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El periodista presentó su libro Malayerba, publicado por editorial Jus

Javier Valdez busca retratar cómo contamina el narco la cotidianidad

Reúne una selección de textos de su columna que aparece en un semanario de Culiacán

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Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de La Jornada en Sinaloa, durante la presentación de su libro Malayerba, el jueves, en la UASFoto Leo Espinoza
Celia Cortés/ Ríodoce
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Sábado 13 de febrero de 2010, p. 6

Culiacán, Sin., 12 de febrero. Este jueves se presentó el libro Malayerba, de Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de La Jornada. Se trata de una selección de textos publicados en su columna del mismo nombre, en la que a manera de crónica y sin utilizar nombres reales narra historias del narcotráfico y cómo este fenómeno permea todos los ámbitos sociales en el país.

El escritor y periodista Federico Campbell, quien presentó el libro, afirmó que Malayerba es una sola crónica distribuida en episodios aparentemente inconexos, criaturas de la realidad que se desdoblan en personajes o quieren perderse con otros nombres y en otros lugares en el tejido de la literatura. Desaparecen sus nombres, pero queda su alma.

Con la presentación de Malayerba, editado por Jus, con prólogo de Carlos Monsiváis, el periódico semanal Ríodoce celebró su séptimo aniversario en un acto efectuado en la Torre Académica de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Campbell indicó que “Malayerba da cuenta involuntariamente de los efectos que el fenómeno del narcotráfico ha tenido en el imaginario colectivo de un pueblo que bien podría ser chihuahuense, sinaloense o sonorense”.

Los protagonistas de estas historias son ciudadanos comunes, desde niños, amas de casa, jóvenes o ancianos que de una manera u otra ven marcadas sus vidas por el narcotráfico sin tener nada que ver con ese fenómeno.

Mundo deprimente y estremecedor

Campbell señaló que en los relatos que pueblan y hacen vivir las páginas del libro de Javier Valdez, se registra la percepción que se tiene del traficante entre las clases medias y en los medios políticos: no es la misma que se vive en los estratos más bajos de la sociedad.

Otro mérito del autor, agregó, es el lenguaje, ya que en las historias el autor no quiere ponerse teórico, deja hablar a sus personajes, rescata su habla, respeta las cadencias de oralidad, que no han sido un reflejo del flujo de su pensamiento. Aquí está en este discurso espontáneo y popular, inocente tal vez, la otra cara de la historia, del otro lado de la luna, la antítesis de una versión gubernamental forjada por policías, abogados, políticos, académicos y periodistas.

Javier Valdez describe un mundo siniestro, deprimente y estremecedor, pero no exento de un sentido del humor a través del cual sale la casta de los personajes, la ironía, el apego a la vida, la ausencia de amargura.

Campbell subrayó: “La verdad sólo puede encontrar su refugio en los libros libremente realizados, como Malayerba, en un periodismo novelado que aun sin emplear nombres propios de personajes reconocibles en el teatro de nuestra criminalidad aproveche la densidad de las 300 páginas y todos los recursos de la narrativa literaria para aspirar a una verdad más profunda y no alcahuetear la verdad sucia de los policías, los abogados y los jueces”.

Alejandro Sicairos, subdirector de Ríodoce, señaló que es natural tener miedo, pero no es valiente tener miedo y correr primero sin procurar antes que los demás estén a salvo. La agobiante labor de investigar, sustentar y publicar, siempre con altas dosis de prudencia e inteligencia, es la única palanca que podrá sacar a la autoridad del ocio de la tolerancia y la confabulación.

Javier Valdez Cárdenas –autor también de Miss Narco, de editorial Aguilar– expresó que Malayerba es la madre de sus textos, ya que de ahí se desprenden otros trabajos periodísticos, y busca con sus historias retratar cómo el narcotráfico contamina y determina “todos los espacios, los intersticios de la vida cotidiana, de gente que no está necesariamente involucrada en la delincuencia, pero que la vive, goza y padece, porque el narco no es en muchas de estas regiones un fenómeno policiaco, sino una forma de vida”.