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La muestra, integrada por obras de 100 creadores, se exhibe en el Museo Amparo de Puebla

Arte no es vida documenta cuatro décadas de performance en AL

La historia de esta disciplina en México cuenta sólo lo que se hace en el DF, dice el crítico Alberto López

Destacan los años 60, cuando los artistas rencauzaron la destrucción hacia la creación

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En la muestra se podrán apreciar acciones legendarias del Colectivo GRAV, de El techo de la Ballena, de Eduardo Favario y de Alejandro Jodorowsky, entre otrosFoto Cortesía de recinto
Yadira Llaven
La Jornada de Oriente
Periódico La Jornada
Domingo 27 de septiembre de 2009, p. 2

Cientos de fotografías, escritos, videos, recortes periodísticos, objetos y un enorme sofá con saltones resortes, creado por Rafael Montañés Ortiz, y que se encuentra clavado en la entrada principal del Museo Amparo (2 Sur 708, Puebla), documentan el panorama global de las acciones de arte y performance realizadas, durante las pasadas cuatro décadas, por más de 100 artistas en América Latina.

Se trata de la exposición Arte no es vida: acciones por artistas de las Américas, 1960-2000, organizada por el Museo del Barrio de Nueva York –una de las instituciones culturales más importantes del mundo–, la cual fue inaugurada anoche en la ciudad de Puebla y reúne el trabajo de artistas latinos, incluyendo creadores de Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana, Cuba y México, entre otros países de América del Norte y Caribe.

No es una muestra sencilla, pero sí sumamente rica y excepcional para la ciudad de Puebla, por que se podrá tener acceso de primera mano a material importante de la historia del arte.

Cuando se observa detenidamente Arte no es vida, a lo largo de sus nueve salas, pareciera que nos perdemos en un túnel del tiempo, pues a más de 40 años de estas primeras acciones performáticas en varios puntos del continente, a Puebla apenas está llegando el eco del movimiento con algunas expresiones artísticas que se apropian de las calles y espacios públicos, con contenidos netamente políticos y sociales.

El crítico de arte, Alberto López Cuenca, confirma a La Jornada que “la historia del arte y el performance contada en México es centralista, corresponde exclusivamente a lo que pasa en el Distrito Federal. De la provincia no sabemos nada, poco se ha contado de Guadalajara, Monterrey o Puebla”.

Las imprescindibles fichas técnicas que acompañan las 400 obras realmente reconstruyen el contexto en el que funciona la pieza, y permiten que cualquier visitante no sólo vea a un loco encuerado que da brincos en la calle, sino que logra reflejar el desequilibrio y la desigualdad que se vive en esos tiempos de dictadura, señala la proyección de uno de los videos.

La muestra, galardonada en 2006 con el premio de exhibición Emily Tremaine, plasma principalmente momentos de sufrimiento y conflicto, que explican por qué el arte no equivale a la vida cuando hay represión. Lo que muchas de estas obras sugieren es que, aunque el arte afirma y celebra la vida con fuerza regeneradora, además de afinar nuestro sentido crítico, las acciones de arte que abordan la desigualdad y los conflictos no equivalen a la vida real que es vivida bajo circunstancias de castigo.

Hay que recordar que la década de los años 60 fue de cambios sociales, lucha de clases, conflictos urbanos, huelgas, el comienzo de la intervención estadunidense en Vietnam, seguida por las dictaduras militares en América Latina; de ahí que algunos artistas rencauzaron la fuerza destructiva que veían a su alrededor, procurando aprovecharla como acción creativa, no con intenciones anarquistas, sino como punto de partida para nuevas propuestas desvinculadas con los antiguos regímenes.

Estrategias de provocación

El tipo de estrategias que cada artista utiliza, como se aprecia en el recorrido, es una provocación abierta, que rompió con el formato tradicional del arte de ese tiempo. Así podemos ver acciones legendarias del Colectivo GRAV, en París; de El techo de la Ballena, en Venezuela; la propuesta de Graciela Carnevale, de Marta Minujín y de Eduardo Favario, y a Alejandro Jodorowsky, chileno que vivió entre París y la ciudad de México, cuyas sólidas formulaciones teóricas estaban basadas en el principio del dadaísmo, surrealismo y la experimentación.

Además referencias obligadas de la obra de Tania Bruguera, Alberto Greco, Ana Mendieta, Francis Alÿs, Coco Fusco, Regina José Galindo, Teresa Margolles y Santiago Serra. Adicionalmente, el Museo Amparo propuso la integración de la obra de Marcos Kurtycz, con un biombo de 24 imágenes tamaño postal, que no se había exhibido en las muestras anteriores.

El recorrido cronológico de las obras es clave en la exposición, así como el catálogo bilingüe que la acompaña: “propone confrontar la escasa información que existe sobre ésta importante corriente de la producción artística de América Latina y el Caribe, y busca establecer vínculos, y explorar las diferencias de cara a la historia heredada del arte del performance”, explica Trinidad Fombella, gerente de Colecciones del Museo del Barrio de Nueva York, durante la visita.

Lo que vemos en Arte no es vida es un vistazo parcial de baja resolución, un fragmento de las infinitas acciones que se han llevado a cabo en varios lugares del globo en tiempo y espacio real, en los años recientes. Sólo podemos imaginar la riqueza, la plenitud y el profundo impacto emocional de cada acto. Sin embargo, la exposición, que permanecerá hasta el 5 de enero de 2010, logra presentar un panorama de un número de actos creativos nunca antes vistos: un hito en la documentación del arte acción.

Las salas están divididas según conceptos: multiculturalismo, posmodernismo, intervenciones en televisión, destructivismo, happenings, persistencia, precursores y neoconcret.

El Museo Amparo abre sus puertas de miércoles a lunes de 10 a 18 horas. Los lunes la entrada es libre.