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El tema de la píldora anticonceptiva de emergencia, una de las causales, dice Nelson Ávila

Opus Dei, determinante en el golpe: ministro asesor de Zelaya

Se trata de un grupo suprapartidario que busca perpetuarse en el poder, coinciden analistas

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Imagen captada frente al Congreso hondureño durante la sesión en que se ratificó la destitución de Manuel ZelayaFoto Reuters
Arturo Cano
Enviado
Periódico La Jornada
Viernes 4 de diciembre de 2009, p. 20

La Paz, Honduras, 3 de diciembre. La Virgen del Pasaporte ha cambiado de casa. Una noche de julio quisieron quemar la iglesia, dice Rubenia Castillo, su cuidadora, que atribuye el sacrilegio a “los problemas de Mel (el presidente Manuel Zelaya), porque eso nunca había pasado” desde que, a mediados de los 80, su padre, Pablo Castillo, fue encargado por el presidente Roberto Suazo Córdova del templo erigido en un cerro que domina el Valle de Comayagua, y desde donde se divisa la base aérea de Palmerola (Estados Unidos mantiene ahí una fuerza de 400 hombres). A la mitad de los 80, cuando fue construida, llegó a albergar 2 mil efectivos. Eran los tiempos de la contra nicaragüense, que muchos favores recibió de los gobiernos hondureños.

La escultura de poco más de un metro de alto, de la Virgen del Perpetuo Socorro, es el pago de otro favor. Le fue regalada a El Brujo Suazo por un connotado miembro supernumerario del Opus Dei, el empresario español José María Ruiz-Mateos.

Historia vieja que ni vendría a cuento de no ser porque en el centro de Tegucigalpa hay una estatua del fundador de la obra, el santo José María Escrivá, y porque un grupo suprapartidario de miembros y simpatizantes del Opus Dei ha tenido un papel de primera línea en el golpe de Estado y pretende, como dice el analista hondureño Gustavo Irías, perpetuarse en el poder.

Para comenzar por algún lado, hay que decir que a la llegada al gobierno de España del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en los primeros ochenta, el acaudalado empresario Ruiz-Mateos fue acusado de evasión fiscal y otros delitos. Huyó a Inglaterra y fue finalmente capturado por agentes de la Interpol en Alemania, con otra identidad: la de un diplomático hondureño.

El pasaporte, cuenta la historia que se pierde en los laberintos del tiempo y la diplomacia, fue canjeado por la escultura de 100 kilos de peso, entregada al mismísimo Suazo por José María Sabater y su esposa, Misericordia Miarnaus, colaboradores de Ruiz-Mateos. Sabater era, para más señas, cónsul honorario de Nicaragua en España, honor conferido por Anastasio Somoza.

En su modesta vivienda, cerca del templo de mármol y buenas maderas, ve pasar sus últimos días el vigilante original, Pablo Castillo, quien ya casi no puede caminar. Su hija Rubenia es ahora la encargada y es ella quien cuenta la historia del presunto intento de prenderle fuego al pequeño templo de la Virgen de Suazo o la Virgen del Pasaporte, como más le conocen aquí. La voz popular jura, por supuesto, que la estatua llegó rellena de dólares, un pequeño gesto que pagó el pasaporte diplomático.

En los convulsos días del golpe de Estado, cuando las protestas de la resistencia se extendieron a este tranquilo pueblo, alguien arrojó al interior del templo una estopa con gasolina. Nomás se chamuscó una banca, pero el hecho fue suficiente para que los curas decidieran llevarse la escultura a otro templo, de la Virgen de las Mercedes, en el centro del pueblo. Y ahí está mientras en su casa original se levantan muros que serán coronados con serpentina, ese alambre de púas que remata casi todas las bardas clasemedieras y ricas de Honduras.

Armando y Pablo son los dos sacerdotes encargados de la custodia de la Virgen del Pasaporte. Los dos son mexicanos, de la Orden de las Mercedes, y llevan en Honduras desde enero, cuando llegaron con otros 48 de sus pares a conmemorar la primera evangelización de este territorio, que corrió por cuenta de sus antecesores.

Armando comienza a decir que el connato de incendio sí tuvo una motivación política, pero Pablo, más joven y más grillo, ataja: No lo podemos asegurar. Además, aquí nada más se hizo una sola manifestación en el parque, y nuestra comunidad sigue viniendo a misa, aunque sí están divididos, porque, ya sabe, aquí se está con uno o se está con otro.

La iglesia está semivacía, en plenas fiestas patronales, y en las calles se notan todavía las huellas del hijo pródigo: casi todas las calles de La Paz están pavimentadas, cosa muy rara en poblaciones de este tamaño en Honduras, y la avenida principal, el Boulevard de la Guardia de Honor Presidencial, luce un puente peatonal y la estatua de un soldado, con arma larga y uniforme camuflado de vivos colores.

