Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 22 de noviembre de 2009 Num: 768

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El 7 de septiembre
AURA MARTÍNEZ

Mi testamento
MIJALIS KTSARÓS

Uno es muchos
RICARDO YÁÑEZ entrevista con ALBERTO ESTRELLA

La tía Lillian
JEANNETTE LOZANO

Antonio Cisneros: es animal el poema
JOSÉ ÁNGEL LEYVA

La conjura de los necios: cuarenta años de la muerte de John Kennedy Toole
RAFAEL REY

Umberto Eco: el poder de la insolencia
JORGE GUDIÑO

Leer

Columnas:
Prosa-ismos
ORLANDO ORTIZ

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Germaine Gómez Haro

Popurrí de conceptualismos en el MAM:
Hecho en casa (I DE II)

Uno de los aciertos del actual director del Museo de Arte Moderno –Osvaldo Sánchez– ha sido poner énfasis en el soporte didáctico de sus exposiciones. En los últimos tiempos los guiones curatoriales de las diferentes exhibiciones han sido complementados con nutridas fichas de sala que contextualizan los trabajos presentados con el afán de guiar a los espectadores por los senderos y vericuetos de la multivariada creación artística. Esta finalidad didáctica es el motor que impulsó el proyecto Hecho en casa que se exhibe actualmente en ese recinto, una colectiva que reúne alrededor de cuarenta artistas de diversas generaciones y propuestas creativas, hilvanados en torno a “las prácticas objetuales en el arte contemporáneo mexicano”, según reza el subtítulo de la muestra.

Como es de todos sabido, nunca antes el arte había sido tan incomprensible para el público en general, guste o no guste. Llevamos décadas hablando de “conceptualismos” y elaborando toda suerte de soportes teóricos para sustentar y legitimar una inconmensurable cantidad de obras que resultan accesibles sólo a un puñado de “entendidos”, y eso si acaso. “¿Será que el arte se ha divorciado de los hombres?” se pregunta José Javier Esparza en su ácido libro Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo (Editorial Almuzara, España, 2008). Lo cierto es que una gran parte de los espectadores que visitan los museos de arte contemporáneo alrededor del mundo, sale frustrada, enojada o, en el mejor de los casos, espantada, y con la sensación de que se trata de una tomadura de pelo, de una farsa, o inclusive de una desagradable provocación. No podemos negar que a veces ocurre algo de esto, pero, en términos generales, la pregunta común debería ser: ¿el mundo del arte actual se ha vuelto loco? En parte sí, y las causas de la locura pueden ser muchas, especialmente en lo que se refiere al capítulo mercantil, pero quizás sea mejor intentar entender este arte enloquecido como la expresión de una cultura nihilista que lo permea y absorbe todo. Entonces, vale la pena plantearse cómo tender puentes entre tantas obras inaprensibles e inaccesibles y los diferentes públicos (porque no se puede hablar de un solo público).


Sin título, Melanie Smith

Para tal efecto, el equipo curatorial del MAM ha tomado como punto de partida “las áreas más radicales de práctica artística referida al objeto, e históricamente encasilladas dentro de lo escultórico” para construir un recorrido visual que abarca una serie de prácticas y procesos creativos que incluyen el ready-made, el artefacto, el objeto como gesto escultórico, el ensamblaje, la instalación, el objeto documentado, el objeto encontrado, el registro de acciones. La selección de las obras obedece a la propia naturaleza de las prácticas contemporáneas: la diversidad de lenguajes, materiales, técnicas, ideas, planteamientos estéticos, filosóficos y políticos… Es un popurrí de propuestas un tanto desigual en cuanto a niveles de calidad –a mi parecer hay bueno, malo y regular–, pero que a fin de cuentas cumple con el objetivo de presentar un amplio panorama de las llamadas prácticas objetuales realizadas en nuestro país en las últimas décadas.


Lego,lego, Miguel Monroy Fotos: cortesía del Museo de Arte Moderno

El complemento didáctico de la muestra consiste en la integración de numerosas fichas explicativas que intentan ir tejiendo el complejo entramado del devenir del arte contemporáneo. En un principio me pareció una excelente iniciativa y me alegré al pensar que, después de consultar las mencionadas fichas, un gran número de espectadores se beneficiaría de este esfuerzo y saldría de la muestra con una idea bastante clara de lo que estaba viendo. Era domingo y había una inusitada afluencia de jóvenes, por lo que decidí observar su reacción y comportamiento. De inmediato me percaté de que la mayoría de los visitantes no se detenía a leer las fichas y se divertía riéndose de algunas obras en tono burlón, amén de la cantidad de comentarios despectivos e inclusive soeces de algunos de ellos. La mayoría parecía divertirse en grande, y eso me parece más que favorable, pues el arte –solemnidades fuera– no tiene por qué estar divorciado de lo lúdico y la diversión; sin embargo, no pude evitar cuestionarme si al abandonar el museo estos muchachos se llevarían algún mensaje conmovedor en la mente o en el espíritu. Es difícil asegurarlo y fácil intuirlo. Pareciera que lo mejor que se llevaban de la visita eran las fotografías realizadas con los celulares frente a las piezas más vistosas o inverosímiles, que servían de telón de fondo a sus imágenes de souvenir dominguero. (En la siguiente entrega haremos un recorrido por las obras expuestas).