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Nueva poesía en México

En un mundo en el que es difícil ser escuchado generan opciones para difundir su obra

Seis poetas jóvenes demuestran que no existe sequía creativa

Se agrupan en colectivos, porque vivir de la poesía en este país es imposible

Publicar es una utopía; para otros, lo importante es que te lean

Su tono: cinismo, desazón, desencanto

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Anaïs Abreu, de 27 años, tiene tres publicaciones; ella misma encuaderna sus libros de manera artesanal y forma parte del grupo Poetas del Megáfono
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Daniel Malpica, de 20 años de edad, organizó el encuentro Ecos III, que se realizó en Casa del Lago. Afirma que en su generación hay mucha iniciativa y trabajo: los jóvenes estamos creando
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Manuel de J. Jiménez tiene 23 años; combina la poesía con sus estudios de Derecho y busca vasos comunicantes entre ambos lenguajes
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Iván Cruz Osorio considera que el empuje con el que trabajan los poetas de su generación es una acción a contracorriente de lo que pasa en las grandes trasnacionales
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Christian Peña dice que no lee a los autores de su generación: de alguna manera los poetas escribimos desde una misma época, sin importar si tenemos 60 o 20 años
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No sé si el libro es un tótem, pero yo sí quiero uno impreso, manifestó Claudina Domingo, de 26 añosFoto cortesía de los entrevistados
Ericka Montaño Garfias
 
Periódico La Jornada
Domingo 17 de mayo de 2009, p. 2

Son poetas menores de 30 años de edad que han ganado premios, que se acercan al público en presentaciones y lecturas. Representan a la nueva generación de poetas mexicanos, y además son editores, traductores, abogados o freelancean para seguir con lo que les apasiona: escribir poesía.

Leen a sus contemporáneos y se apoyan creando colectivos, ofreciendo talleres, colocando links en sus blogs que llevan a las páginas de otros poetas, de revistas, de convocatorias, becas y premios.

No temen a las nuevas tecnologías, entre las cuales se encuentra, por supuesto, Internet, pero también se valen del video o la música para aproximarse a sus lectores, para alejarse de la solemnidad y crear así breves performances.

Estos seis poetas son apenas una pequeña muestra de las inquietudes y retos que enfrenta la nueva generación. Hablan Daniel Malpica, Manuel de J. Jiménez, Anaïs Abreu, Claudina Domingo, Iván Cruz Osorio y Christian Peña.

Vivir de la poesía en este país es casi imposible. Es una complicación en el sentido de la sobrevivencia, dice a La Jornada Anaïs Abreu, de 27 años, quien se dedica a este género literario desde los 17.

Tiene tres libros publicados, con la particularidad de que ella misma los elabora. Aprendí a encuadernar artesanalmente. El tiraje del primero fue de 30 ejemplares nada más, porque es cosido con cabello. De los otros voy haciendo los que necesito; si se acaban, encuaderno más, y con lo que gano hago otros.

Además de escribir libros y actualizar su blog (http://sorjuanais.blogspot.com/) ofrece el taller de poesía artesanal (poesía y encuadernación) en Casa de Mora, y forma parte del colectivo Poetas del Megáfono. “Nos agrupamos –dice– para defendernos en un mundo o en un ambiente en el que a veces es difícil ser escuchado; un colectivo te da un poco más de fuerza, te abre puertas a las que tal vez como individuo sería más difícil acceder.”

Sin embargo, pertenecer a colectivos o redes no significa que escriban sobre lo mismo; cada quien mantiene su individualidad creativa, y también funciona para conocer lo que están haciendo los demás, así como para ofrecer su trabajo mediante correos electrónicos, contestar mails, estar pendientes de los blogs que crean en la world wide web y, en el caso de Poetas del Megáfono, para encuadernar libros, intercambiar opiniones y retroalimentarnos, explica Anaïs, quien participó junto con Manuel de J. Jiménez, Yaxkin Melchy, Angélica González y Daniel Malpica, en Ecos III, encuentro de poetas jóvenes que se realizó en Casa del Lago, y cuya tercera y última sesión fue suspendida por la emergencia sanitaria.

Daniel es el organizador de este encuentro, tiene 20 años y escribe en serio desde hace tres; es fundador del grupo Devrayativa (http://devrayativa.blogspot.com) que más que un colectivo es un sendero.

En la poesía joven hay muchísima iniciativa, hay trabajo; los jóvenes estamos creando. Hay quienes no tienen acceso a espacios para dar a conocer su trabajo; ahí entra Ecos, encuentro que se creó hace dos años.

Ante la dificultad de publicar en editoriales, Daniel, quien nació en la ciudad de México, dice: “eso nos interesa, porque es bonito, es padre que te den tu librito, pero no es lo más importante. Lo más importante es que te lean, que vean tu trabajo, eso es lo que verdaderamente nos interesa. Yo estoy muy satisfecho de haber ido al Metro a tocar y regalar mis poemas, y que me pagaran con una sonrisa.

Internet nos sirve porque su rango de alcance es global y nos ha permitido conocer personas de otros países, obtener obras que de otra manera no conseguiríamos; hay gente que está trabajando. Queremos que se vea lo que hacemos y que no hay una sequía intelectual, creativa, artística ni amorosa, puntualiza Daniel.