Suazo Córdova, al que atribuían poderes mágicos, hizo construir además un estadio con capacidad para 20 mil espectadores, que quizá nunca se ha llenado, pues La Paz tiene apenas 10 mil habitantes.

A principios de marzo de 1984, el embajador de Honduras en España, el abogado y político liberal Andrés Alvarado Puerto, tuvo que renunciar a su cargo en medio del escándalo, pese a que la cancillería hondureña desmintió haber expedido un pasaporte diplomático para Ruiz-Mateos, con un nombre falso, naturalmente.

Alvarado Puerto fue ministro de los gobiernos militares de los años 50 del siglo pasado y después ministro de Relaciones Exteriores de los gobiernos de Ramón Villeda Morales (derrocado en 1963) y Ramón Ernesto Cruz (derrocado por otro golpe en 1972).

Ruiz-Mateos largo tiempo supernumerario del Opus Dei, cuyos directivos lo presentaban como ejemplo de padre modelo, empresario ejemplar y protector destacado pasó varios años en la cárcel y se olvidó de Honduras, pero su huella parece haber prevalecido en este país al que regaló una virgen.

Martha Lorena Alvarado, la hija del embajador renunciante, es hoy destacada figura del régimen de facto y una de las cabezas más visibles del Opus Dei en el país.

Es dirigente liberal, pero al mismo tiempo, coinciden analistas, es parte de un grupo suprapartidario, inspirado en el Opus Dei y formado tanto por liberales como por nacionalistas, que se colocó por encima de las elites de los partidos y que busca perpetuarse en el poder.

Según Nelson Avila, ministro asesor de Manuel Zelaya, este grupo fundamentalista católico traspasa fronteras partidistas y su influencia fue determinante en la planeación y ejecución del golpe.

Del lado liberal, el núcleo que da la cara está formado por dos matrimonios: Martha Lorena Alvarado y su esposo Leonardo Casco Fortín, y Mauricio y Gracia de Villeda. Impedido por uno de los artículos pétreos de la Constitución para aspirar a la presidencia de la República, Elvin Santos fue, en 2008, a una campaña peculiar, con el lema Votar por Mauricio es votar por Elvin.

Más tarde logró que la Corte Suprema pasara por alto la violación a uno de los artículos intocables de la Constitución –que es la acusación formal contra Zelaya– y fue candidato presidencial.

Al renunciar una de sus designadas presidenciales (tres personas que fungen como una suerte de vicepresidentes), por fidelidad a Zelaya, Villeda ocupó su lugar.

Villeda es también director de la escuela Alveradán, para varones, donde se forma parte de la elite hondureña. Su esposa Gracia, candidata a diputada, resumía hace un par de años la lucha de las dos parejas: la ideología de género ha llevado a contraponer a la mujer en contra de sí misma, porque ha llevado al desprecio de la maternidad que es una condición y una característica inherente a la naturaleza nuestra y nos ha llevado a enemistarnos con la familia.

La guarida del Opus y la simiente de la UCD, dicen Gilda Rivera, de Feminista en Resistencia, es el Foro Nacional de Convergencia, encabezado por otro Villeda, Leonardo, un desvisado por Estados Unidos. Para ellos, todo lo que huela a educación sexual es igual a aborto, resume la también feminista Regina Fonseca.

La influencia de este grupo sobre el ex aspirante presidencial Elvin Santos era directa. Algunos afirman que su esposa, Becky de Santos, es integrante del Opus Dei.

Según diversas fuentes consultadas, también forman parte del grupo personajes que han jugado un papel de primera línea en el golpe, como el empresario Arturo Corrales, negociador de Micheletti y dueño del Partido Demócrata Cristiano, y muy influyente en la Universidad Católica; además de la diputada Marcia Villeda, ligada a los dueños de televisoras.

El clero une lo que los partidos separan

Por el lado del Partido Nacional, que arrasó en las cuestionadas elecciones del domingo, también se cuecen las habas del Opus Dei. Bajo el gobierno del nacionalista Rafael Callejas, José María Escrivá fue declarado hijo predilecto de Honduras y el cardenal Oscar Rodríguez, salesiano, inauguró una plaza en su honor. El cardenal, alguna vez papable, es considerado golpista por la resistencia.

