Opinión
Ver día anteriorLunes 5 de abril de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Jazz

Ángel Covarrubias y Víctor Patrón

Antonio Malacara
Án

gel Covarrubias es uno de los mejores guitarristas que hemos escuchado por estas tierras, con una técnica impecable, con amplio sentido atmosférico y con un sorprendente poder de adaptabilidad, que lo mismo le permite aparecer como solista en equis escenario con Las hojas muertas y La chica de Ipanema a cuestas, que sumergirse en las profundidades de sus propios conceptos y entregarnos un muy buen disco con el título de Ethnotika, el sexto en su haber como solista.

Previamente, el maestro había formado parte de las big bands de Pepe Mata y de Miguel Ángel Flores, Fakir, además de tocar y componer al lado del Cuarteto Mexicano de Jazz (con Francisco Téllez) y del grupo Grafitone (con Germán Bringas). Después estudió informática administrativa, puso su propio negocio y se retiró a los mundos paralelos del ciberespacio. Pero afortunadamente, a los 38 de edad, en 2005 decidió regresar a la síncopa, trazar sus propias rutas y grabar su primer disco solista: Señales.

En 2010, con el lanzamiento de Ethnotika, Covarrubias reacomodó las baterías por los vanguardistas rumbos que llevaba el grupo Grafitone, aunque con una carga melódica mucho más evidente, que parecía reflejar con mayor fidelidad los sentires y los consecuentes decires de su guitarra. Dos de sus antiguos compañeros de Grafitone, la excelente chelista Maricarmen Graue y el baterista Manolo Rodríguez, aparecen como invitados en dos tracks: Noche en Ermita y El aprendiz, dos delicias iconoclastas que resaltan automáticamente del resto del contenido, aunque es en El aprendiz donde definitivamente el compositor alcanza sus mejores momentos, con un bajo eléctrico que repta obsesivamente alrededor de las espesas propuestas de chelo y teclado, mientras las percusiones prefieren servir únicamente como sólida plataforma.

En el resto de este compacto hay encuentros y desencuentros, disparidades que te enfrentan igual a timbres prehispánicos (Ritual chamán) que a gratificantes aires nacionalistas de principios del siglo XX filtrados por el nanosentir de principios del XXI (Zenzontles), que a ecos funk-melódicos o a gigantescas miniaturas de colección (San Bartolo). Por momentos sentimos también que Covarrubias, siendo tan buen guitarrista, se engolosina con el secuenciador. Pero allá él y su pecata minuta.

Víctor Patrón es un pianista de excepción, y aunque sus ópticas personales alrededor del jazz encuentran rápido acomodo en la fusión eléctrica, el jazz rock y vicisitudes por el estilo, él se ha ejercitado, y bien, en los más diferentes estilos, tocando desde hace dos décadas con gente tan importante como Enrique Nery, Popo Sánchez, Iraida Noriega, Juan Alzate, Pepe Hernández, Ricardo Benítez o Cris Lobo (reconocido entre los antiguos sumerios como Cristóbal López).

Y es ahora, con 40 años encima, que el sobrino de don Mario Patrón, e hijo del ingeniero Víctor Patrón, hace entrega de su primer disco como solista. El título es Con tu adiós, y la idea central fue el recate de toda una vida como compositor. Así, Víctor logró convocar a gran parte de los músicos que han tocado con él y grabó 10 temas (nueve de su cosecha) que ilustran a la perfección su trayectoria jazzística. Lo has oído, por ejemplo, es una pieza que tocaba hace más de 15 años en los añejos días de El Arcano, que fuera uno de los más célebres clubes de jazz en la ciudad de México.

Sal y limón y Con tu adiós, la pieza que da título al disco y que el pianista dedica a la memoria de su padre, son la dotación acústica del proyecto. Todo lo demás es un buen alegato eléctrico (aunque por momentos un tanto lineal) que contiene la fuerza de músicos como Jako González, Giovanni Figueroa, Aarón Cruz, Betuco, Armando Montiel, Pepe Hernández y muchos otros etcéteras. Podríamos agregar solamente que Con tu adiós es un tema que ilustra con claridad la enorme belleza que puede desprenderse de un mal momento, cuando el que lo vive tiene arte en las venas.

Y finalmente Papá Beto cerró sus puertas. Después de siete años de fungir como el mejor lugar de jazz en esta ciudad, los dueños del inmueble se salieron con la suya y van a construir ahí su unidad habitacional. La comunidad jazzística despidió al club con una emotiva e interminable fiesta la noche del 31 de marzo.

Pero ahora resulta que el Casino Life, un lugar de lujo ubicado en Insurgentes Sur, casi esquina con Félix Cuevas, ha ofrecido a Betuco y a Yuko la oportunidad de llevar el concepto de Papá Beto a ese enorme escenario. Sí, ahora nace Noches de Papá Beto, y todos los jueves, a partir del 13 de mayo próximo, habrá jazz por aquellos lares. La primera noche estará a cargo del Cuarteto de Héctor Infanzón y de Wet Paint, el grupo de casa. Salud.