcadores de todas las sapiencias humanas y divinas, de los pesares de los pueblos, de los pulverizadores de las mujeres y de los niños y de todos los centros de cultura y de todas las conquistas de la civilización gloriosa e ibérica en el transcurso de los siglos", reza uno de los muchos cantos libertarios que dejaron escritos los exiliados de entonces, esos que el ex presidente Cárdenas decidió acoger en el seno de la nación mexicana, esos que después de ser recibidos por la nación mexicana se convirtieron de súbito en los otros y nuevos mexicanos.

"El presidente Cárdenas ayudó con armas, con cartuchos, y cuando acabó la tragedia y vino el exilio envió a una persona a Francia a facilitar la llegada de todos los españoles que quisieran ir a ese país, acordando además que durante todo el tiempo que fuera necesario pagaría la manutención y los viajes", recordó Alfonso Guerra, vicepresidente del gobierno socialista de Felipe González y uno de los personajes más emblemáticos de los últimas años del exilio.

Guerra, además presidente de la Fundación Pablo Iglesias, la misma que organiza la exposición Exilio, explicó a La Jornada que "para muchos de los que vivieron la tragedia de la guerra civil, México y Lázaro Cárdenas representan algo que nunca podremos devolver los españoles, pues él supo tener la conciencia libre y abierta para recibir a los españoles que sufrían el éxodo, y supo también que el pueblo mexicano estuviera con él en esa decisión. En otros países los dirigentes acogieron a los exiliados españoles pero hubo polémicas, mientras en México el presidente Cárdenas convenció al pueblo mexicano de que era una acción de justicia humanitaria".

En el homenaje a Lázaro Cárdenas expresó su punto de vista el nieto del general, Cuauhtémoc Cárdenas Batel, quien manifestó que el "proceso de reconciliación en España no terminará hasta que no se rescate del olvido la contribución que miles de hombres y mujeres españoles, luchadores por la libertad, han dado al mundo y, desde luego, a la propia España. En este caso el olvido no cura las heridas. La voz de México se alzó firme y solitaria cuando conoció de la sublevación contra la República. Desde el primer momento Lázaro Cárdenas dio apoyo decidido al gobierno legítimo, tanto en forma material como política, pero México se fue quedando solo en la defensa de la legitimidad y de la democracia de España".

El nieto del general Cárdenas recordó por último lo que consideró un gesto inédito en la diplomacia mexicana, el no reconocimiento por espacio de 40 años de la dictadura usurpadora franquista: "el pueblo mexicano y Cárdenas ofrecieron una nueva patria a todos aquellos a los que les fue posible llegar a ella;

si de algo puede estar orgulloso México es de no haber reconocido nunca la legalidad de la dictadura, nunca establecimos relaciones diplomáticas con el usurpador, las mantuvimos con su legítimo gobierno hasta su disolución, el gobierno de la República. La razón es sencilla: México decidió mantenerse del lado de la razón y de la libertad frente a la fuerza bruta". 

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