Manuel de J. Jiménez marca una diferencia entre un colectivo y una red. “No pertenezco a ningún colectivo, sino a la Red de poetas salvajes, la cual busca ser un movimiento de revaloración y reconstrucción de la poesía mexicana, cada quien con sus poéticas; además, hacemos una revista que se llama Trifulca”, la cual él dirige y que también es una editorial virtual. Ahí fue donde publicó su libro Los autos perdidos.

Manuel tiene 23 años y escribe poesía desde hace seis; estudia Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Siempre se ha manejado que el lenguaje del Derecho y el de la poesía son antagónicos; el primero es de poder y el segundo de libertad; pero hay puntos en los que logran unirse, porque son creativos, totalizadores.

“La poesía es como una reinterpretación de las cosas, del universo, y el derecho –con métodos distintos– también trata de contemplar y hacer hipótesis de todo. Por eso me nació la idea de buscar vasos comunicantes entre ambas.

“Mis temas principales –añade– son desgarradores: melancolía, desasosiego, existencialismo, lo kafkiano. No trato de emular a Kafka, sigo su pista, pero con la poesía.”

Sí le interesa publicar y está en pláticas con una editorial; mientras tanto lleva su poesía a la red en http://manualmanuel.blogspot.com

Iván Cruz Osorio, Claudina Domingo y Christian Peña participaron en el ciclo Nacidos en los 80, realizado en Casa del Poeta Ramón López Velarde.

Iván, de 29 años y dedicado a la poesía desde los 20, dice que publicar en las grandes editoriales es casi imposible. Es secretario de redacción de la revista Viento en vela, y también tiene su blog (www.ivancruzosorio.blogspot.com). Su obra aparece en las antologías Espacio en disidencia, Un orbe más ancho: 40 poetas jóvenes, Los mejores poemas mexicanos 2005 y 2006, entre otras.

Nacido en Tlaxiaco, Oaxaca, Iván destaca que en esta generación los poetas jóvenes publican sus propios libros; ellos los venden y distribuyen. Es una acción a contracorriente de lo que pasa con las grandes trasnacionales, además de que las editoriales independientes son las que sí se han lanzado a la aventura.

Traductor y freelance, también resume los temas que ocupan a los poetas de su generación. “Hay un tono de cinismo, de desazón, de desencanto. Creo que nuestra generación lleva la decepción de lo que ilusionó a nuestros padres. A mediados de los año 80 estaba la izquierda, el PRD, Cárdenas, las elecciones, el fraude del 88, los movimientos estudiantiles. Había una efervescencia, la búsqueda de la democracia, derrotar al PRI.

“Sin embargo, para nosotros, llegar a 2000, ver lo que pasó –para quienes votaron por el PAN–, de pasar de decir ‘esto es un nuevo amanecer’ a la desilusión total... Nuestra generación recoge esa depresión de nuestros padres, y estamos así no sólo en lo político, sino también en el tema del amor, que ya no se ve como antes.

El enfrentamiento con el amor es distinto al de hace 15 o 20 años; el hombre y la mujer se comportan de manera diferente. Estamos en un río revuelto, en el que predomina la desazón de no saber.

Claudina Domingo, de 26 años y nacida en el Distrito Federal, dice: veo gran diversidad de poéticas, de preocupaciones, de estilos, de intenciones; por ejemplo, hay una exploración del tema gay que no había en épocas anteriores.

Ella publicó el libro Miel en ciernes, en la editorial Praxis, y su blog es www.caballitodetroya.com, aunque en él, más que difundir su trabajo, busca hacer reír a otros.

“Finalmente, no sé si el libro es un tótem, pero yo sí quiero uno impreso. La utopía –que no debería serlo– es tener difusión, que tus libros se vendan en las librerías; esa es realmente una meta altísima. Muchas veces las editoriales que están dispuestas a publicarte no tienen penetración en librerías; está bien, pero si alguien quiere conseguir tu libro le cuesta trabajo.”

Christian Peña es uno de los pocos que no tienen página en Internet. Soy pésimo para eso, dice quien ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas dos años consecutivos. Pienso que los poemas deben estar en papel, porque es distinto leerlos si están en pantalla. Si algo no me gusta, en papel lo puedo rayar.

Nació en la ciudad de México en 1985, su obra se ha publicado en revistas como Alforja, Tierra Adentro y Blanco Móvil. Su libro, Lengua paterna, será editado por el sello Ediciones sin nombre, que dirige José María Espinasa; el otro se llama De todos lados las voces, el cual obtuvo el Premio Jaime Reyes de Poetas Jóvenes, por lo que será publicado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Hasta ahora, añade, no he buscado la publicación. Nunca lo he hecho. Sus temas varían: a veces me puede preocupar un personaje literario. Un tema recurrente es hablar sobre la enfermedad. En realidad es una manera de juntar los miedos.

Al escribir poesía puedo expresar mejor lo que pienso y siento. Me gusta la síntesis de la poesía y todo el trabajo de campo que se hace para decir algo, creo que es un diálogo cara a cara con el lector, más íntimo, porque no se vale mentir, debe ser una cosa franca, verdadera, consciente. Me gusta escribir poesía porque me gusta leer poesía.

Sin embargo, reconoce que no lee a los poetas de su generación, porque “de alguna manera los poetas escribimos desde una misma época sin importar si tenemos 60 o 20 años. Lo que cambia es la forma de interpretar el tiempo en que vivimos.

No entiendo mucho esa cosa de marcar generaciones; es práctico para hacer ciclos y encuentros, pero creo que en alguna medida todos somos contemporáneos.