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Ver día anteriorDomingo 10 de octubre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿Qué se necesita para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio?
Helen Clark*
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ara las personas que viven en situación de pobreza, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) nunca fueron metas abstractas o aspiraciones sino que ofrecieron un camino hacia una vida mejor; una vida con acceso a alimentación e ingresos adecuados; a educación básica y servicios de salud; a agua limpia y saneamiento y al empoderamiento de las mujeres.

Dicho en términos simples, alcanzar los ODM significa una vida mejor para miles de millones de personas. Los objetivos pueden lograrse y hay una gama de políticas probadas y comprobadas que, adaptadas a los contextos nacionales, pueden asegurar su progreso.

Tomando como base estudios de cincuenta países para verificar qué acciones funcionaron y cuáles son los obstáculos en común para el progreso, el PNUD culminó una evaluación internacional con el propósito de determinar hacia dónde dirigir la atención para alcanzar los ODM. Se identificaron ocho áreas.

Primero, se enfatiza la importancia del desarrollo impulsado por los países.

Las estrategias de desarrollo deben ser de apropiación nacional y deben tener el respaldo de un amplio consenso nacional. Es de gran ayuda cuando las instituciones de un país son responsivas y susceptibles a rendición de cuentas, y tienen la capacidad para implementar políticas y programas para los ODM.

Los aliados en el desarrollo pueden ayudar respaldando la planificación que incluya las perspectivas de las personas pobres y marginadas; y también apoyando el fortalecimiento de las capacidades necesarias para movilizar recursos, tomar decisiones basadas en la evidencia, y suministrar servicios.

Segundo, se necesitan más modelos de crecimiento económico inclusivo para impulsar el progreso de los ODM.

La evidencia sugiere que las reducciones aceleradas de la pobreza y el hambre son resultado del crecimiento económico que en el cual abundan los empleos, y que está específicamente orientado hacia el desarrollo agrícola y rural en los países en desarrollo donde grandes cantidades de personas viven de la tierra. También ayuda una distribución justa de los ingresos, bienes y oportunidades.

En el mundo en desarrollo, 2 mil 500 millones de personas dependen de la agricultura para su subsistencia. El aumento de la producción agrícola puede reducir la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria simultáneamente. Para ser más productivos, los agricultores necesitan mejores fertilizantes y semillas, servicios de divulgación, derechos a la tierra seguros y acceso a los mercados.

Ghana ofrece un buen ejemplo de lo que puede funcionar en esta área. Mediante un programa a nivel nacional de subsidio de fertilizantes, logró aumentar su producción de alimentos en un cuarenta por ciento. Esto contribuyó a la disminución de 9 por ciento del hambre en Ghana entre 2003 y 2005. 

Para incrementar la producción agrícola también se requieren mejoras en la infraestructura rural. También ayudaría que la Ronda de Doha de la OMC llegara a conclusiones que funcionen para las personas y los países pobres.

En las últimas décadas se observó una brusca disminución en la asistencia oficial para el desarrollo destinada al sector agrícola. Sin embargo, el acuerdo del G8 en L’Aquila, el año pasado, de invertir en Seguridad Alimentaria Mundial fue un paso positivo en dirección contraria a esa tendencia.

Tercero, se deben mejorar las oportunidades para las mujeres y las niñas.

Este sería un poderoso propulsor del progreso de todas las metas de los ODM. La evidencia muestra que los hijos y las hijas de mujeres con alguna educación formal tienen más posibilidades de sobrevivir hasta su quinto año de edad, recibir nutrición adecuada, vacunación, y acceder a la escolarización.

En Vietnam, la tasa de mortalidad entre los niños y las niñas de madres con educación primaria es de 27 muertes cada mil nacimientos vivos, mientras que la tasa aumenta a 66 cada mil si la madre no recibió educación.

En general, el empoderamiento de las mujeres y niñas debe considerarse prioridad. Esto debe incluir medidas que reduzcan la carga de trabajo doméstico y que ofrezcan más empoderamiento económico y político.

Algunos países están abordando este último tema con la introducción de cuotas para la representación de las mujeres. Un ejemplo notable es Ruanda, que tiene la más alta proporción de parlamentarias en el mundo. Más de 50 por ciento de los integrantes de la Cámara de Diputados, 35 por ciento del Senado, y 36 por ciento del gabinete, son mujeres.

Cuarto, las inversiones dirigidas a la salud y educación, agua limpia y saneamiento, y a los profesionales que operan estos servicios son esenciales.

