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El videoconferencia, Daniel Domscheit defiende la venta de derechos de su libro Dentro de Wikileaks...

La información no debe usarse en forma abusiva, dice ex colaborador de Assange

Al hacer públicos los documentos debemos asegurarnos que no se usen para la agenda personal, señala

Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Jueves 7 de abril de 2011, p. 16

¿No le parece que son más importantes los secretos revelados que cualquiera de las manías de Julian Assange? Daniel Domscheit-Berg, número dos de Wikileaks hasta septiembre del año pasado, responde: Estoy totalmente de acuerdo en que es más importante la publicación de los documentos, pero también en que debemos tener mecanismos para que la información no pueda ser utilizada en forma abusiva o para la autopromoción.

Son las maneras suaves que el alemán Domscheit-Berg usa para referirse al fundador de Wikileaks, Julian Assange, con quien compartió el vertiginoso ascenso de la plataforma que ha sacudido a la diplomacia estadunidense.

Hacer públicos los documentos es tan importante que debemos asegurarnos de que exista un mecanismo que no esté sometido a la agenda personal de un hombre, machaca.

La historia de Domscheit-Berg –quien como vocero de Wikileaks se hacía llamar Daniel Schmitt– ha cobrado forma en el libro Dentro de Wikileaks. Mi etapa en la web más peligrosa del mundo (Roca Editorial), del que en estos días se realiza la promoción mundial.

La pregunta anotada al principio fue hecha al autor –vía teleconferencia– por este diario. Le siguió otra, relacionada con el tiempo de sobra –y las cámaras y micrófonos– que el ex colaborador ha tenido para llamar a Assange estrella del pop o James Bond.

Dado que él mismo ha publicado un libro y vendido los derechos a Steven Spielberg, se imponía la interrogante: ¿No está haciendo usted su propio camino al estrellato pop?

El sonido es malo y la imagen peor, pero Domscheit-Berg explica que no, que no le agrada la idea de verse en una película ni la de contemplarse. Pero afirma que no le quedaba de otra y que espera que la película salga bien. Aunque no confía del todo: A fin de cuentas, es Hollywood.

La tercera pregunta de este diario fue cuándo comenzará a funcionar OpenLeaks, la hija desobediente de Wikileaks. El alemán dice que este mismo mes. Sus palabras conducen, así sea por otros caminos, a la idea de que la nueva plataforma mantendrá la epigénesis del proyecto de Assange:

La idea original consistía en la transparencia absoluta de la información y el derecho del ciudadano a conocerla.

El contenido del libro desmiente parcialmente su propio subtítulo de la web más peligrosa del mundo. No lo es, al menos según Domscheit-Berg, para el propio Assange, a quien su ex colaborador presenta como alguien que exagera –o de plano inventa– el espionaje o la persecución en su contra.

Assange encripta sus correos electrónicos y no vive en ninguna parte. Todas sus pertenencias –según su ex colaborador– caben en una mochila. En la web usa, naturalmente, los sobrenombres habituales de los hackers. Pero no tuvo ningún problema para vivir dos meses en el departamento de Domscheit-Berg en Berlín. Un departamento donde el nombre del habitante estaba en la puerta.

Quizá por su propia relación de amor-odio con Assange, o tal vez empujado por los editores que le exigían revelaciones escandalosas, Domscheit-Berg optó por contar anécdotas intrascendentes sobre las extravagancias de Assange y dedicar a ellas buena parte de las páginas de su libro. Pero el lector puede pasar de largo por el doble pantalón del australiano, por su costumbre de comer sin cubiertos o por su afán de enseñarle quién manda a un gato castrado. Y puede, en cambio, concentrarse en los detalles del asesinato de los camarógrafos de Reuters y otros civiles, o en las dificultades que Wikileaks tuvo con los grandes diarios para filtrar los cables de la diplomacia estadunidense.

OpenLeaks, la plataforma que Domscheit-Berg abrirá este mismo mes, ofrecerá una ruta segura para que los dispuestos a filtrar información de gobiernos o empresas puedan hacerlo sin riesgos. Y el informante decidirá –promete– a quién irá la información.

Hechas a un lado las afrentas del australiano, el propio Daniel Domscheit-Berg muestra hacia dónde pueden avanzar las tecnologías de la información como herramienta útil contra el abuso de poder. Dice en su libro: “Wikileaks debe seguir publicando, creciendo y prosperando. Sin embargo, creemos que no es bueno que Wikileaks sea la única plataforma disponible. Desde luego, en el mundo existen injusticias suficientes como para tener ocupada más de una plataforma de este tipo”.

Vista la realidad mexicana –esta nota se escribe mientras suceden las marchas de quienes están hasta la madre–, no sobrarían, como dice un editor apenas finalizada la conferencia, “un TacoLeaks o un PozoleLeaks que nos entere de los asuntos que los poderosos de México quieren esconder”.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks