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México D.F. Lunes 17 de mayo de 2004

80% de enfermedades que se presentan en zonas indígenas se curan con ese método

En ascenso la medicina tradicional, ante el elevado costo de la de patente

Ante su efectividad, autoridades se acercan a curanderos: Médicos Indígenas de Chiapas

ELIO HENRIQUEZ CORRESPONSAL

San Cristobal de Las Casas, Chis. La ancestral tradición maya de curarse "el cuerpo y el alma" con la medicina indígena no sólo se mantiene vigente en los Altos de Chiapas, sino que día tras día gana terreno debido a la carestía de la medicina occidental, afirma Antonio Pérez Méndez, presidente de la Organización de Médicos Indígenas del Estado de Chiapas (Omiech).

Más que ejercer una profesión, los iloles (curanderos tradicionales) utilizan "el don que Dios les ha dado y las plantas" para aliviar a miles de enfermos que carecen de recursos económicos para atenderse de otra forma o bien tienen más confianza en este sistema, el cual, en ocasiones, dependiendo de la gravedad, utiliza velas, refrescos de cola con posh (aguardiente de maíz) y hasta animales para sanar a las personas.

La efectividad de este legendario recurso terapéutico ha empezado a ser valorada por autoridades gubernamentales, las cuales procuran sintonizar su labor con la de curanderos indígenas, explica el doctor Armando Servín Martínez, jefe de la jurisdicción sanitaria número dos, que brinda atención a unos 18 municipios tzotziles y tzeltales de los Altos.

"La medicina indígena y tradicional ha sido prácticamente el recurso que hemos tenido los pueblos desde hace cientos de años para curar a los enfermos del cuerpo y del chulel (alma)", subraya Pérez Méndez, yerbero tzotzil de 52 años, originario del municipio de Tenejapa.

Asegura que mediante la medicina tradicional es posible curar "enfermedades del alma", padecimientos mentales, la diabetes, bajar los altos niveles de colesterol y ácido úrico, tratar enfermedades diarreicas y respiratorias, dolores de cabeza y hasta cáncer y sida.

"Sí, aunque no lo creas, aquí hemos curado a cuatro pacientes que tenían sida con una planta que llamamos chicheltzé (sangre de perro). Yo comprobé que los cuatro enfermos, dos del municipio de Pantelhó y uno de San Juan Chamula, se curaron", dice Pérez Méndez.

"A uno lo estuvimos tratando dos años. Uno de sus hermanos ya había muerto por la enfermedad, pero el que sanó ahora está trabajando en Cancún, vendiendo artesanías de Chiapas", asevera.

"Aquí decimos que el sida es una enfermedad comprada, porque los hombres la agarran cuando compran las mujeres", explica el indígena, quien heredó de su madre, que era partera, la vocación de yerbero. Dos hijos de él son curanderos.

Sostiene que también fue sanada una indígena de Chenalhó que padecía cáncer en la matriz y un hombre con cáncer cutáneo, en Frontera Comalapa. "La mujer vino a decir que después de tomar el medicamento, hecho a base de una planta que llamamos mesté (escoba o escoba ancha), se alivió, que ya se había librado del cuchillo (cirugía)".

Servín Martínez reconoce lo extraordinario de estas curaciones, aun cuando faltaría documentar mejor los casos. "En cuanto a curar cáncer y sida no se tiene mucha información. Sería difícil afirmarlo, pero se puede decir que hay padecimientos graves, como éstos que han sido tratados con medicina tradicional y se han aliviado, sin que hasta la fecha se pueda explicar cómo pasó.

"Por ejemplo, ha habido pacientes que inicialmente han resultado seropositivos al VIH y posteriormente dan negativo. Hasta el momento no se puede explicar qué pasó, cómo desapareció la enfermedad. No hay estudios científicos."

Pero para el yerbero Antonio la curación no es sólo del cuerpo físico:

-ƑLos iloles también curan el alma?

-šClaro que sí! Se cura con rezos. El chulel se enferma por el mal comportamiento de una persona, y el ilol lo descubre cuando toma el pulso al paciente; en cambio, los doctores titulados no lo saben sanar. Cuando está enferma, el alma se debilita. Pero con rezos sana.

Rafael Alarcón, asesor de la Omiech, afirma que 80 por ciento de enfermedades que se presentan en comunidades se curan con medicina indígena. Agrega: "de tres años para acá nos hemos dado cuenta de que la gente, sobre todo la de escasos recursos, asiste en mayor cantidad a atenderse con la medicina tradicional, porque la de patente es muy cara".

En años recientes se ha producido una "fuerte presión cultural en las comunidades", lo cual, de alguna manera, ha provocado que disminuyan los iloles, como en el municipio de Simojovel, donde prácticamente ya no hay. En contraste, en San Juan Chamula es donde existen más curanderos, "porque son más cerrados" o celosos de sus tradiciones.

Los curanderos se dividen en varias categorías. Los más avanzados son los iloles o médicos, quienes detectan la enfermedad con sólo tomar el pulso del paciente; los yerberos, quienes sin tomar el pulso también sanan y recetan medicinas, por supuesto, ninguna de patente; los rezadores de los cerros, "elegidos del pueblo, que cada vez quedan menos, rezan en los cerros para pedir favor a Dios cuando hay muchas plagas o enfermedades, para que haya lluvia y buenas cosechas".

Alarcón comenta que los curanderos indígenas descubren su vocación desde niños, en los sueños. "Desde los 8 o 9 años empiezan a soñar. Los sueños, para los indígenas, son muy importantes. Son predictivos y muchos los interpretan. Si un niño o una niña sueña con elementos relacionados con una de estas actividades, es señal de que Dios les da los instrumentos y el don de curar."

En las comunidades indígenas el sueño "es una cuestión cultural, donde se mantiene un ambiente específico, pero en Chiapas ha habido muchos cambios, sobre todo a partir de 1994 y con la penetración de la televisión, la migración y otros fenómenos que han provocado que muchos niños y jóvenes ya no cuenten sus sueños a sus mayores con tal de no quedarse en su paraje".

Pérez Méndez recuerda que la Omiech comenzó a formarse en 1978. Se formalizó en 1985 y fue la primera de este tipo en Chiapas, como consecuencia de la "persecución" de que eran objeto los médicos tradicionales. Ahora hay en total 19 agrupaciones como ésta, aglutinadas en el Consejo de Médicos y Parteras Indígenas del estado de Chiapas.

Apoyada con recursos de la fundación alemana Pan para el Mundo, con el aval del obispo Samuel Ruiz García, la organización construyó su propio edificio en esta ciudad, donde funciona el Centro de Desarrollo de la Medicina Maya.

Ahí se dan consultas, se hacen curaciones y limpias. Además, la medicina indígena se promueve entre las comunidades mediante el intercambio de experiencias. Actualmente 13 comunidades de 11 municipios participan en el proyecto de la Omiech.

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