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Una exposición con tantas obras maestras del artista no se repetirá, señala experto

París evoca a Jean-Michel Basquiat con una deslumbrante e histórica retrospectiva
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La exposición Basquiat, en el Museo de Arte Moderno de París, se abrió ayer al públicoFoto Reuters
 
Periódico La Jornada
Sábado 16 de octubre de 2010, p. 4

París, 15 de octubre. Una deslumbrante retrospectiva de Jean-Michel Basquiat –quien empezó pintando grafitis en el metro de Nueva York– y antes de morir a los 27 años de una sobredosis era ya una leyenda, se abrió este viernes en el Museo de Arte Moderno de París.

Se trata de una muestra histórica la cual marca el 50 aniversario del nacimiento del artista, cuya obra fascinante y compleja se alimentó de la cultura de su madre puertorriqueña, de su padre haitiano y del frenesí y vitalidad de las calles de Nueva York, donde nació y creció.

En su breve e intensa vida, Basquiat –quien empezó firmando sus grafitis con el nombre de Samo– pintó unos 900 cuadros y unos mil 250 dibujos, de los cuales más de un centenar –algunos de ellos de gran formato– permanecerán expuestos hasta el 30 de enero en ese recinto, que los ha asegurado en 1.4 millones de euros.

Una exposición como ésta, con tantas obras maestras, no volverá a repetirse, afirmó Fabrice Hergott, director del museo parisino, que organizó la retrospectiva en colaboración con la Fundación Beyeler de Basilea, Suiza, espacio que acogió la retrospectiva el pasado verano.

Dotado de gran talento, apuesto, provisto de una rebeldía insolente, Basquiat dejó su marca en las paredes de Soho, un barrio de Nueva York que atraía a estudiantes, bohemios y marginales, así como en los muros de Harlem, el barrio negro de Nueva York, y en vagones del metro, antes de pasar a la pintura.

El único artista negro –en un mundo de blanco–, mezcló en su obra los diferentes formatos y jugó con las diferentes culturas, definiendo y convirtiéndose en el símbolo de una contracultura urbana, mestiza.

Antes de morir prematuramente en 1988, Basquiat era ya una celebridad, una fulgurante leyenda en el mundo del arte, donde sus pinturas, que reflejaban el frenesí y la vitalidad mestiza de las calles de Nueva York, se vendían en decenas de miles de dólares.

La obra de Basquiat produjo, con sus colores inconfundibles, un impacto visual que deslumbró, y que sigue deslumbrando.

Las pinturas, dibujos y objetos expuestos en París han sido prestados por algunos museos y fundaciones, pero sobre todo por coleccionistas privados, los primeros que se interesaron en este artista anunciador de la cultura del mestizaje.