Política
Ver día anteriorLunes 29 de noviembre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

Pese a ser del PSOE, se acerca más al Partido Popular, advierte

Rodríguez Zapatero, debilitado y a la defensiva: Floren Aoiz

Su perfil de jefe de Estado se ha frustrado, afirma el historiador

Foto
Para Floren Aoiz, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero es astuto, pero no tiene un gran nivel de maduraciónFoto Carlos Ramos Mamahua
 
Periódico La Jornada
Lunes 29 de noviembre de 2010, p. 24

El perfil de José Luis Rodríguez Zapatero como el jefe de Estado que llegó al poder en 2004 dispuesto a recuperar la agenda socialdemócrata del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) –sentar nuevas bases para una solución al diferendo de Euskadi, reconocer un estatut autonómico catalán, resistir en una agenda social el avance de las medidas neoliberales– se ha frustrado, asegura el analista navarro Floren Aoiz, historiador, autor de dos libros sobre la cuestión vasca (La vieja herida, 2002; El jarrón roto, 2005) y ex integrante de la mesa directiva del partido independentista Herri Batasuna.

Hace seis años Rodríguez Zapatero llegó al poder cumpliendo su promesa de campaña: el retiro de tropas españolas de Irak. Hoy, el presidente español está debilitado y a la defensiva, frente a una derecha agresiva que no le da respiro. Lejos de sus propósitos iniciales, Zapatero ahora defiende la idea de Estado nacional del Partido Popular, ha endurecido la práctica represiva frente al País Vasco y ha aceptado el acotamiento a la autonomía de Cataluña. Además impuso un plan de recortes sociales para enfrentar la crisis de 2008 que son los más duros que España ha padecido desde los años del franquismo. Y envió un importante contingente militar a Afganistán.

Para Aoiz, es una involución que lo lleva sin remedio a acercarse cada vez más a las agendas del Partido Popular. Es un error fatal. Al final la gente tendrá que elegir entre la copia y el original. Votarán por este último, lógico, sostiene.

Aoiz habla con La Jornada de la enorme diferencia que existe entre los dos mandatarios que salieron de las filas del PSOE para gobernar España. Analiza las paralelas y divergencias que existen entre la cuestión vasca y la catalana, y destaca las novedades que han movido las piezas del ajedrez de su región en los últimos meses, incluyendo el ofrecimiento que hizo la organización armada ETA en septiembre de abandonar de manera definitiva lo que llamó la vía violenta.

–Hay algunos nuevos elementos en el tablero del conflicto vasco.

–Así es. Además de la declaración de ETA hay una iniciativa unilateral de la izquierda abertzale que ratificó su apuesta por vías exclusivamente políticas y democráticas. Además de una renovada energía de las movilizaciones sociales.

“La incógnita es cómo se concretará esto y qué va a hacer el Estado español. Hasta ahora lo que vemos es una dinámica represiva. Para Madrid es importante seguir deslegitimando la lucha de la sociedad vasca para legitimarse como Estado.

“Una de las lecciones importantes que debemos aprender de las experiencias pasadas es que debe haber un protagonismo de la sociedad. Si los movimientos sociales no asumen el proceso como suyo, no pasa nada.

No hay que olvidar que el modelo de democracia español debe escribirse entre comillas. En Europa no hay otro caso como el del País Vasco, donde las expresiones políticas viven procesos de criminalización y violación de derechos, con partidos políticos proscritos, dirigentes políticos, juveniles y sindicales encarcelados, decenas de miles de personas que no pueden ser electas por estar inhabilitadas sin haber sido juzgadas.

Antiterrorismo, justificación del apartheid ideológico

“Vemos difícil que esto se vaya a resolver si permanece la lógica de la necesidad de mantener una política antiterrorista. Todo el andamiaje de este apartheid ideológico está basado en esa doctrina. Si quienes protagonizan la lucha armada renuncian a ella, este andamiaje se derrumba.

