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Rechaza el Presidente crear una comisión de la verdad; eso es para dictaduras, responde

La tentación fascista amenaza la civilidad, alerta Sicilia a Calderón

El poeta duda que el gobierno quiera en verdad seguir el camino de la paz

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Tras la reunión de ayer en el alcázar de Chapultepec, Felipe Calderón charló con Javier Sicilia, en presencia de Isabel Miranda de Wallace y Margarita ZavalaFoto José Antonio López
Alonso Urrutia y Claudia Herrera
 
Periódico La Jornada
Sábado 15 de octubre de 2011, p. 5

De nuevo frente al presidente Felipe Calderón, en nombre del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el poeta Javier Sicilia endureció su prosa: advirtió sobre la atmósfera de violencia y horror (que) está contaminando palabras y discursos. Hay una amenaza mayor que detectamos con reprobación los ciudadanos, la del autoritarismo y su rostro más brutal, el fascismo, por lo que le exigió definiciones sobre el rumbo del país antes de que la tentación fascista frente a la criminalidad pueda arrasar con la civilidad.

En el alcázar de Chapultepec, ante medio gabinete federal, Sicilia sugirió dudas sobre si quieren en verdad tomar el camino de la paz y lo responsabilizó de que sus decisiones, además de generar más violencia y terror, están provocando el surgimiento de grupos paramilitares que, en esta atmósfera enrarecida y atroz, se sienten autorizados para ejercer, asesinando impunemente a más mexicanos, lo que estúpidamente llaman justicia.

Repudió el tono del discurso presidencial: “Nos preocupa sobremanera que después que hablamos usted haya afirmado que, cito textual, ‘esa plaga que es el crimen y la delincuencia, es una plaga que hemos decidido exterminar en nuestro país, tómese el tiempo que se tome y los recursos que se necesiten’.

“Ese tono lleno de violencia y de desprecio, lleno de presagios siniestros, no se diferencia del tono con el que el gobernador Javier Duarte se expresó frente a los 35 cadáveres arrojados a las calles de Boca del Río; ‘es muy claro –dijo con la insuficiencia de lo inhumano–, en Veracruz no hay cabida para la delincuencia. Estamos combatiendo como nunca antes el crimen, estamos aquí enfrentando ese problema nacional con valor y entereza. Lo estamos haciendo de manera coordinada, vinculante, estrecha y cercana con la política del presidente Felipe Calderón’”.

Una reunión con tono de desencuentro de principio a fin. Un complicado acceso de los miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, a quienes les arrancaron las fotos de sus víctimas.

Se nos prohibió traer las fotografías de nuestros asesinados, desaparecidos, porque no quieren ver el rostro de nuestras víctimas. Creen que si no los ven, no existen, le increpó Araceli Rodríguez, quien, de paso, tras elogiar la voluntad de la procuradora general de la República, Marisela Morales Ibáñez, por atender los casos de víctimas que le fueron presentados, destacó la carencia de recursos de la PGR, mientras la Secretaría de Seguridad Pública invierte en el programa El equipo. En México necesitamos seguridad, no telenovelas.

La reunión comenzó con la alocución de Emilio Álvarez Icaza, quien fijaría el tono discursivo del movimiento, recriminando la resistencia oficial a celebrar el encuentro que se efectuó sólo por la indignación y desconcierto de la opinión pública. Cuestionó la postura gubernamental en los 90 días que duraron las mesas –durante los que murieron miles de personas– en los cuales los funcionarios les regatearon hasta el nombre del movimiento, bajo el argumento de que en México no existe guerra y por tanto carece de sentido hablar de paz. No es un problema semántico, advirtió el ex ombudsman capitalino.

“Es una diferencia sustancial que revela que ustedes no reconocen la existencia de la guerra –que por cierto usted [Calderón] nombró– y, por tanto, no aplican las políticas para enfrentar la emergencia nacional.” Calificó las respuestas gubernamentales a sus demandas de lastimosamente pobres, por decir lo menos, y lo exhortó a no asumir que a 14 meses del final del sexenio, se dé ya por terminado, porque 14 meses para la madre de un desaparecido es una eternidad o para los familiares de un asesinado que cada día reviven el dolor de crímenes impunes.

Posible daño irreparable

El sacerdote Miguel Concha cuestionó la defensa a capa y espada de una estrategia militarizada que quizá ya haya causado un daño irreparable al país. Uno de los fenómenos que ha creado esa visión militarizada que no queremos es el surgimiento de grupos paramilitares de limpieza social, cuando menos tolerados y esperamos no directamente promovidos por los gobiernos federal, estatales y municipales.

Clara Jusidman lamentó que un diálogo que comenzó con enormes augurios haya concluido con desconcierto y gran incertidumbre. Exigió mayores canales de participación ciudadana que pongan fin a un régimen autoritario que con una estructura centralizada ha impuesto una visión única ante los problemas de seguridad que nos agobian y que no sólo crean dolor y violencia, sino que debilitan las instituciones, abriendo la brecha entre gobierno y sociedad.

