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Presentaron libro monumental con la memoria Retrofutura, exposición del artista

Toda la tradición del antro es lo que pinto; he vuelto a la figura humana: Coronel

Toda la obra trata de la ostentación del poder, sea la Iglesia, sea el Estado, escribe Emerich

Foto
El taostán y la niña de Jerez (detalle), 1998, obra de Rafael Coronel incluida en el catálogo de la muestra RetrofuturoFoto cortesía del INBA
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Sábado 8 de octubre de 2011, p. 4

El monumental libro Retrofutura: Rafael Coronel, que complementa y sirve de memoria de la exposición del mismo nombre montada en el Museo del Palacio de Bellas Artes, es una suerte de segundo homenaje con motivo del cumpleaños 80 del pintor zacatecano y seis décadas de actividad artística, expresó Teresa Vicencio, titular el Instituto Nacional de Bellas Artes, al inicio de la presentación de esta revisión crítica de 600 páginas, 355 reproducciones a color, con peso de 6.5 kilos, según unos, y 10, según otros, y nueve ensayos escritos ex profeso.

Platicador y de buen humor, Coronel aseguró sentir como si tuviera 20 años y, de tenerlos, los invitaría al antro, porque toda la tradición del antro es lo que pinto. Me he vuelto a la figura humana para meterme otra vez al antro, pero con tubo. Ando de metiche en todos lados, nomás veo un sitio oscuro y me meto a ver qué pasa allí. El problema del ser humano es lo que me intriga.

El artista lleva ya tres exposiciones en ese museo. Para la anterior, Carlos Monsiváis escribió un texto maravilloso y nos poníamos a hablar de los mexicanos y latinoamericanos que no eran famosos mundialmente, porque no había dinero para un programa cultural como lo hacen en Estados Unidos y Europa, e imponer a sus pintores.

Espejo de lo que era la sociedad

Juan Coronel Rivera, hijo del homenajeado, a cuyo cargo corrió la dirección y producción del libro, dijo que se partió del gusto de su padre por el retrato, mediante el cual se trató de hacer un espejo de lo que era la sociedad mexicana a lo largo de seis décadas, con personajes que no había revisado la Escuela Mexicana. Como parte de la investigación, dijo, “nos enfrentamos a un autor que, incluso, desconocía. Cuando llegamos a archivos de la Galería de Arte Mexicano nos topamos con alrededor de 3 mil imágenes desde 1952 hasta 1977, de obra que nunca se había visto.

La crítica de arte Sylvia Navarrete colabora en el volumen con el texto ¿Quién teme a Rafael Coronel? y analiza la producción del artista de 1958 a 1962, motivada por el furor que causaron de golpe entre críticos y compradores su precoz y arrojado talento y sus temáticas sórdidas, e intuyendo también su temperamento temerario.

También autor de un texto del catálogo, el crítico de arte Luis Carlos Emerich señaló que la obra del pintor es una procesión de devoradores insaciables, destructores implacables, procreadores formidables, premonitores de naufragios, portadores de la peste, es decir, de personificaciones de valores que han regido y rigen los procesos civilizatorios. En el fondo toda la obra trata de la ostentación del poder, sea la Iglesia, sea el Estado, y en contraste con los desposeídos. Allí radica su gran fuerza simbólica.