Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 22 de marzo de 2003
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Editorial
 

LA AGONIZANTE Y PASIVA ONU

Es cierto que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, declaró que la agresión militar estadunidense-británica contra Irak era ilegal y consideró igualmente como un triunfo de la ONU el rechazo generalizado a la guerra, que impidió a Estados Unidos y sus cómplices llegar incluso a una votación en el Consejo de Seguridad porque en ella habrían sido derrotados. Pero la ONU está viendo ahora con pasividad y resignación un brutal ataque contra un país independiente en violación total de su carta fundadora y de la legislación internacional, y admite sin protestar un golpe de muerte al multilateralismo sobre el cual se basa. También responde con el silencio de quien consiente a la proclamación de la teoría de la guerra preventiva, según la cual Estados Unidos podría actuar unilateralmente con todos los medios a su alcance contra el país o el grupo que Washington creyese que, ahora o en el futuro, podría constituir una amenaza a su nada precisa seguridad nacional o sus aún menos definidos intereses. El argumento básico para justificar que la ONU no haya condenado el ataque contra uno de sus países miembros por otro, que para colmo es fundador de la organización y pretende ser modelo de democracia, es que ella aún espera el retorno al redil de la oveja que demostró una vez más ser lobo. La ONU, hasta ahora, siempre ha cubierto las reiteradas intervenciones unilaterales estadunidenses (Corea, 1950-53; China en los mismos años, Guatemala, en 1954; Indonesia, en 1958; Cuba, en 1959-60;Guatemala ,en 1960; Congo, en 1964; Perú, en 1965; Laos, en 1964-73; Vietnam ,1961-73; Camboya, 1969-70; Guatemala, 1967-69; Grenada, 1983; Libia,1986; El Salvador ,en 1980; Nicaragua en los mismos años; Panamá, en 1989; Irak, 1991-1999; Sudán, 1998; Afganistán, 1998; Yugoslavia ,1999; entre otras, como el Líbano o Somalia) porque Estados Unidos es uno de los países ejes de la organización (a pesar del retraso deliberado en el pago de sus cuotas a la misma, lo que no le daría ni derecho a voto).

Pero ahora Naciones Unidas recibe un golpe mortal, que la anula y la convierte en un muerto en vida, y ni eso merece una condena a quien cierra brutalmente un ciclo de 50 años de intentos de instauración de un orden legal mundial y coloca al mundo bajo el imperio de la ley de la selva y la amenaza de la guerra permanente por decisión de un puñado de empresarios especializados en la rapiña y en la guerra. Es más, la ONU repite la impotencia de su predecesora, la Sociedad de las Naciones que, al sucumbir ante la prepotencia nazifascista y no impedir la ocupación de China, Albania, Etiopía y la intervención en España, preparó el rearme acelerado y la guerra, apenas un lustro después, entre dos grupos de potencias. Este silencio y esta pasividad de la ONU son un nuevo agravio a los agredidos (todos los pueblos dependientes) y un premio al agresor colonialista y son, por consiguiente, otro atentado más contra la legalidad internacional. Para colmo, la ONU sugiere, para justificar su existencia, que podría participar en la reconstrucción de Irak. O sea, pagar la factura de la aventura colonialista e imperialista de Estados Unidos y su jauría en Irak y en todo el Medio Oriente. Sólo la firmeza, en cambio, podría ayudar a los que en Estados Unidos se oponen a la guerra y defienden la democracia, y parar a quienes quieren rehacer el mundo en un baño de sangre para imponer la pax americana, la de los cementerios y el terror. Porque no basta decir NO a la guerra: hay que condenar claramente a quienes la hacen sin consultar a su propio pueblo, contra la voluntad de todos los pueblos del mundo, contra la legalidad internacional y pasando por sobre la propia ONU. Si no se tienen fuerzas militares para parar la agresión, al menos, para preservar los elementos fundamentales de la civilización, hay que poner en juego la fuerza moral, la del derecho, y el rechazo al racismo, el fundamentalismo, el colonialismo, todos ellos presentes en la agresión estadunidense a Irak con el pretexto de sacar del poder en ese país a un hombre funesto que fue el instrumento de Washington durante decenios. 
 

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