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Legado prehispánico de Huizachtépetl

Más de 200 grabados en piedra están en peligro en el cerro de la Estrella, alertan expertos

Invasión de paracaidistas pone en riesgo valiosos bienes culturales, denuncian

De mil 200 hectáreas que ocupaba el parque nacional de esa zona, sólo quedan 192

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Petrograbado perteneciente al grupo Matlalotzin, en el cerro de la Estrella, único con escritura mixteca que data aproximadamente del 950 dCFoto Jesús Villaseca
Carlos Paul
 
Periódico La Jornada
Miércoles 3 de agosto de 2011, p. 7

El cerro de la Estrella es un parque nacional, un área natural protegida por ley desde 1938. Originalmente ocupaba mil 200 hectáreas, pero hoy día sólo quedan 192, en las que perviven valiosos bienes culturales, entre ellos más de 200 petrograbados prehispánicos, los cuales también están en riesgo de perderse, “debido a la invasión que realiza actualmente un grupo político de paracaidistas”, denuncian la etnohistoriadora Claudia Leyva Corro y el arqueólogo Víctor Manuel Arribalzaga Tobón.

En 2003 se llevó a cabo una investigación por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encabezado por el arqueólogo Raúl Arana Álvarez (descubridor de la Coyolxauhqui, en el Templo Mayor), con la finalidad de localizar y documentar los petrograbados que allí se encuentran.

Se efectuó el registro de 210 petrograbados, con la reserva de que se considera que existen aún más, explica a La Jornada, Arribalzaga Tobón.

La característica de las más de 200 inscripciones prehispánicas localizadas hasta el momento es que no están aisladas, de ahí que se clasificaron en 11 grupos.

Existen petrograbados que se encuentran en ciertas posiciones que permiten hacer observaciones para llevar un control de las salidas o puestas del Sol, lo que ayudaba a la agricultura.

Lamentablemente, añade la especialista, algunas investigaciones que realiza el INAH no tienen la suficiente divulgación, como es el caso de la zona arqueológica del cerro de la Estrella, en la delegación Iztapalapa.

De hecho, manifiesta Arribalzaga, la necesidad los llevó a innovar la técnica arqueológica de registro de los petrograbados sin dañarlos. Antes se utilizaba el gis para marcarlos y hoy sabemos que es un ácido para la roca, por lo que lo sustituimos por papel aluminio y plásticos que no la dañan.

Para Leyva Corro no ha habido la coordinación y la política adecuada entre la autoridad delegacional y los gobiernos de la ciudad de México y federal, lo que al paso de los años ha permitido que este parque nacional y zona arqueológica sean agredidos.

Agregó que como investigadores del INAH preocupados por esa situación, consideran que es urgente que las autoridades de gobierno pongan un alto a la invasión del área natural protegida por ley, pues de no ser así se perderá lo poco que aún queda (192 hectáreas), de lo que fue un Parque Nacional de mil 200 hectáreas, alerta la etnohistoriadora.

Depredación en la zona arqueológica

De acuerdo con los investigadores, “en este sitio existen además 110 cuevas, no sólo con valiosa información geológica sino cultural, ya que albergaron presencia humana en diferentes periodos históricos.

“Las cuevas de más fácil acceso están siendo alteradas hasta la destrucción total de toda evidencia cultural. Grupos de danzantes o mexicanistas, algunos bastante radicales, pese a su posible buena intención, han ocupado algunas de las cuevas para llevar a cabo ceremonias, pero sin coordinarse con las instancias competentes.

“Lo que ocurre es una depredación de la zona arqueológica y no hemos encontrado la voluntad política para detenerla. Por otra parte, los invasores están levantando casas de madera, pero también ya utilizan tabicón.

“El fenómeno que se ha observado en invasiones anteriores en el Cerro de la Estrella, en áreas naturales protegidas, es que se supone se trata de personas pobres que invaden con el argumento de que necesitan una vivienda, pero en cuanto se les regulariza la propiedad, en dos años edifican sin mayor problema una casa de dos o tres pisos y se ve que tienen automóvil de año reciente.

“Todos tenemos derecho a una vivienda, pero la legislación debe respetarse: sea un empresario que quiere hacer un espectáculo de luz y sonido en Teotihuacán o un grupo político de paracaidistas que apoya a un diputado local, como el Frente Popular Francisco Villa”, dice la investigadora.

“Se debe hacer respetar tanto la ley de 1938, que decreta la zona como parque nacional, así como la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972. Aquí no se debe edificar. Si se requiere de vivienda hay que buscar los espacios adecuados, no zonas naturales protegidas.

La zona sur del cerro de la Estrella, donde se encuentra el Grupo Matlalotzin de petrograbados, es la más agredida, subrayan.

A algunos petrograbados les han vertido ácido para desaparecer la imagen y con ello hacer pensar que no hay ningún tipo de patrimonio prehispánico.

Ahí existen ya lotes cercados y algunos habitantes, en cierta ocasión nos reclamaron que qué andábamos haciendo. Cuando se trata de una parte del parque nacional. Eso es también una manera de privatizar el patrimonio prehispánico, considera la etnohistoriadora.

“No se debe permitir empresas mercantiles ni el clientelismo político. Entre los invasores (paracaidistas), los grafiteros y los buenos samaritanos que por ignorancia terminan dañando los petroglifos, podemos perder por negligencia este patrimonio cultural que sería irrecuperable.”

La solución, concluye Leyva Corro, es muy sencilla. Todo ello se detendría con sólo levantar una malla, costo que sería muy bajo en contraste con el dinero que se gasta en propaganda o campañas gubernamentales.

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