Tal es el caso del canciller del gobierno de facto, Carlos López Contreras, activo defensor de la presencia de la contra nicaragüense en los años 80 (lo que le valió el cambio de su apellido a López Contras). Su esposa, Armida de López Contreras ha sido una de las principales figuras de la Unión Cívica Democrática, que organizó a la sociedad civil en defensa del golpe de Estado. Armida fue designada presidencial en el cuatrienio del otro nacionalista que ha ocupado la presidencia de Honduras, Ricardo Maduro, quien llegó al cargo a pesar de su nacionalidad panameña (en este caso tampoco importó pasar encima de un artículo pétreo de la Constitución).

Cuentan que el embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens, se quejaba de que lo avanzado por la mañana con López Contreras se derrumbaba en cuanto él regresaba de comer con su esposa, una de las líderes más radicales de la UCD.

Cuando Micheletti aflojaba, ellos apretaban, confirma la dirigente feminista Gilda Rivera.

Según el periódico El Libertador, otro de los destacados miembros del Opus Dei en la política hondureña es el relecto alcalde de Tegucigalpa, Antonio Alvarez, que hizo campaña con el lema Primero los pobres. Alvarez forma parte de una corriente del Partido Nacional que desconfía de Porfirio Pepe Lobo, y ha batallado contra él por el control del partido.

Muchos de los hombres más ricos de Honduras ocultan sus vínculos con el Opus Dei. No es el caso de Antonio Tavel Otero, dueño de la empresa que controla más de dos tercios de la telefonía celular en el país. En los primeros días del golpe, Tavel, padre de ocho hijos, retiró la publicidad de medios como Radio Globo, en castigo a su apoyo a Zelaya (aunque su justificación fue que eran groseros).

Una reciente entrevista con Tavel, en el diario La Tribuna, propiedad del ex presidente Carlos Flores Facussé, remató así: “Nos despedimos de don Antonio. Tiene fe en Dios en que la situación será superada (provocada por el golpe de Estado) y para ello pide la mediación de San José María Escrivá, fundador del Opus Dei, ‘iluminando los caminos de la Tierra con la luminaria de la fe y del amor’”.

La píldora y el golpe

El grupo fundamentalista se ha opuesto, con éxito, a la publicación de Guías de Educación Sexual para distribuirlas en las escuelas públicas. Antes de ser vicecanciller del gobierno de facto, Alvarado era diputada y promovió exitosamente una ley para prohibir la pastilla anticonceptiva de emergencia (PAE). Su iniciativa obtuvo los votos necesarios gracias a un dictamen del Colegio de Médicos, entonces encabezado por Noé Villafranca, quien afirmó que la píldora era microabortiva. En mayo, Zelaya vetó la ley, y el asunto sigue en litigio en la Corte Suprema.

El tema de la píldora fue una de las causales del golpe, un hecho que decidió la participación en su planeación y ejecución del grupo del Opus Dei, dice Nelson Ávila.

En cuanto Alvarado se instaló en el gobierno, como una de las principales colaboradoras de Micheletti, hizo nombrar a Villafranca ministro de Salud. En su eterno intercambio de favores, Villafranca emitió un decreto ministerial para prohibir la PAE.

Un acuerdo ministerial pretendió acabar con un veto presidencial, que puso el presidente Zelaya con toda legitimidad, dice el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, que presentó un recurso de amparo que, quizá por la influencia de Alvarado, fue rechazado por la Corte.

El periodista Manuel Torres conviene en que se trata de un grupo suprapartidario, aunque más interesado en controlar determinadas áreas de la vida pública, como la salud y la educación, todos los espacios desde los que puedan combatir al Estado laico.

Torres dice que se equivocan quienes piensan que la asonada fue para combatir al venezolano Hugo Chávez. El golpe responde a tendencias muy conservadoras que buscan regresiones, no sólo en los derechos civiles y políticos, sino también en los sociales. Es una plataforma contra el cambio.

El padre de Martha Lorena Alvarado fue, además de embajador de la Virgen del Pasaporte, el representante de Honduras en la reunión de Punta del Este, que en 1962 expulsó a Cuba de la Organización de Estados Americanos. De él debe haber aprendido cómo interpretar la actitud de la mayoría de los países del mundo hacia el golpe. Ella lo puso así en un reciente programa de televisión: “Es un acto heroico lo que hicimos, un acto suicida (el golpe)… Si un extraño interpreta mi vida familiar, muy difícilmente puede entender lo que hay dentro de mi casa”.

Por lo pronto, los fundamentalistas están tranquilos. Lo dice Martha Lorena Alvarado en una breve entrevista con este diario: “Para su información, Pepe Lobo es respetuoso de la vida. De hecho, él decretó el ‘Día del no nacido’ en su periodo de presidente del Congreso”. Martha Lorena y los suyos se oponen, por supuesto, al aborto en cualquier circunstancia, incluyendo casos de violación.

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