Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 29 de octubre de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >

Cultura
El azul en la flama, título de su nuevo poemario publicado por Ediciones Era

Que la poesía vuelva a ser voz y no sólo letra, pide David Huerta

''José Gorostiza es el mejor poeta del siglo XX mexicano, a la par de Sor Juana o Rubén Darío''

El padre de ese género hecho para las urbes es Baudelaire, dice el autor de Incurable

CESAR GÜEMES

Desde Cuadernos de noviembre hasta La música de lo que pasa, sin olvidar al clásico contemporáneo en que se ha convertido su poemario Incurable, David Huerta continúa en lo suyo, que es escribir poesía. Ahora da a conocer El azul en la flama (Ediciones Era), dedicado a la memoria de José Gorostiza, ''sencillamente porque es el mejor poeta mexicano del siglo XX".

En cuanto al tono de su nuevo libro, señala Huerta: ''Creo que es el más chilango de mis poemarios, lo cual lo vuelve personal aunque no del todo. Hablo aquí como lo haría un habitante de la ciudad de México de toda la vida. No olvidé en ningún momento, entonces, que la poesía sólo adquiere su verdadera dimensión cuando se lee en voz alta. Claro, la escritura es muda, no se oye, pero en cuanto dice, creo que puede cobrar ese sentido del habla chilanga".

-Si bien no necesariamente es un libro urbano, David.

-No, el tema es el azul en la flama: la parte de la combustión donde está el oxígeno, el mismo que respiramos y devolvemos con sentido al hablar. Escribo mucho leyendo en voz alta, si no me resulta sonoramente agradable, rescribo, corrijo y acomodo hasta que suena como me gusta. Vamos, la poesía se ha vuelto letra y ha dejado de ser voz en buena medida. Por eso invito con este volumen a que los textos sean apreciados en voz alta. Hay una cualidad de la voz que me gustaría que se notara. A esa etapa de revaloración de mi propia forma de hablar corresponde este libro.

La lectura, grado cero del plagio

-Es una búsqueda que no resulta privativa de los prosistas, aunque finalmente tú mismo ejerces el ensayo.

-Es verdad. El epígrafe del libro proviene de una novela de Verónica Murguía. Es un testimonio, si quieres discreto, de mi afición a la lectura de prosa narrativa o ensayística, puesto que después de todo soy periodista de ritmo semanal. En este libro hay varios intentos de acercarme a la prosa, como en el texto titulado precisamente ''Novela". Son texturas que no debemos perder en la poesía. Recordemos que Baudelaire se pregunta quién no ha querido conseguir una prosa rítmica en la que se reflejen las voces y las cadencias de la ciudad. De modo muy claro él es el padre de la poesía hecha para las ciudades y en mis trabajos aparece.

-Tienes ya una considerable cantidad de títulos publicados. ¿Qué haces cuando no escribes?

-Paso largos periodos en el grado cero del plagio: la lectura. Cierta vez alguien me preguntaba cómo hacía para escribir si atravesaba por eso que se llama bloqueo. Leer, le respondí. En ocasiones uno, como decía Vallejo, quiere escribir pero le sale espuma. En esos momentos, acudo a la lectura. Hay líneas o palabras que me funcionan como detonantes para mi trabajo. Y no escribo diario, por desgracia. Creo que eso sólo puede lograrlo José Kozer, verdadero monstruo de la productividad. No dudo que lo haga, a mí me resulta un poco difícil mantener un ritmo tan alto. Además, cuando un escritor lee, está reforzando su escritura. Lo que leo ahora es poesía clásica, así que no es raro que intentara reunir las voces del pasado con las que escuchamos a diario. Es cierto que con eso me echo a cuestas toda la tradición de poesía en castellano, pero también gracias a eso trato de distinguirme de ella y aportar algo.

Lección de actitud

-El libro está dedicado a la memoria de José Gorostiza. Es una dedicatoria certera, pero aceptarás que inusitada.

-Tiene su explicación: es el mejor poeta del siglo XX mexicano. No lo digo taxativamente porque luego se me enojan los ''pacianos" o los ''sabinianos". Por cierto, no veo gran diferencia entre Paz y Sabines, pero sí mucha entre los poetas mexicanos del siglo pasado y don José Gorostiza. El maestro está en el mismo plano de Sor Juana, de Rubén Darío o Góngora, sin distinción de épocas. Gorostiza es un gran poeta, los demás mexicanos del siglo son buenos, pero nada más.

-¿Lo conociste?

-Una sola vez, cuando ya estaba muy grande. Asistí a una entrevista que le hizo Salvador Elizondo. Don José ya estaba muy quebrantado por la edad, pero dijo entonces que construyó Muerte sin fin como quien hace una casa, colocando un ladrillo encima de otro. Me pareció una idea maravillosa. Por un lado expresa gran sencillez, pero a la vista de los resultados el poema es una fortaleza inatacable, que no inexpugnable porque se puede entender a cabalidad. La suya es una gran lección de poesía e incluso de actitud. Cuando deja de escribir le ocurre algo parecido a Rulfo: dijo todo lo que tenía que decir y sólo le restaba guardar silencio, como a Alí Chumacero, otro de nuestros clásicos vivos.

-¿Dirías que te acercas a tu oficio con el mismo ánimo que Gorostiza?

-Sí. Parto de una línea, no de un tema. De ahí se desprende todo el poema, hay una palabra que se convierte en línea melódica y genética. Así, la paciencia es una buena compañera de la poesía.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año