Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 19 de enero de 2003
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Política

Guillermo Almeyra

Escenarios de la guerra de Bush

La prensa de Estados Unidos, basándose en el Pentágono, calcula los muertos civiles iraquíes iniciales en 500 mil, o sea, la misma cantidad de muertos que tuvo Italia en la cruenta Primera Guerra Mundial, que duró cuatro años. Dice también que la ocupación y desmembramiento de Irak requerirá una fuerza de 350 mil soldados estadunidenses (si se calcula en seis meses un modesto 1 por ciento de bajas, 3 mil 500 boys volverían en sacos de plástico). Según fuentes militares, el costo de la guerra, para el contribuyente estadunidense, variaría además entre 3 mil y 19 mil millones de dólares por mes, o sea, entre 36 mil y 228 mil millones de dólares anuales, que serían gastados cuando caen los salarios directos e indirectos en el país. La camarilla petrolera-armamentista de George W. Bush hará la guerra, con o sin pretextos, unilateralmente si es necesario y a plazo relativamente corto, porque esa guerra está planificada desde hace más de 10 años y la locura salvaje de los atentados terroristas del 11 de septiembre sólo le brindó a Bush la oportunidad y la justificación para atacar primero a Afganistán, después a Irak, en la preparación de su conflicto contra China y de su ofensiva económico-política de debilitamiento de la Unión Europea. El Pentágono ha organizado, y Rumsfeld, el secretario de Defensa ha firmado, un plan según el cual la guerra contra el terrorismo duraría 30 años (mucho más allá del desenlace en Irak). De modo que el sentido de la guerra está claro, y por eso la movilización ciudadana contra ella, en Estados Unidos mismo y en el mundo, es creciente.

No se han calculado, sin embargo, los posibles efectos de la guerra para otros países, entre ellos México, según los diferentes escenarios bélicos. Por ejemplo, si la agresión a Irak encuentra poca resistencia y la conquista del país es rápida y deja las instalaciones petroleras casi intactas, el número de muertes de soldados estadunidenses será relativamente tolerable durante un periodo y, sobre todo, los planes de las grandes petroleras de destrucción de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo, quintuplicando la actual producción iraquí de crudo e inundando el mundo, tendrán efectos importantes. Por un lado, presenciaríamos una fuerte oposición entre los países productores (Rusia, los países árabes, Indonesia, Nigeria, Venezuela, México mismo) y Estados Unidos, que les reduciría brutalmente sus ingresos. Por otro lado, un importante alivio para la economía de los esencialmente importadores de petróleo (China, Cuba, Brasil, Argentina, la Unión Europea y Japón, entre otros) que les permitiría resistir mejor la ofensiva de Washington. Y aunque esa situación reduciría el costo de la factura energética de Estados Unidos (y con ello el costo de la vida, dinamizando la economía) también tendría el mismo efecto sobre la economía de sus competidores asiáticos y europeos. Si, por el contrario, la agresión a Irak encuentra resistencias y saltan o son bombardeados los pozos petroleros (o, peor aún, si se ven afectados pozos de Irán, Kuwait, Arabia Saudita, por las derivaciones casi inevitables del conflicto) la escasez de petróleo haría quintuplicar probablemente los precios actuales. Eso, al aumentar los costos, daría un serio golpe a la maltrecha economía de Estados Unidos y a los europeos y japoneses, por no hablar de China, Cuba y de los países importadores africanos o latinoamericanos, como Bolivia, Perú, Argentina Brasil, Uruguay, arrojando literalmente gasolina al fuego de la inestabilidad social. Y aunque daría un momentáneo maná a Rusia, Venezuela y México, y a otros países petroleros, proporcionándoles fondos para aliviar sus problemas internos, el monopolio estadunidense del petróleo iraquí permitiría después acabar con esa situación momentánea, reconstruyendo lo dañado y aumentando enormemente la producción de crudo, para volver, en el tema de los precios, a la situación imperante en los años 70. México, entonces, para poner un ejemplo, tendría que exportar seis veces más petróleo para pagar las importaciones actuales de alimentos, pues el precio de los mismos se reduciría poco, debido a que los venden monopolios para los cuales las reducciones de los precios de costo energéticos sólo sirven para engrosar las ganancias. Son obvios los problemas financieros, políticos y sociales que tal situación crearía.

En todo esto prescindo de los escenarios políticos y sociales, pero hay que pensar que los fascistas israe-líes aplicarían su plan de expulsión de cientos de miles de palestinos y árabes-israelíes hacia los países vecinos y aprovecharían la guerra para agredir a Siria, lo cual tendría gran eco en todos los países árabes, creando las condiciones para una posterior guerra generalizada en la región. Tampoco tengo en cuenta en este artículo el aumento de la tensión sino-estadunidense evidente, indirectamente, en la disputa entre Washington y Corea del Norte y en la conciencia de Pekín de que la ocupación de Afganistán y, de hecho, de Pakistán, así como la guerra contra Irak son otras tantas bayonetas apuntadas contra su garganta. Sobre estos problemas habrá que volver.

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