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México D.F. Lunes 1 de noviembre de 2004

Javier Oliva Posada

Día de Muertos y de elecciones en EU

La coincidencia amerita algunas reflexiones. Apenas la semana anterior distintas fuentes periodísticas y de organizaciones de auxilio a la población iraquí cifraban en más de 100 mil los muertos a consecuencia de la invasión que sufre ese país a manos de Estados Unidos e Inglaterra, principalmente. Aunada a esa escalofriante suma, mañana se realizarán las competidas elecciones presidenciales y la renovación de la mitad del Congreso estadunidense. Las expectativas, la cobertura y los análisis han saturado las planas y espacios de los medios de comunicación.

No obstante la relevancia de esos comicios, sinceramente no podemos esperar mucho. Algunos se llamaron a sorpresa e indignación, porque en ninguno de los tres debates televisados entre Bush y Kerry no hubo una sola alusión a Latinoamérica ni mucho menos a México. La razón es que ésos no son temas a debate, la política hacia esa región y nuestro país, gane quien gane, no variará lo suficiente para esperar ajustes serios en temas como la migración o el narcotráfico. Ya Sartori explica que el número de partidos políticos indica la fragmentación de los factores que se articulan en torno al poder político (Partidos y sistemas de partidos, Alianza Editorial). Desde hace 200 años en Estados Unidos solamente hay dos: Republicano y Demócrata, es decir, que el troncal de los intereses, de los temores y de las aspiraciones es, esencialmente, el mismo.

La explicable movilización en contra de Bush por sectores liberales y de izquierda, dentro y fuera de ese país, radica principalmente en la repulsa y rechazo a la guerra como forma de resolver conflictos. Sin embargo, los apetitos industriales y de dominación de Estados Unidos para controlar el mercado petrolero y los yacimientos de Irak no van a cambiar luego de los comicios presidenciales, gane quien gane. Por ejemplo, el pasado viernes 30 de octubre los indicadores bursátiles señalaron que las empresas petroleras, gracias a los elevados precios del barril, así como a las expectativas de duro invierno, habían logrado ganancias netas en el tercer trimestre del año de poco más de 50 por ciento, cifra increíblemente alta.

Por lo que hace a los temas de seguridad nacional, si bien no fueron abordados durante la campaña, es evidente que como parte central de las políticas públicas serán las que guíen los siguientes años de la nueva administración. Lo cierto es que lo único que distingue, al menos en el discurso, a Kerry de Bush es el integrismo y mesianismo religioso del actual mandatario respecto del papel que personalmente debe de-sarrollar el presidente de la potencia mundial.

Pero hay un factor determinante, de presencia inusitada y que merece toda la atención a estas elecciones: la condiciones de credibilidad y confianza en que habrán de desarrollarse el día de mañana y los subsecuentes. Datos, oportunidad en las cifras, testimonios de observadores y medios de comunicación, análisis de especialistas y no tan especialistas, todo por el recuerdo fresco de 2000, cuando la forma en que se resolvieron los comicios en el estado de Florida y su influencia, para que en la entidad gobernada por su hermano Jeb, fueran los votos que a la postre darían el triunfo a George W. Bush.

Por otra parte, parece imposible, pero no es así, que el electorado pueda seleccionar a un presidente que a sabiendas de que mintió llevó al país a la guerra. Me recuerda a Rousseau: una decisión democráticamente tomada no significa que sea la mejor.

Así, lo que está en juego es algo más profundo que el nombre del triunfador. Se tiene bajo la mira la posibilidad de reformar un sistema electoral que en su anacronismo condena al país promotor de la democracia en un ejemplo de lo que fue y no puede ser más. Ya en 1969 hubo un intento de reforma electoral, que incluso fue votado por la Cámara de Representantes, pero finalmente no prosperó. Mañana veremos si podemos colocar en el próximo 2 de noviembre de 2005 alguna foto, algún objeto alusivo a la democracia estadunidense en nuestros altares de difuntos. Por lo menos, en la forma en que hasta ahora la conocemos.

Por cuanto a los temas de seguridad nacional, luego de los extraños señalamientos de Bin Laden, que a todas luces favorecen a Bush en la recta final de las campañas, sobre todo en una sociedad donde explicablemente el miedo desempeña un papel central, todo indica que los procesos que conducen a un gradual como inútil aislamiento seguirán.

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