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Marco Antonio Muñiz dejó entrever su retiro a 64 años de carrera

Ruega el público del Auditorio Nacional más del Lujo de México
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Muñiz ofreció un entrañable concierto, donde cantó 24 temas consagradosFoto Fernando Aceves
 
Periódico La Jornada
Sábado 16 de octubre de 2010, p. 9

La noche del jueves pasado, el cantante Marco Antonio Muñiz se enfrentó al que había sido su aliado: el tiempo. Tras dos horas de concierto, su público, fiel y que lo quiere al punto de la idolatría, le gritaba ¡No te vayas, Marco!, pues anunció que tras 64 años de carrera el fin de ser El Lujo de México ronda su sino inmediato.

Los asistentes al Auditorio Nacional escucharon un resumen de los temas que Marco Antonio Muñiz hizo famosos con su voz cuadrada, de altibajos que modulaban los sentimientos más profundos: fueron en total 24 canciones completas y cuatro popurríes, con los que hizo soñar a las parejas de la tercera edad, sus contemporáneos.

Todas se las sabían y corearon con emoción de corazones jóvenes Un tipo como yo, El despertar, y la que para muchos hoy es simbólica: Tiempo, con letra del maestro Renato Leduc, en una de cuyas líneas alecciona: “…sabia virtud de conocer el tiempo… retirarse a tiempo”.

La voz que formara parte de Los Tres Ases, agrupación que tenía en su alineación a Juanito Neri y a Héctor González, y que le dejó el sentido del buen gusto y la armonía, por momentos fugaces alzaba la voz para demostrar su capacidad. Su timbre retumbaba en cada esquina del foro de Reforma y el público aplaudía y gritaba: ¡Eres único! ¡Te queremos!

Abrió el recital con el grupo que por años lo ha acompañado, con sus coristas que se esfuerzan por seguirle los vaivenes de la entonación. Tiene muchas tablas, y cuando le falta el aire alza la mano, la orquesta para y él comenta algo jocoso. ¡Miren, me parezco a Luis Miguel!, dijo al verse proyectado en una de las dos grandes pantallas vistiendo un elegante saco blanco y pantalón negro.

Sorprendió cuando llamó al escenario a La Rondalla de Saltillo, con la cual emocionó con piezas como A la orilla del mar, Desvelo de amor, Volver, Compréndeme, Noche y día y Poquita fe. Otra vez con su grupo, para interpretar varias creaciones de Armando Manzanero, donde destacó Por debajo de la mesa, que en broma se dice que el genio yucateco la compuso porque sólo él puede ver lo que ocurre debajo de una mesa, por su baja estatura.

Se apagaron las luces y se oyeron quenas, bombos y charango del grupo Inca Taki. Alfonsina y el mar hizo recordar su otrora gran voz.

Continuó con un momento guajiro. Con Amor de mi bohío, Guantanamera y Contigo a la distancia, entre otras, hizo que el público siguiera marcando el ritmo con palmas y pies.

El pasaje ranchero lo armaron El son de la Negra, El tren y La carreta. Los miles se hicieron una sola garganta, un solo latido, con Perdón. Se acercaba el final y la voz de Muñiz se escuchaba por momentos descuadrada, pero eso no importaba a los que pagaron su boleto, pues el intérprete para esa hora ya había hecho un esfuerzo más que sobrehumano y recibía agradecimientos de algunas damas que habían alcanzado a darle un beso.

El público se fue tarareando y en la fila del camión que va al paradero de Indios Verdes un grupo de amigos comentaba el concierto: Ojalá que vuelva a estar aquí (en el Auditorio Nacional), cuando en 2011 cumpla 65 años de carrera. Quedó la sensación de que habrá más Lujo de México por otro tiempo.