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La lucha para derogar la norma tendrá implicaciones nacionales, aseguran activistas

Rebelión en Wisconsin contra la ley antisindical de los republicanos

Hoy, megaprotesta de burócratas, granjeros y migrantes en la ciudad de Madison

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Poplar y Madison, dos urbes en las que ayer se manifestaron trabajadores y estudiantes contra la nueva disposiciónFoto Ap
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Scott Walker, gobernador de Wisconsin, durante un encuentro con legisladoresFoto Reuters
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 12 de marzo de 2011, p. 27

Nueva York, 11 de marzo. Durante casi un mes miles de profesores y otros empleados del sector público se han rebelado contra el gobernador y los legisladores de Wisconsin que impulsaron una ley para romper los sindicatos del estado en lo que algunos observadores consideran una pugna de vida o muerte del sindicalismo en este país.

Aunque ayer el gobernador Scott Walker y los legisladores republicanos (que controlan el Congreso estatal) lograron su objetivo de aprobar y promulgar la nueva disposición, que anula derechos de negociación de contrato colectivo ganados hace 50 años (Wisconsin fue el primer estado del país que reconoció los derechos a contratos colectivos sindicales de su sector público), los opositores dicen que ello sólo marca el comienzo de lo que prometen será una lucha con implicaciones nacionales –tal vez para la propia democracia en Estados Unidos.

La nueva norma representa una derrota potencialmente devastadora para el sindicalismo, ya de por sí debilitado en este país, donde menos de 12 por ciento de la fuerza laboral está sindicalizada (sólo 7 por ciento del sector privado está sindicalizado y 36.2 por ciento de empleados públicos son integrantes de algún gremio). En Wisconsin, la lay fue aprobada el jueves por la Cámara baja. Un día antes el senado estatal hizo lo propio. El líder demócrata del Senado denunció a sus colegas republicanos: en 30 minutos, 18 senadores estatales lograron deshacer 50 años de derechos civiles en Wisconsin.

Sin embargo, todo indica que esta pugna no ha concluido en Wisconsin ni en otros estados. Se ha convocado a otra megamanifestación para este sábado, en la cual se espera la participación no sólo de decenas de miles de trabajadores del sector público y sus aliados sindicales, sino de granjeros del estado, quienes llegarán en sus tractores a la capital de Madison, donde se sumarán trabajadores migrantes y sus comunidades.

Hace una semana, en una de las incesantes manifestaciones en ese estado, el cineasta Michael Moore declaró ante miles que es falso que no haya fondos para los presupuestos estatales, ya que el país está inundado de riqueza, sólo que no está en nuestras manos. Ha sido trasladada, en el mayor hurto de la historia, de los trabajadores y consumidores a los bancos y portafolios de los súper ricos. Agregó: Hoy día sólo 400 estadunidenses controlan más riqueza que la mitad de todos los estadunidenses, de 155 millones de estadunidenses combinados, algo que calificó de golpe de Estado financiero. Ante ello, dijo, no hubo ninguna rebelión, hasta ahora, en Wisconsin. Ustedes han despertado el gigante durmiente conocido como la gente trabajadora de Estados Unidos. Su mensaje ha inspirado a la gente en los 50 estados y ese mensaje es: ¡Ya estamos hartos! –algo que está haciendo temblar a las cúpulas, afirmó.

El Capitolio estatal ha estado bajo sitio, incluso hasta ocupado, durante más de tres semanas por sindicalistas acompañados por aliados de varios sectores, incluyendo estudiantes, artistas, organizadores comunitarios y más.

Protesta como un egipcio y si Egipto logró la democracia, por qué Wisconsin no, han sido algunas leyendas de las pancartas. En marchas y manifestaciones han participado decenas de miles, atrayendo la atención política nacional, donde hay apuestas sobre si esto podría transformar al país y para quién. La rebelión estalló poco después de las protestas en Egipto y no pocos las comparan, sobre todo el papel protagónico de los trabajadores y sus sindicatos en ambos, aunque obviamente en diferentes contextos.

Noam Chomsky recuerda que el 20 de febrero el líder sindical egipcio Kamal Abbas, quien jugó un papel central en el movimiento democrático en su país, envió un mensaje a los trabajadores de Wisconsin: estamos con ustedes como ustedes estuvieron con nosotros.

Fue por esas fechas que miles de maestros de escuelas públicas se declararon enfermos y tomaron un día laboral para acudir, por miles, al Capitolio. Sus estudiantes, en lugar de festejar su buena fortuna de tener un día libre, decidieron acompañarlos y sus contingentes fueron recibidos con ovaciones por universitarios. Otros sindicalistas del sector estatal se sumaron junto con diversos aliados y así estalló un movimiento en respuesta a la ofensiva conservadora que busca destruir a los sindicatos y su aún importante poder político y social.

Cientos han pernoctado durante días en el Capitolio, cantando canciones de lucha y gritando vergüenza a los legisladores republicanos y al gobernador Walker, quien poco después de asumir funciones este año lanzó esta ofensiva al promover un proyecto de ley que anula casi todos los derechos sindicales del sector público.

Con una narrativa muy efectiva aunque falsa, de que los empleados sindicalizados del sector público –sobre todo los docentes– gozan de altos salarios y beneficios muy superiores a los trabajadores del sector privado y que esto es la causa de los déficits presupuestales que padecen gran número de gobiernos estatales, el mandatario republicano de Wisconsin, junto con sus contrapartes en otros estados, han lanzado una de las ofensivas más agresivas contra el sindicalismo no vista en décadas.

Al aprobarse su ley, Walker declaró que ésta asegurará un buen clima empresarial en Wisconsin.

Los déficits detonados por la crisis financiera y económica han sido la justificación empleada por Walker y otros gobernadores para ajustar las cuentas públicas al trasladar los costos de ésta a los empleados públicos, como también para desmantelar programas de asistencia social de todo tipo, desde educación hasta salud.

Medidas similares a la de Wisconsin han avanzado en Indiana, Ohio y Iowa, entre otros. Pero también han provocado protestas masivas, de miles de sindicalistas y sus aliados manifestándose ayer en Indianápolis, y en semanas previas en otros estados. Otros gobernadores y estrategas están observando muy de cerca el experimento antisindical en Wisconsin, al evaluar medidas parecidas. Sin embargo, algunos ya están preocupados por la posibilidad de que genere la consolidación de movimientos de oposición y nuevas alianzas progresistas.

En Wisconsin ya se impulsan medidas para destituir a legisladores y, tal vez, al gobernador, en un estado recién conquistado por los republicanos en las elecciones de finales del año pasado. Desde una perspectiva de medidas esto es terrible, comentó Mike Tate, líder del Partido Demócrata de Wisconsin, al New York Times. Pero desde una perspectiva política, el (gobernador) no nos podría haber entregado un regalo más grande, dijo al señalar las movilizaciones de bases opositoras en semanas recientes.

Chomsky indicó que, de maneras diferentes, el destino de la democracia está en juego en Madison, Wisconsin, no menos que lo está en la plaza Tahrir (en El Cairo).