El Estado justifica su cerrazón a adoptar cambios con el falso argumento del terrorismo. Si uno traslada este análisis al caso catalán, donde no hay lucha armada, se cae la hipótesis. Porque la cerrazón del Estado es la misma. Madrid no acepta la modificación del estatut ni las reivindicaciones políticas de Cataluña, aunque ahí no tiene la coartada de la presencia de un grupo armado. Lo que no quiere aceptar son las atribuciones autonómicas que exige el pueblo catalán. De modo que quien espere que porque ETA ha parado su actividad armada el Estado va a reducir su represión, podría equivocarse.

–Sobre el desafío que plantean los nacionalismos catalán y vasco, ¿cuáles son las diferencias en el enfoque del PP y el PSOE?

–Ahora mismo, pocas. En 2004 hay un cambio importante con los atentados de 11-M. Ahí se abrió una dinámica política diferente. Normalmente, desde la muerte de Franco, todos los cambios de gobierno fueron consecuencia de un pacto previo entre los poderes reales. A principios de los 80 estos poderes consideran necesario que el PSOE legitime el proceso. En 1992 abren el camino al PP, en un momento en el que escogieron ventilar los expedientes de la guerra sucia contra ETA para debilitar al PSOE y especialmente la figura de Felipe González.

“En 2004 ocurrió por primera vez algo no previsto. La clave del fracaso de José María Aznar no fue su gestión de los atentados del 11-M, sino su empeño en adjudicárselos a ETA contra toda evidencia. Por eso perdió el gobierno. Entonces se abrió un momento nuevo y el PSOE llegó, posiblemente sin el consenso de los poderes fácticos. Un sector del PSOE proclive a reformar el Estado ganó terreno.

Pero eso se frustró: el concepto de Estado nacional ha vuelto a imponerse. Esto es evidente tanto en Euskal Herria como en Cataluña.

–Llama la atención el hecho de que el pragmatismo de Rodríguez Zapatero para capotear la crisis no le sirvió ni para obtener la más mínima tregua del PP.

–Es algo que ocurre muchas veces. El PP mezcla la terrible tradición franquista con las ideas y el talante de los neocon a nivel internacional. Es una derecha muy agresiva, que nunca condesciende. La social democracia creyó que podía saciar esta agresión acercándose a ellos. Y al final no han logrado nada. Hay que ver cómo el PP acusa hoy al PSOE, simultáneamente, de no haber adoptado a tiempo el manual neoliberal y de hacerlo. Y encima lo culpa del descontento social por las medidas impopulares.

González y Rodríguez Zapatero: socialistas, divergentes

–¿Son comparables las trayectorias en el poder de los dos mandatarios del PSOE?

–No, son muy diferentes. González es un político que siempre gozó de una gran cobertura en el mundo del poder. Para entenderlo hay que entender al Felipe González de 1974, cuando en el Congreso de Suresnes él y sus allegados logran desalojar a los viejos socialistas que habían conducido el partido en la clandestinidad. Hay toda una línea de investigación sobre la manera en que esa dirigencia del PSOE, la CIA y el franquismo manejaron ese periodo para marginar a los viejos republicanos.

“El PSOE llega al gobierno para legitimar ese modelo, con cierta relación con el pasado republicano pero capaz de concretar mayores barbaridades de las que pudo hacer en su momento Alfonso Guerra. Esto es, la reconversión industrial brutal y la domesticación de los sindicatos. Y en materia de represión al independentismo vasco, la historia de los paramilitares Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL).

“La de Felipe González es una historia de abandono de los principios, de aceptar la impunidad de los crímenes de 40 años de dictadura. Cuando se prostituye de tal manera lo que fue la lucha republicana, la corrupción personal, ideológica y política vienen por añadidura.

“Rodríguez Zapatero es otra cosa. Sin hacer juicios morales, sin decir que es mejor o peor persona, él no viene de esa lógica: llega al PSOE por una serie de carambolas. Es astuto pero no tiene un gran nivel de maduración.

“Mi duda es si esta coyuntura, con el auge del independentismo en Cataluña y lo que está pasando en el País Vasco, va a cambiar la correlación de fuerzas internas del PSOE.

“Yo creo que dentro del poder –el PSOE y otros segmentos– no hay una unidad monolítica en torno a las posiciones oficiales que sostienen que frente a ETA y la izquierda abertzale no hay otra más que su derrota policial absoluta. No todo el mundo en el ámbito del poder está en esa posición.”