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Oaxaca, por la defensa del sustento de la vida
Eva Hershaw*
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Desde que especialistas oaxaqueños y de la Universidad de Berkeley descubrieron semillas de maíz transgénico en la comunidad zapoteca de Guelatao, Oaxaca, las comunidades indígenas se aprestaron a defender el grano y su cultura. Arriba, imágenes de Teotitlán del ValleFoto de Eva Hershaw
E

l aire de Oaxaca siempre ha tenido un olor particular. La variedad de su gente y su tierra es abundante y variada: el dulce chocolate, el mole, el quesillo con flor de calabaza en las tlayudas, el mezcal; las calles de adoquín que corren bajo tonos colorados y ocres de arquitectura colonial, y sus ruinas arqueológicas dan cuenta de ella.

A pesar de la pobreza y la marginación del estado, sus pueblos y comunidades se caracterizan, entre otras cosas, por mantener vínculos de unidad inquebrantables –incluso más allá de las fronteras–, basados en su gran sentido de identidad y su profunda conexión con su tierra y su cultura de origen.

Este año, una nueva batalla se libra sobre el suelo oaxaqueño. Contra fuerzas enemigas con nombres en inglés –Monsanto, Pioneer High Bred y Down AgroScience–, hoy las poblaciones indígenas de Oaxaca buscan defender una conquista de 10 mil años de trabajo y dedicación: el maíz, que, según dictan sus creencias, es como su creador.

Desde que un grupo de científicos oaxaqueños e investigadores de la Universidad de Berkeley descubrieron semillas de maíz transgénico en la comunidad zapoteca de Guelatao, en 2001, surgió una fuerte controversia: ¿se debe dejar que el maíz genéticamente alterado se expanda sobre el territorio que alberga la probable cuna de maíz en el mundo?

La comunidad indígena se aprestó a defender con todo al sustento de la vida. Durante casi 10 mil años, el maíz ha sostenido las poblaciones zapoteca, mixteca, náhuatl y muchas otras más que habitan el suelo de la Sierra Madre. Existen 60 especies de maíz criollo en el país. Cada año, los cultivos forman parte de procesos cíclicos que garantizan las futuras siembras a partir de la selección y el almacenamiento de las semillas. Esto implica que no todo el maíz de la cosecha se utilice para consumo humano.

Aldo González, de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (UNOSJO), se ha convertido en uno de los principales voceros de la oposición indígena al maíz transgénico, y en uno de los más importantes promotores y defensores de la cultura del maíz, reconociendo en ella un valor que es más importante que el maíz en sí. González insiste en la necesidad de reconocer las relaciones bióticas de los ecosistemas destacando la importancia de éstos como factor que frecuentemente se omite en los reportes económicos. No sólo se vale defender el maíz, se debe defender todo lo que le rodea.

A pesar de que 70 por ciento del suelo oaxaqueño es considerado infértil por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el sagrado trío de maíz, calabaza y frijol sigue alimentado a muchos pueblos desplegados por las montañas pintorescas.

Desde la década de los 70 del siglo pasado, las comunidades indígenas han vivido una gran fuga de capital humano a otras regiones del país y al vecino Estados Unidos, debido a la falta de oportunidades. Después de los fallidos acuerdos de San Andrés, en el año 1996, una gran desconfianza en el gobierno ha crecido dentro de la población indígena, que ha manifestado abiertamente su falta de interés por depender del gobierno.

Aunado a esto, las transformaciones lentas, pero progresivas, de la forma de vivir de estos pueblos que adoptan nuevas necesidades, influidos por lo que a secas definiré como la modernidad, han generado que el valor del dinero remplace al del maíz, como comenta González, desvaneciendo así el sentido de comunidad que giraba en torno al alimento básico.

El gasto gubernamental en las comunidades indígenas está muy lejos de cubrir sus necesidades de bienestar y desarrollo; sin embargo, el mismo gobierno insiste, cada vez más, en la necesidad de impulsar programas para favorecer el apoyo a los cultivos transgénicos.

En febrero de 2009, el gobierno eliminó las prohibiciones sobre la producción de maíz transgénico firmadas en 1998, avalando a su vez 25 sitios de prueba en varias regiones del país. Aunque Oaxaca no se encuentra en la lista de regiones de siembra experimental, el principal tema de discusión es el siguiente: ¿Existe capacidad institucional creíble para controlar el uso y dispersión de estos transgénicos hacia los principales centros de origen y diversificación del maíz criollo?

Destacados científicos y analistas rurales aseguran que la respuesta es un no absoluto. Sin mecanismos comunitarios de control del material genético no hay ninguna esperanza. Las tiendas se abastecen con maíz importado del más barato, es decir, maíz transgénico; de esta manera, este material entra por toneladas en las comunidades de Oaxaca cada año.

Las comunidades indígenas han denunciado “las falsas promesas de la revolución verde, y estamos luchando para reclamar algo que corre el riesgo de perderse; nuestro objetivo es restablecer los ritos y ceremonias ligados a la producción del maíz”.

El maíz es uno de los principales referentes históricos del pueblo mexicano, su pérdida es preocupante no únicamente por la importancia sociocultural de la agricultura tradicional del maíz, sino porque al ser este país uno de los centros de origen del maíz, perder una variedad del grano en México representa perderla en todo el planeta.

* Especialista en cuestiones ambientales y políticas agrícolas, graduada en la Universidad de Washington. Fotógrafa.