Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 21 de diciembre de 2008 Num: 720

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La dulce espera
ANNIA MARTIN

Cecilia Urbina: escribir desde el presente
SUSANA CORCUERA

Arte y vacío social
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ entrevista con FRANCESC TORRES

Fidel Castro: de la Sierra Maestra a la batalla de las ideas
STELLA CALLONI

El falso Juárez de la derecha
PEDRO SALMERÓN

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Columnas:
Mujeres Insumisas
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Germaine Gómez Haro

Escultura en barro: Paloma Torres (I DE II)

El arte de la creación en barro tiene en nuestro país una tradición ininterrumpida desde los albores de nuestra civilización. Grandes ceramistas fueron nuestros antepasados precolombinos, práctica que devino en las prodigiosas manos de los artesanos y artistas modernos. La escultura contemporánea en cerámica ha tenido un auge ascendente desde la década de los setenta con figuras emblemáticas como Hugo x. Velásquez y, posteriormente, Gustavo Pérez y Adolfo Riestra. Ya en los noventa, una generación de creadores en barro comienza a destacar por sus innovaciones técnicas y formales, y se da a conocer principalmente mediante exposiciones colectivas paradigmáticas, como fueron Terra incógnita (Museo de Arte Moderno, 1992), Un solo guiño (Museo del Arzobispado, 1999), y Escultura mexicana del siglo xx (Museo del Palacio de Bellas Artes, 2001).

Paloma Torres (México, DF, 1960) forma parte de esta generación de ceramistas, entre los que se encuentran Javier Marín, Miriam Medrez, Jorge Marín, Gerardo Azcúnaga, Marco Vargas y Maribel Portela, quien será el tema de mi siguiente reseña en este suplemento.


Cielo con estrellas

Hija del renombrado arquitecto Ramón Torres, Paloma creció rodeada de planos, perspectivas y maquetas, y desde niña desarrolló una especial percepción del paisaje urbano a partir de recorridos por las ciudades, en especial nuestra gran metrópoli. Actualmente se presenta la exposición Horizontes fragmentados en el Museo Federico Silva de San Luis Potosí, integrada por cincuenta y siete esculturas de pequeño y gran formato. También en el impresionante Centro de las Artes de esa ciudad –antigua penitenciaría recién remodelada por el arquitecto Alejandro Sánchez– se presentan dos piezas soberbias que parecieran realizadas ex profeso para los hermosos espacios abiertos de este recinto. El acertado título de la muestra hace alusión a las imágenes relacionadas con la complejidad visual del entorno urbano, como bien sugieren algunas de las obras: Recorridos urbanos, Estructura de ciudad, Conjunto de ciudad, Edificios, Fragmento de ciudad.

En palabras de la creadora, su trabajo “tiene que ver con una crítica de lo que implica vivir en la ciudad”. Es decir, la pérdida de los espacios humanamente habitables debido a la masificación de las ciudades, la contaminación visual, el caos urbanístico, la enajenación, etcétera. Paloma reflexiona acerca de la posibilidad de recuperar la dignidad, la armonía y la identidad de nuestros espacios públicos, para propiciar un medio menos agresivo y hostil que se refleja directamente en la psicología de los habitantes. Ya no es posible ver los horizontes con claridad, y de ahí la fragmentación de nuestra mirada al mundo y al espacio circundante.


Mirando al cielo, Tótem

En los últimos tiempos, Paloma ha incursionado también en la fotografía y se incluyen veintinueve vistas aéreas que ha tomado en diversas zonas de la ciudad, así como en parcelas de cultivo y parajes rurales. Como bien apunta Teresa del Conde en uno de los textos del catálogo, Paloma recurre a una “geometría muy libre, tocada por impulsos líricos”, que extrae de las retículas y composiciones que capta desde las alturas, a partir de las cuales desarrolla “una geometría emocional (casi pulsional)”. En algunas de estas imágenes fotográficas vemos también fragmentos de edificios en construcción en los que aparecen las varillas expuestas, la cimbra o los castillos, elementos que la artista retoma para incorporarlos en sus piezas de barro mediante bronce y latón.

Por su esencia misteriosa y sugerente de motivos arcaicos, algunas obras también remiten a piezas arqueológicas o vestigios de civilizaciones primigenias, como los menhires, tótems o estelas conmemorativas. Una enorme sorpresa me llevé al encontrarme con una pieza suya en el centro de la sala dedicada a la colección de arte prehispánico, en el imponente Museo De Young, inaugurado recientemente en San Francisco, California. Entre las vasijas y figuras de barro y piedra de las diversas culturas mesoamericanas, se integra perfectamente el hermoso Tótem, de Paloma, que revela la sutil fusión de los lenguajes simbólicos de las culturas ancestrales y la estilización y frescura de las formas contemporáneas.

No obstante su lenguaje no figurativo, las esculturas de Paloma Torres son presencias que habitan el espacio como espíritus a un tiempo etéreos y telúricos, y, a decir de Alberto Ruy Sánchez, “merecen y requieren ser revisadas y pensadas con tacto en los ojos, con ojos en la piel”.

(Continuará)