Opinión
Ver día anteriorLunes 21 de febrero de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Tiempo de Blues

Vieja Estación: el blues a la Inquisición

Raúl de la Rosa
Foto
Vieja EstaciónFoto La Jornada

Primera llamada

A

la manera de Miguel Covarrubias (1904-1957) en sus entrevistas imposibles para la revista Vanity Fair, a mediados de los años 30, en las que el chamaco Covarrubias dibujaba personajes que en la vida real eran antagónicos, inventaba encuentros absurdos como el de Haile Selassie con Joe Louis o Louis Armstrong con Fritz Kreisler; en ese ánimo, La Santa Inquisición y el blues y sus creadores no coincidieron en este mundo, pues todos habrían sido condenados a la hoguera, y su música declarada obra del diablo.

La historia de la música prohibida se ha contado por miles de años. Según la Biblia, sólo era correcto cantar en congregación; así, los solos, los duetos, cuartetos, etcétera, no eran permitidos; incluso los imbéciles nazis prohibían el swing, pues era creación de negros y judíos. Durante el macartismo, Paul Robertson fue el cantante más censurado por pertenecer al Partido Comunista; Stalin se las traía también; después vendrían los talibanes y su prohibición total de escuchar música.

Hubo instrumentos también prohibidos; no hablemos de los tambores, que convocaban no sólo a los espíritus del mal, sino que también convocaban a las rebeliones. Los violines, como el de Paganini o los de los gitanos, eran inspiración del diablo. En nuestro país, la Santa Inquisición (1571-1820) persiguió, procesó, condenó y mató a un número importante de personas por dar rienda suelta a sus pasiones mediante cantos y bailes que consideró impropios; las coplas y el baile del chuchumbé, tan popular en Veracruz, también se consideraron pecaminosos.

Segunda llamada

Ya sabemos que el tango y el blues fueron música prohibida, pero la fuerza emocional y calidad musical de ambos géneros superaron los prejuicios raciales y sociales. En la historia del blues, las anécdotas llenarían anaqueles completos, desde cómo se les imponen a los esclavos los cantos religiosos para que dejaran de cantar esa música triste con la que mencionaban sus miserias, estar llenos de piojos y los maltratos a los que eran sometidos, y cómo esos primitivos blues se metieron en el torrente musical de los esclavos y, en un lento fluir, a toda la sociedad estadunidense.

Han sido más de 100 años de que el blues permeó y se conviertió en la raíz de la mayoría de la música popular de Estados Unidos. Ese canto, íntimo y necesario en sus inicios, hoy día es una maravillosa catedral musical que sólo los mejores pueden interpretar como se debe; esto es, con sentimiento y habilidad musical.

En un hecho insólito, en México se grabó un disco de blues en el que participaron músicos de cinco países. Sabemos que entre aquéllos existen momentos cruciales que provocan golpes de timón que los llevan a transitar por senderos inesperados. Esto le sucedió a Vieja Estación, grupo argentino que hace ya más de siete años empacó sus escasas pertenencias, sus acordes de rock y arribó a tierra ignota: México.

Su equipaje no eran más que ilusiones y su oficio de músicos ambulantes. Fieles a la tradición del blues, un buen día se enfrentan a su propia encrucijada, a ese legendario cruce de caminos en el que se toman decisiones torales. Si bien no tuvieron que vender su alma al diablo, sí tuvieron que aprender a tocar el blues y sólo blues en un bar, por demás insólito en el que sólo se tocaba blues: el Ruta 61.

Así, Vieja Estación –nombre por demás premonitorio en estos asuntos del blues– acepta la propuesta y Lalo Serrano le abre los micrófonos del Hoochie Coochie Bar; practica hasta el agotamiento, no había de otra. Poco después empiezan a aterrizar músicos y cantantes de Chicago que traen consigo The Real Blues, curtidos en esos bares del South Side y todos y cada uno les otorgan su tradición, estilo, forma de tocar, de matizar sus cadencias, los riffs y el toque de la blue note. Mejor escuela no hay.

Tercera llamada

A mediados de 2007, Lalo Chico –guitarrista del Tri– les propone grabar un disco con algunos músicos que los han acompañado. Así, Billy Branch, Carlos Johnson y Peaches Staten graban al lado de Ignacio y Santiago Espósito, Mauro Bonamico y José Luis Sánchez, y como en los Siete Samurais uno tras otro son reclutados: Álex Lora y Lalo Chico, del Tri; Marcos Coll, español integrante de Los Reyes del KO, y ya encarrerado el ratón, en las congas Catira de Venezuela, José Luis Pardo y Ezequiel Espósito de Argentina completan el dream team globalizado.

Con este trabuco había que hacer algo. Se buscaron apoyos y éstos llegaron en forma y tiempo vía el Fideicomiso del Centro Histórico, y así el blues entra al edificio que fue sede de la Santa Inquisición y luego Palacio de la Escuela de Medicina, patrimonio de la Universidad Nacional Autónoma de México. Iztapalapa se suma a este esfuerzo y en la explanada de la delegación se organizará el domingo 27, a las 17 horas, un concierto con los Tres de Chicago, Vieja Estación y Dalia Negra. He aquí una sencilla fórmula de cómo se pueden organizar actividades en las que los gastos se comparten y los esfuerzos se conjuntan.

La propuesta original creció, y todos los jueves de febrero a las 19 horas se convoca a los viejos espíritus del blues y el que esto escribe cuenta historias en el Palacio de Medicina. Quedamos sorprendidos por la respuesta: más de 170 personas asistieron a la primera plática. El viernes 25 en el majestuoso patio del palacio retumbarán las notas del blues con los Tres de Chicago y Vieja Estación. El sábado 26 se presentará el disco Goin’Down to Mexico, con todos los arriba mencionados, unidos en un solidario y amoroso concierto en el legendario Salón Los Ángeles, a las 20 horas, con un final de música y baile con una de las mejores big bands de México, la G. Martell, y así el blues seguirá por los senderos del swing, del boogie y el lindy-hop.

Como postre, todos los jueves de marzo habrá un ciclo de cine con películas y documentales sobre el blues a las 19 horas en el Palacio de la Escuela de Medicina. Todas las actividades son gratuitas, excepto el concierto-baile del sábado en el Salón Los Ángeles, en cuyo precio de entrada se incluye el disco Goin’Down to Mexico.

Informes: www.mexicocitybluesfest.com.mx