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E C O N O M I A
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México D.F. Domingo 8 de junio de 2003

José Antonio Rojas Nieto

Energéticos y poder social

Ya se cedió el poder social que representa el control nacional de la banca. ƑSe va a ceder el poder social que representa el control nacional del petróleo, del gas natural y de la electricidad? Controlar el petróleo, el gas y la electricidad es controlar una de las fuentes clave del poder. Nunca olvidaré la sentencia de mi profesor Juan Castaingts: "en el momento en que las fuentes fundamentales del poder pasen a manos extranjeras o privadas, se pierden elementos clave de la autonomía de la sociedad". Este ánimo básico de lucha permanentemente para garantizar el máximo de autonomía social en México es una de las razones esenciales que explican la afortunada intuición del Constituyente de exigirle a la nación el ejercicio de la propiedad originaria de los recursos naturales, de sus beneficios, de sus rentas. Y, por ello mismo, mediante el Estado y sus organismos y empresas, obligarla a ser responsable exclusiva de las áreas estratégicas de la vida nacional, entre ellas la del petróleo, la del gas natural y la de la electricidad.

šNo deja de ser sorprendente la obcecada terquedad y el pragmatismo con que se promueve contravenir las formulaciones de la Constitución. Y el ánimo -similarmente obcecado- por entregar el poder que la Constitución confiere a la sociedad mexicana para el control de sus recursos naturales y sus esferas estratégicas!

La justeza técnica, laboral, económica, social e incluso política de muchas críticas a la gestión de las empresas públicas energéticas (Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro), por el que, tantas veces, ha sido un manejo discrecional y corrompido, no se puede traducir en su enajenación forzosa. Es cierto que en su historia ha habido momentos de falta de transparencia en los procesos de fijación de precios. Experiencias de determinación irracional de subsidios. Periodos de insuficiente voluntad para alentar su cambio técnico. Epocas enteras sin esfuerzos firmes de reorganización empresarial. Pero no hay que tirar el niño con el agua. Ninguna de estas limitaciones, ni siquiera todas en conjunto, pueden ser razón o circunstancia para impulsar la transferencia -ora ruidosa, ora silenciosa, lo mismo da- del poder que confiere el control del petróleo, del gas natural y de la electricidad a manos privadas, nacionales y extranjeras. Sería un error histórico irremediable. Y, frente a este enorme riesgo, no es suficiente la retórica oficial que, por un lado, asegura que las empresas estatales energéticas no están en venta y, por otro, las cercena, las limita, las cohíbe y, en última instancia, las abandona.

No hay por qué negar -como lo indicó ejemplarmente una encuesta reciente promovida por Canal 40- que muchas personas y grupos sociales desean cambios radicales en las empresas públicas energéticas. Y que en muchas ocasiones interpretan que la venta y la privatización de esas empresas públicas de energía es la mejor forma de lograrlo. No se trata de tapar el sol con un dedo. Muchos mexicanos aman y admiran a sus empresas energéticas, pero están cansados de su manejo discrecional y corrupto, tantos años vinculado a la estructura y a las prácticas de un Estado corporativo, autoritario y presidencialista, con una tradición muy larga de partido de Estado que difícilmente se van superando.

Y, sin embargo, también muchos trabajadores, técnicos, profesionistas, administradores y funcionarios de dentro y de fuera de esas empresas. Y muchos académicos, grupos sociales y grupos políticos también aseguran que es posible una búsqueda acuciosa e inteligente de restructuración y modernización de las industrias del petróleo, del gas natural y de la eléctrica. Una restructuración capaz de trascender sus peores vicios y profundizar sus virtudes. Una modernización que, incluso, pudiera conducir al establecimiento de alianzas estratégicas con empresas privadas nacionales e internacionales que las apoyen en su reconfiguración tecnológica, industrial, comercial y empresarial.

šLes creo! Conciben un proceso que puede y debe hacerse en el marco de la lucha por una mayor autonomía social y por un mayor poder social; soportado en la propiedad, control, uso y disfrute de recursos naturales y áreas estratégicas, fuente incuestionable de poder social. Y la prueba máxima de este proceso deberá ser, sin duda, la apertura y el despliegue de posibilidades, potencialidades y capacidades para la sociedad. Sin renunciar a lo que somos y retomando lo mejor de nosotros mismos, podemos enfrentar el ambiente competitivo del mundo globalizado de hoy. Seguro que podemos. Y no caer en la ingenuidad de creer -el mundo de hoy y los acontecimientos recientes en México, en Estados Unidos y en todo el mundo no nos lo permiten- que lo privado es más limpio, más honesto, más eficiente, mejor. šMentira!

 

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