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Ver día anteriorViernes 9 de septiembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Oportunidades no resuelve

Zonas urbanas: más pobreza

Carstens, versión marinerito

Carlos Fernández-Vega
Y

a no siente lo duro sino lo tupido, pero el candidato oficial con disfraz de secretario de Hacienda cumplió con el rito de presentar el paquete económico –en este caso para 2012– ante el Congreso, y las primeras reacciones del gabinetazo calderonista sobre el particular giran en torno al gasto histórico que se concretaría el año venidero para combatir la pobreza. Como es costumbre, el anuncio es que se destinarán más recursos públicos para un mayor número de pobres. Qué bueno, pero ¿de qué sirve, si el grueso de los depauperados no sale de tal condición?

Lo anterior, porque en la entrega previa de México SA se incluyó un dato verdaderamente espeluznante: 89 de cada 100 familias consideradas en Oportunidades, el programa antipobreza más cacareado por el gobierno federal (el actual y los precedentes), se mantienen en situación de pobreza extrema 11 años (1998-2009) después de haber sido incorporadas a tal mecanismo de desarrollo social, según dictamen de la Auditoría Superior de la Federación. En dicho periodo, oficialmente el gasto presupuestal a tal combate no dejó de aumentar, pero al final de cuentas la dramática situación de la mayoría de las familias atendidas no varió, de tal suerte que Oportunidades no serviría de mucho, resultaría totalmente improductivo o de plano rebasado por el creciente número de pobres, al igual que la posibilidad de mejoría con base en el presupuesto asignado a tal fin. El ejercicio se repetirá en 2012, según anuncio oficial, pero los indicadores de pobreza se mantienen al alza.

El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados indica que en los últimos años el presupuesto federal autorizado al Ejecutivo federal para el combate a la pobreza se incrementó a un ritmo notable; entre 2006 y 2010 casi se triplicó, al pasar de 111 mil 538 millones de pesos a 295 mil millones, pero 89 de cada 100 familias permanece en condiciones de pobreza extrema. El problema, considera, es a pesar de la significativa y creciente asignación de recursos, los programas específicos implementados por el gobierno federal para combatir la pobreza en el ámbito urbano han sido limitados, y las cifras actualizadas indican que el mayor crecimiento en el número de pobres se ha registrado, precisamente, en el ámbito urbano.

Los datos más recientes del Coneval revelan que en el periodo 2008-2010 el incremento en el número de pobres fue el doble en las zonas urbanas en comparación con las zonas rurales, lo que en principio podría atribuirse al hecho de que la población en México es mayoritariamente urbana. Al analizar la información disponible se observa que la pobreza en las ciudades avanzó más pronunciadamente que en el campo. La disminución en el nivel de ingreso y en el poder de compra de las familias mexicanas se ha dado particularmente en zonas urbanas: en el lapso referido, los mexicanos que no contaron con un ingreso suficiente para adquirir una canasta de consumo básico se incrementaron 9.5 por ciento, mientras en las zonas rurales el aumento fue de 7.4 por ciento. De hecho, el ingreso neto per cápita para la población más pobre en las zonas urbanas se redujo 7.2 por ciento entre 2008 y 2010, y en las zonas rurales se mantuvo prácticamente sin cambios, lo que sugiere que es en las zonas urbanas donde más se ha resentido la falta de generación de empleos y la pérdida del poder adquisitivo de las familias en los últimos años.

El Inegi confirma el hecho de que la mayor afectación en el ingreso de las familias se ha observado en el ámbito urbano. De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares 2010, el ingreso promedio mensual de un hogar urbano se desplomó, en términos reales, 14 por ciento entre 2008 y 2010; mientras el de un hogar rural se redujo 2.5 por ciento. El crecimiento de la pobreza urbana a un ritmo más acelerado que la pobreza rural no es un fenómeno nuevo, pues se trata de una tendencia que se viene registrando desde 2006. Entre este año y 2008 el crecimiento de la pobreza alimentaria fue mayor en las zonas urbanas que en las rurales, al incrementarse en 45 y 30 por ciento, respectivamente, apunta el CEFP.

El Programa Hábitat, principal plan presupuestario de atención directa a la pobreza urbana, según la Secretaría de Desarrollo Social, recibió en 2010 una asignación de recursos de 4 mil 121 millones de pesos (1.4 por ciento del presupuesto federal que en ese año se destinó al combate de la pobreza). Para 2011, los recursos aprobados para dicho programa disminuyeron 12.4 por ciento con respecto al año previo. Pero todavía más importante, el programa emblemático del combate a la pobreza, el Programa de Desarrollo Humano Oportunidades, con un presupuesto autorizado de 63 mil 56 millones en 2010, atendió en ese año a 5.8 millones de familias: 23 por ciento de ellas se encontraba en zonas urbanas y 77 por ciento en localidades rurales.

Durante el actual sexenio la política pública se ha orientado hacia las zonas rurales y en menor medida a atender las necesidades de los pobres en zonas urbanas. Lo anterior a pesar del cambio en la estructura urbano-territorial del país y del hecho de que en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, el Ejecutivo federal mencionaba que se fortalecerían y ampliarían los programas e instrumentos para el combate de la pobreza en las ciudades del país. En este punto, el Coneval ha reiterado que la población en pobreza en las áreas urbanas es de gran magnitud y que se debe tener una política clara para la reducción de la pobreza en dicho ámbito.

A pesar de que el Ejecutivo ha contado con mayores recursos, apunta el CEFP, la pobreza lejos de reducirse se ha venido incrementando, incluso desde antes de la crisis de 2009. De acuerdo con la información del Coneval, la pobreza se ha agudizado de manera más pronunciada en las zonas urbanas, y este fenómeno puede asociarse al hecho de que no se ha tenido una política clara para combatir la pobreza en zonas urbanas, toda vez que la mayor parte de los recursos federales destinados para ese propósito se han concentrado en las zonas rurales (en 2010, el 76.8 por ciento de la población se concentró en áreas urbanas).

Las rebanadas del pastel

El siempre oportuno inquilino de Los Pinos propone: si un alcalde o un diputado es malo, ¡que lo corran! Así ocurre en varias democracias. Bien, pero ¿y el de la residencia oficial, apá?... Lo que faltaba. El doctor catarrito ataca de nuevo, pero ahora disfrazado de marinerito: tenemos un barco fuerte y sólido para navegar de manera solvente en aguas extremadamente turbulentas (Agustín Carstens, obviamente, sobre la idílica fortaleza económica nacional).