Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 1 de diciembre de 2002
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Cultura

Bárbara Jacobs

Cuestión de magia

Para un escritor, lo malo de leer lo bueno es que se deprime al leer lo que él mismo escribe. Creo que para sortear esta irremediable condición hubo una vez un poeta que se sacó de la manga el surrealismo y se lo puso encima para que éste hiciera de las suyas y, al filtrar a través de su fina malla lo que el poeta escribía, lo convirtiera en otra cosa, pero con ecos de la cosa de siempre que, bien vista, era igual y era diferente.

De carne y hueso he conocido solamente a un poeta surrealista que, a pesar de existir après la lettre, es tan surrealista que simultánea y retrospectivamente existió avant la lettre surrealista. Se trata de José Miguel Ullán.

Lo vi actuar en 1991, la víspera de una sesión de magia en Madrid en la que, para satisfacción de multitud de autores rechazados o sencillamente maltratados, un editor desapareció. La noche anterior a ésta, en un homenaje a Monterroso y su Oveja negra, Ullán había hecho aparecer en escena a un perro cantor, que cantaría tanto para que el hecho sacara de quicio a las autoridades y subalternos que organizaban el acto como para complacer al homenajeado, que conocía del canto de los perros a la luna como si hubiera sido un especialista.

Detrás de la presencia del cantante, había sin embargo una historia que se acercaba a lo cruento. Temprano en la mañana del día de la celebración, Ullán se apersonó en un mercado en las afueras de la ciudad con el fin de hacerse de una oveja negra. La encontró. Pero, con ella bajo el brazo, se topó con un razonamiento tan sanguinario por parte de los directivos, en el sentido de que la oveja en cuestión no podía traspasar viva las puertas del mercado, que Ullán, que viva era como la necesitaba, tuvo que devolverla a su lugar y abandonar, defraudado, las instalaciones con las manos vacías.

El contratiempo duró apenas un momento, pues, igual que en todo acto de magia, las apariencias engañan. ƑDe qué otra manera habría podido el perro cantor irrumpir con su canto en una noche de gala? La fatalidad ordenó que la oveja viviera un día más con tal de dar oportunidad al perro de lucir su voz de tenor.

En el teatro oficial donde se desarrollaban estos acontecimientos no había butaca sin ocupar. Aparte de Ullán, otros autores, poetas y estudiosos componían la mesa, entre ellos, Carmen Romero, José Antonio Millán y Luis Landero. El mago Ullán pidió a estos dos que extendieran las planas centrales de un periódico del día, uno en cada extremo, de modo que la concurrencia pudiera comprobar que estaban impresas como debían y completas. Una vez cumplido este pormenor, Ullán se acercó a las páginas y, con un cerillo encendido que parecía ordinario, y que Ullán había tenido que introducir al anfiteatro a escondidas, pues adentro se prohibía fumar y todo lo que se pareciera a esto, prendió fuego a las páginas para, ante el asombro y pasmo del público, hacer que ardiera únicamente el contorno de la frase "La oveja negra", escrita a todo lo ancho de las planas, y dejar intacto el resto de la impresión que rodeaba las letras quemadas, que se distinguían por la forma de su hueco.

En calidad de maestro de ceremonias de su propio acto de magia, a continuación Ullán extrajo del fondo de su sombrero una vieja grabación en la que un poeta guatemalteco, cuya identidad, debido a fallas de la cinta grabada, no pudo ser determinada, sostenía en París, a finales de los años 60, un diálogo con Miguel Angel Asturias en el que vaticinaba que la Oveja negra, recién salida de los hornos de Monterroso, sobreviviría a la degollación.

-ƑA qué se refiere usted? -habría preguntado Asturias.

Aunque la respuesta del profeta, paisano de Monterroso, se perdía en otros ruidos y otras voces, la transcripción que hizo Ullán de esta plática, en una tira de papel de dos centímetros de ancho por unos veinte metros de largo, la recoge. Sólo que la caligrafía con que quedó hecho el registro es surrealista, y no se lee.

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