Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 19 de enero de 2003
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Economía

José Antonio Rojas Nieto

Del precio del petróleo y la guerra

Este viernes, el precio de la canasta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de crudos de referencia alcanzó los 32 dólares por barril. Con ello, se completan 23 días continuos en los que la cotización de dicha canasta, compuesta por siete referentes -Arabe Ligero, de Arabia Saudita; Bonny Ligero, de Nigeria; Dubai de los Emiratos Arabes Unidos; Istmo, de México; Minas, de Indonesia; Saharan Blend, de Argelia, y Tía Juana, de Venezuela-, es mayor a 28 dólares, cota superior al precio establecido por los miembros de la organización de productores de petróleo para aumentar en 500 mil barriles al día su volumen total de producción, si dicha cota -como de hecho ya sucedió- fuera superada durante 20 días comerciales continuos.

Sin embargo, dadas las condiciones muy particulares en las que se encuentra el mercado petrolero internacional en estos momentos -agitación terrible por el conflicto en Venezuela, amenaza de guerra contra Irak y, pese a todo, fuerte debilidad del componente estructural de la demanda por la depresión económica estadunidense y el lento crecimiento mundial, tenuemente compensada por el ascenso coyuntural de invierno que concluye en dos meses-, los miembros de la OPEP han tomado una determinación muy importante para enfrentar esa dinámica de ascenso continuo de precios, que ya se prolonga por poco más de dos meses, en el contexto de una similar dinámica de elevación continua de las cotizaciones que ya registra más de 54 meses continuos, pese a ciertos momentos de descenso de precios.

La importante decisión de la OPEP implica una elevación de sus cuotas de producción mayor a la del acuerdo previo. Se trata de un volumen cercano a un millón y medio de barriles diarios a partir del primer día de febrero, que corresponde a 6.5 por ciento superior a la cuota vigente de 21.70 millones de barriles diarios. Así, el acuerdo del domingo pasado implica una cuota de producción de 24.5 millones de barriles al día, sin incluir a Irak, cuyo nivel de producción está vinculado al programa humanitario de petróleo por alimentos -šqué paradoja!, por cierto, impulsar programas para alimentar a una población a la que luego se va aniquilar con la guerra- que ha permitido una producción media de 2.12 millones de barriles al día durante los pasados seis meses en la nación que posee la segunda reserva más importante del mundo -113 mil 500 millones de barriles-, sólo superada por Arabia Saudita.

Si consideramos este nivel de producción permitido hoy a Irak, el volumen acordado en la OPEP alcanza los 27 millones de barriles diarios, correspondientes a la tercera parte del consumo mundial actual de crudo durante el invierno. Ahora bien, hay que tomar en cuenta que la OPEP ya está produciendo esos 27 millones de barriles y que lo que le permite el nuevo acuerdo es legitimarlo e, incluso, acceder a cierto nivel mayor para neutralizar un poco -sólo un poco, por cierto- la tendencia a la elevación de precios que provocan tanto el dramático y lamentable conflicto interno en Venezuela como la amenaza de guerra contra Irak.

Como se podrá comprender, en este caso no se puede atribuir a la OPEP la responsabilidad de la elevación de precios. Incluso convendría aclarar que con la guerra seguramente se suspenderá la producción iraquí y se complicarán los abastos del Pérsico, por lo que es muy probable que, efectivamente y como muchos analistas ya han tratado de advertir, con el conflicto bélico tengamos una abrupta e incontrolable elevación de precios la cual, con toda seguridad, mucho dañará a productores y a consumidores, y que exigirá varias semanas -incluso meses-, para el restablecimiento de cierta normalidad.

Y hay que decir cierta normalidad, porque vaya a saber qué condiciones resultarán de una absurda guerra impulsada que la mayoría de los estadunidenses no aprueba, y cuyos costos humanos y económicos son desconocidos.

Dado el difícil y complejo contexto, ha sido muy razonable la decisión de México de ampliar en 100 mil barriles al día su volumen de exportación. Una vez más se actúa en coordinación con la OPEP y con otros productores no-OPEP para impulsar esa estabilización -hoy relativa- del mercado petrolero, que tanta falta hace y que no se logrará del todo, precisamente por los dos conflictos señalados. Sería deseable que en los momentos precisos de la guerra también se actúe con coherencia y responsabilidad, y no se acceda a las presiones vecinas que, con toda seguridad, fuerte y violentamente se dejarán sentir en unos días más.

Ciertamente, y debido a ese difícil contexto, como no lo hacía desde septiembre de 1990, el precio de nuestra mezcla mexicana de exportación superó los 30 dólares corrientes por barril. Por más que esto implique mayor ingreso de dólares, dadas las razones que lo explican, esto no es para festejarse. Menos aún por el hecho de que a mayor precio del crudo mayor retraso en una recuperación de la economía estadunidense que, como están las cosas, ya resulta fundamental para nuestra recuperación económica.

Más allá del buen deseo de que en todas las naciones haya crecimiento y desarrollo, no deja de ser paradójico que estemos esperando -incluso anhelando- que crezcan nuestros vecinos para crecer nosotros šDe veras..!

 

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