Se han registrado mejoras rápidas tanto en la educación como en la atención sanitaria allí donde la inversión pública adecuada ha acompañado a la eliminación de tarifas para los usuarios. Países como Etiopía, Ghana, Kenia, Mozambique, Malawi, Nepal, Tanzania, por ejemplo, todos ellos observaron incrementos en la matriculación escolar.

Las nuevas alianzas mundiales han aumentado la vacunación masiva, la distribución de mosquiteros, la disponibilidad de fármacos antirretrovirales para personas que viven con VIH/sida, y la asistencia calificada durante el parto.

La vacunación contra el sarampión, por ejemplo, llegó a 700 millones de niños a nivel mundial entre 2000 y 2008, reduciendo las defunciones en un 68 por ciento durante ese período.

Sabemos que tales intervenciones funcionan. Ahora necesitamos un esfuerzo concertado para aumentarlas a escala y asegurar que los beneficios sean sostenibles, aún durante periodos de recesión económica.

Quinto, deben aumentarse a escala la protección social y la creación de empleos.

Los programas de transferencia monetaria, Bolsa en Brasil y Oportunidades en México, han aumentado las tasas de matriculación y asistencia escolar, y también redujeron el trabajo infantil. Los éxitos en educación fueron logrados con la ayuda de incentivos monetarios para la matriculación escolar de los niños y las niñas.

En lugar de considerarse un gasto para el presupuesto de la nación, la protección social debe considerarse como una inversión crucial para crear la capacidad de resistir las crisis presentes y futuras y para mantener los beneficios del desarrollo logrados con tanto esfuerzo.

Sexto, debe extenderse el acceso a la energía, así como la posibilidad de desarrollo con bajo nivel de emisiones de carbono.

La extensión del acceso a la energía tiene un efecto multiplicador en el logro de los ODM. Aumenta la productividad; reduce las muertes relacionadas con el humo; lleva iluminación a los hogares, escuelas y hospitales; y libera a las mujeres y niñas de las tareas domésticas que consumen tiempo como, por ejemplo, moler granos.

La extensión del acceso a la energía en Burkina Faso, Ghana, Mali, y Senegal ha creado oportunidades para las mujeres de generar ingresos, al tiempo que reduce el tiempo que dedican a la recolección de leña y agua y otras tareas domésticas.

En una época de restricción del carbono, el crecimiento basado en una presencia reducida del carbono es vital para todos los países. Para lograr esto, es esencial un acuerdo climático que genere suficientes fondos para las soluciones de energía y desarrollo con bajo nivel de carbono –y no se debe permitir que desaparezca de la lista de prioridades internacionales.

Séptimo, mejorar la movilización de recursos nacionales es crucial para acelerar el progreso de los ODM –incluyendo la mejora de la recaudación de impuestos y la ampliación de las bases fiscales.

También es necesario utilizar bien los recursos. Los países deben evaluar y ajustar regularmente sus presupuestos para maximizar el retorno de su inversión de los fondos públicos. 

Octavo, la comunidad internacional necesita cumplir con sus compromisos para brindar asistencia en desarrollo, y mejorar la previsibilidad y eficacia de su ayuda

La asistencia bien dirigida puede ser una catálisis para alcanzar los ODM, y para ayudar a los países a desarrollar las capacidades y los programas que necesitan para atraer a la inversión y financiación privada para asuntos climáticos.

El déficit entre la asistencia para el desarrollo proyectada para 2010 y lo prometido en la cumbre G-8 en Gleneagles en 2005, es de alrededor de 0.05 por ciento del producto interno bruto combinado de 2010 de todos los países en desarrollo. Esta brecha puede y debe cerrarse, aún en estos tiempos difíciles. Algunos países están cumpliendo sus compromisos, pero otros no.

Es importante celebrar el progreso de los ODM hasta la fecha. Tanzania, por ejemplo, ha logrado aumentar su tasa de matriculación escolar en más de 90 por ciento desde 1991; Sudáfrica ha reducido a la mitad la proporción de personas sin acceso a agua potable; y la tasa de pobreza en Egipto se redujo a la mitad desde 1999.

Este no es el momento de disminuir nuestra ambición y darnos por vencidos ante los obstáculos para alcanzar los ODM. La recesión mundial, las crisis alimentaria y energética de los últimos años, y los desafíos del cambio climático y los desastres naturales han obstaculizado el recorrido hacia 2015. Pero no hacen que los ODM sean inalcanzables si en forma colectiva tomamos la determinación de lograrlos.

Alcanzar los ODM significa una mejor vida para las personas pobres y vulnerables en todo el mundo. Las decisiones que nuestros países, comunidades y organizaciones tomen ahora son cruciales para la consecución de los objetivos.

*Administradora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y ex primera ministra de Nueva Zelanda