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Nuevo estreno de Ocesa, luego de la fórmula de Mentiras, en el teatro Telmex 1

Si nos dejan, musical chabacano y bufo sobre un México que no existió

Obra de José Manuel López Velarde, sobre un José Alfredo que enamora a su Paloma

Foto
Escena de la obra de José Manuel López VelardeFoto Notimex
Arturo Cruz Bárcenas
 
Periódico La Jornada
Viernes 26 de agosto de 2011, p. a10

Con una imagen de lo mexicano en una mezcla chabacana de lo que supuestamente creó la época de oro del cine nacional (charros valentones, machistas y traidores, débiles de carácter e infantiloides, así como mujeres codependientes emocionalmente y con enaguas de tiempos de la Revolución), el miércoles pasado se estrenó el musical Si nos dejan.

Es el musical 21 de Ocesa Teatro, escrito y dirigido por José Manuel López Velarde, autor también de la trama de Mentiras (también de Ocesa), calificado en un boletín de el más grande éxito teatral en nuestro país de los últimos años.

En esta última, López Velarde recurre a una superposición, a una simultaneidad de melodías, donde la palabra mentira es la tónica. Así, se logra el efecto de diálogo sonoro y sentimental, donde actrices-intérpretes de éxitos de Yuri, Daniela Romo, Manoella Torres o Rocío Banquells dialogan por medio de baladas que fueron éxito en los años 80.

Dado aquel logro en Mentiras, López Velarde lo explota al máximo y lo repite a lo largo de los dos actos de Si nos dejan.

Desde la entrada, en el teatro Telmex 1 el ambiente era como el idílico predominante de un rancho, pleno de huacales fruteros, pacas de alimento para vacas, jarros y cazuelas de barro. Y un trío de mariachis-actores que entonaban algunas clásicas del género vernáculo.

Antes del inicio de la función, por la alfombra roja transitaron los famosos, como Anabel Ferreira, Adrián Uribe y Evita Muñoz Chachita, ademá del procurador general de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.

Los fotógrafos gritaban, en la pasarela: Si no oye, ¡foto!, ¡siga!

Comienza la función

Se apagaron las luces y en un vetusto cine se reiniciaba la proyección de una película interrumpida hacía años. Unos vigilantes accionan la palanca de la caja de fusibles y, después de que uno se electrocutó, en una pantalla se proyectaban escenas de una cinta donde el arquetipo de los charros cantores –el de los machos ciegos por la sinrazón– es encarnado en un terrateniente necio, quien quitaba a una madre su hijo recién nacido, que era producto de una relación no permitida.

El recién nacido deambulará hasta convertirse en muchacho y enamorarse de la hija del que casualmente es el malo de la historia, el llamado Rey.

En ese ir y venir, un amor casi imposible lo conducirá a robarse a Paloma. Después, José Alfredo y Paloma aparecerán en una cama, amándose locamente. Pero nada es perfecto.

El Rey, padre de Paloma, los encuentra en un paradisiaco Janitizio, convertido en nido y tálamo. Una carta sacará a Paloma de su sueño: José Alfredo es su hermano. Sufriendo hasta el punto de la locura, ella abandona a su amor, pero el incesto se había consumado.

Detalles más, detalles menos, José Alfredo se va a Estados Unidos a trabajar de peón; ella recibe la revelación materna de que su padre ha mentido... una vez más.

Para que se escuchen las canciones, López Velarde las mete a fuerza una tras otra.

Hay personajes que hablan de bisnes, en un espanglish más bien propio de una película de David Silva. La mayoría de las canciones sentimentales son de la autoría de José Alfredo Jiménez, pero también hay de Juan Gabriel, como Te lo pido por favor.

Como es un musical mexicano, abundan los dichos, los adagios, los decires, para que se sepa que el pueblo es sabio. Un ejemplo: dice José Alfredo a Paloma, a la distancia y tras una congestión alcohólica: esto hay que sacarlo de un jalón, porque si no se quiebra. Cuando la historia parece tragedia, un chiste da al traste y se convierte en comedia; el drama, en comedia bufa. Todo centrado en mexicanos y mexicanas de hace 50 o más años. O algo así, porque el cine así es: un tiempo detenido.

Tragedia que es parodia

José Alfredo agarra la jarra cual cosaco. De forma inverosímil, en una especie de tragedia parodiada de Romero y Julieta, José Alfredo muere. En el más allá, un ser que lo mira todo le concederá la gracia de regresar al más acá. Todo en nombre del amor. Ya al principio, otro ser asustó a los personajes: La Llorona.

Paloma llora la muerte de su amado y una voz conocida hace que le salte el corazón, pero no le da un infarto y el final transcurre entre besos y la interpretaciñon de Si nos dejan y México lindo y querido. Al final, en lugar de la palabra fin, con luces de focos se lee: Cine México.

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