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México D.F. Viernes 13 de junio de 2003

Leonardo García Tsao

Hacen cine en serie

Paralizado por una inercia de producción, el cine mexicano de aspiraciones comerciales se ha estancado, además, en una especie de autocomplacencia genérica, que se conforma con regurgitar elementos y convenciones tomadas de fuentes diversas. Sin ton ni Sonia, ópera prima de Carlos Sama, es el más reciente ejemplo de ese híbrido entre thriller chilango y comedia romántica, que tuvo a su prototipo en Todo el poder (Sariñana, 1999).

Más que como película, el asunto es interesante como síntoma de una postura frente al cine que se ampara en el cinismo para evadir cualquier tipo de compromiso (curarse en salud es parte del juego, así no faltarán las declaraciones -como las hizo en su momento Antonio Urrutia, director de Asesino en serio, otra cinta sintomática- en el sentido de que Sin ton ni Sonia está hecha para el público, no para la crítica).

Dentro de la moda de contar varios relatos paralelos que se van entrelazando -un director de doblajes televisivos llamado Orlando (Juan Manuel Bernal), harto del misticismo de su esposa Sonia (Mariana Gajá), se enamora de su amiga René (Cecilia Suárez) que a su vez ha abandonado a su pareja Mauricio (José María Yazpek), quien la ha descuidado por dedicarse a la navegación cibernética; todo sucede bajo la amenaza de una enfermera asesina dedicada al tráfico de órganos, buscada por la policía local y un par de agentes gringos- es curioso constatar cómo la acumulación de sucesos le va restando interés al conjunto en la medida que ninguna de las anécdotas guarda peso dramático. Es decir, cada ocurrencia se anula en la medida de su propia gratuidad.

Bajo ese enfoque, toda una serie de obsesiones generacionales -la crisis de pareja, los asesinos en serie, la cultura de la computadora y el New Age, el esoterismo, las teleseries dobladas- se somete al mismo proceso de banalización. Ni la intriga amorosa que se supone central ofrece la menor verosimilitud en tanto es sólo un recurso de guión, un pretexto para dar la impresión de que algo está sucediendo.

La ausencia de rigor se adivina en cada fotograma. No importa que la trama abunde en huecos de lógica, al fin que se trata de una comedia. ƑPara qué molestarse en inventar diálogos ingeniosos, si la reproducción fiel de la conversación clasemediera y chilanga, con su dosis habitual de groserías, es suficiente para divertir al espectador promedio? Una y otra vez, la frase "No mames, güey" representa el colmo de la réplica chispeante (no falla: el público en la función que la vi la festejaba con carcajadas en cada ocasión). Si bien es común rendirle culto a Tarantino como deidad cinematográfica -y ahí está la caracterización de los dos agentes gringos para comprobarlo- su influencia sólo se ha ejercido de manera superficial, en un regodeo por la violencia chusca, pues no se ha intentado emular su inventiva estructural ni su capacidad para conseguir hallazgos en los diálogos.

Igualmente estandarizado es el trabajo de los actores. Bernal recurre nuevamente a sus tics usuales -la voz plañidera, la mirada llorosa- en un abuso innecesario de intensidad, mientras Suárez repite su número de insolente chica posmo. Los intérpretes secundarios son tan anodinos que no recuerdo ni sus rostros, mucho menos a sus personajes. Y hablando de estandarización, la banda sonora reincide en la estrategia del cancionero ilustrado, incluyendo un inusitado remake del viejo éxito Sunny -retitulado Sonia, claro- a cargo de Panteón Rococó, cuyo único mérito es ser menos malo que el perpetrado por Benny Ibarra hace décadas.

ƑEs esa la ambición general del cineasta mexicano con aspiraciones industriales? ƑRealizar comedias adocenadas, impersonales, derivativas, huecas con el único objetivo de atraer a un público poco exigente? No mames, güey.

SIN TON NI SONIA

D: Carlos Sama/ G: Luis Felipe Sabre, Carlos Sama/ F. en C: Federico Barbabosa/ M: canciones varias/ Ed: Alejandro Rodríguez/ I: Juan Manuel Bernal, Cecilia Suárez, José María Yazpik, Mariana Gajá, Byron Thames/ P: Harikiri Producciones, United Angels, Columbia Pictures, Reider Films, Fidecine. México, 2002.

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