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Contra el Establishment

Trató de impedir que fusiles y lanzamisiles cayeran en manos de las FARC

Fracasó presión de EU a Rusia para no vender armas a Venezuela
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Las filtraciones y los díasFoto Infografía de Reuters
De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Jueves 9 de diciembre de 2010, p. 5

Estados Unidos presionó a Rusia para que no vendiera fusiles, municiones ni lanzamisiles a Venezuela, con el argumento de que podrían caer en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Sin embargo, sus esfuerzos resultaron en vano pues los fabricantes rusos, orgullosos de su industria militar, proporcionaron un centenar de armas antiaéreas, cazabombarderos Sukhoi y unos 100 mil fusiles de asalto AK-103.

Según un memorando filtrado este miércoles en Wikileaks, enviado en agosto de 2009 por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a las embajadas estadunidenses en Bogotá, Caracas y Moscú, Rusia informó en julio de ese año a Washington sobre la venta de 100 lanzamisiles portátiles, conocidos en los ámbitos militares como manpads, por las siglas en inglés de Man-Portable Air Defense Systems.

Otras filtraciones revelan que desde septiembre de 2005 hubo intentos de la diplomacia estadunidense por detener la venta de fusiles AK-103 y de lanzamisiles al gobierno del presidente Hugo Chávez, a lo que un alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Anatoly Antonov, respondió, según un cable fechado en Moscú en septiembre de 2005, que Rusia respeta el derecho de Estados Unidos a determinar la política estadunidense sobre venta de armas a Venezuela, pero eso es su decisión, no la nuestra.

No obstante, Antonov confirmó que la venta de los AK-103 estaba en marcha, advirtió que Rusia no estaba dispuesta a dar datos sobre los números de serie de las piezas. En 2006, el gobierno venezolano anunció la adquisición y transferencia de 100 mil fusiles del tipo señalado.

Malos carros pero buen armamento

Dos años después, otro cable fechado en Moscú, escrito por el embajador William Burns, mostró la preocupación de Washington por el entusiasmo de políticos rusos por el resurgimiento de la industria armamentista y para muestra citó declaraciones de un legislador ruso, Anatoly Kulikov, quien manifestó en una conversación personal que Rusia hace muy malos carros, pero muy buen armamento.

Burns señaló que los funcionarios rusos se rehusaban a aceptar los cálculos sobre los riesgos de vender armas a Irán, Siria, Sudán y Venezuela, en un año (2006) en que las empresas de Rusia registraron ventas por 6 mil 700 millones de dólares, lo que significó un aumento de 56 por ciento respecto a 2003. Otros clientes destacados fueron China, con importaciones por un millón 400 mil dólares (incluidos ocho submarinos y 88 tanques MI-171), e India, con un contrato de 2 millones 600 mil dólares, parcialmente cubierto en 2006.

Desde la perspectiva rusa, según los testimonios recogidos por Burns, “funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y expertos creen que una mentalidad tipo Doctrina Monroe, mas no preocupaciones reales sobre la estabilidad regional, es lo que está detrás de las acciones estadunidenses”.

En un cable de agosto de 2009, Clinton informó a las legaciones en Moscú, Bogotá y Caracas que el gobierno ruso dio cuenta de la venta de los 100 lanzamisiles tipo IGKA-S, así como 90 dispositivos relacionados con ese armamento. En el reporte reconoció que Moscú –en contraste con el tono de las conversaciones de años anteriores– garantizó el control de las transferencias y que no llegarían a las FARC.