Visión parcial

Raúl Romero criticó –como Sicilia y Rodríguez– la nueva Procuraduría Social de Atención a Víctimas (creada aun sin concluir las discusiones de las mesas, sin tomar en cuenta las propuestas del Movimiento por la Paz), entre otras cosas porque refleja una visión parcial y no integral del problema. Consideró que, si no hubo mayores avances fue por la oposición oficial a asumir que también existen víctimas del abuso del poder o violaciones de derechos humanos de funcionarios con nombres y apellidos, de militares, marinos o policías.

Sicilia demandó al Presidente un mapa de ruta del retiro de los militares de funciones policiacas y exhortó a las otras organizaciones presentes a salir a las calles el 31 de octubre para recordar a nuestros muertos.

La reunión concluyó sin visos de que habrá una próxima.

Niega el mandatario que en el país haya grupos paramilitares: no se propician ni toleran

Claudia Herrera y Alonso Urrutia

Casi sin despegar la mirada de su computadora Mac y por momentos con los labios apretados y bebiendo sorbos de agua, el presidente Felipe Calderón escuchó las críticas a su estrategia de guerra, como la llamaron víctimas de la violencia. Después respondió que el Estado mexicano no es autoritario ni asesina o desaparece como las dictaduras militares, por lo que rechazó la creación de una comisión de la verdad.

Tres meses después del primer diálogo con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, ayer el Presidente volvió a encontrarse de frente con el poeta Javier Sicilia y otros representantes sociales en el Castillo de Chapultepec, quienes denunciaron que esta lucha ha causado más violencia y la aparición de grupos paramilitares.

Calderón rechazó un llamado para atender las denuncias del sacerdote Alejandro Solalinde Guerra acerca de los abusos contra migrantes. “Lo que dijo, [de] que pidiéramos perdón a Los Zetas, está totalmente equivocado el padre Solalinde. Son criminales”. Remató: Será muy respetable en su curato pero se equivocó.

Negó categórico que existan grupos paramilitares y que se toleren o propicien, a propósito de los llamados matazetas. Tras ser comparado con el gobernador de Veracruz, el priísta Javier Duarte, por tener una tentación fascista ante la criminalidad, declaró que no están en el mismo carril. Aprovechó para criticar al gobernante antecesor, Fidel Herrera Beltrán, porque decía que no había secuestros en la entidad, pero acaba de reconocer que él mismo pagó 16 rescates.

En la reunión que duró seis horas, el doble de lo programado, el Presidente buscó responder personalmente cada cuestionamiento del que llevaba registro puntual en su computadora. Una de sus tres intervenciones duró casi una hora, por lo que se cancelaron participaciones como las de Genaro García Luna y otros funcionarios.

Cambio de nombre

Tras la exigencia de Sicilia de esclarecer el asesinato de Pedro Leyva, integrante del movimiento, el mandatario respondió que se sumaba y aprovechó para apuntar una paradoja del rechazo a la militarización del país: que los propios habitantes de zonas de Michoacán –donde ocurrió el crimen– han pedido la presencia del Ejército.

A la petición de instalar una comisión de la verdad, contestó que no le corresponde hacerlo, pues éstas han surgido en contextos de regímenes autoritarios o represores. Si éste fuese un Estado autoritario, créanme que no estaríamos dialogando aquí, exclamó.

Argumentó: El Estado no ha sido sistemáticamente el que asesina, mutila o desaparece a las víctimas, como ha ocurrido en los regímenes autoritarios donde surgen los contextos de comisiones de la verdad, que es el caso de las dictaduras militares en Argentina o en Chile, o es el caso de Bosnia Herzegovina.

Culpó a su equipo de haber nombrado la Fiscalía de Atención a Víctimas de los Delitos, en vez de utilizar el término de víctimas de la violencia, como se lo habían solicitado. Prometió hacer el cambio, porque no siempre desgraciadamente se hace, aunque ustedes no crean, lo que uno dice.

En su afán de no dejar punto sin aclarar, el Presidente abrió un diálogo con varios integrantes de la mesa cuando responsabilizó al movimiento de no sumarse a la nueva fiscalía.

En verdad nunca se invitó al movimiento a participar en la procuraduría, se invitó a Julián LeBarón, explicó Sicilia, para luego añadir que una víctima habló a la nueva dependencia y en tres minutos la despacharon a la Policía Federal, lo que el Presidente había prometido que no sucedería.

Finalmente el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, reconoció que habló con Emilio Álvarez Icaza, quien confirmó que la conversación fue sólo para invitar a LeBarón y no al movimiento. Esto llevó al Presidente a admitir que hubo un malentendido.

Después negó que la violencia se resuelva con más violencia, pero dijo que tampoco se arregla sin imponer la fuerza del Estado. Insistentes sus interlocutores en que no habían obtenido resultados en las mesas de diálogo, retomó la respuesta de la procuradora general de la República, Marisela Morales, para decir que hay 106 consignaciones de 31 casos analizados.

Anunció que iba a corregir al sacerdote Miguel Concha, porque no es cierto que su gobierno esté mancillando la Constitución, y leyó el artículo 89 que señala que el Estado debe preservar la seguridad nacional y para ello disponer de la fuerza armada. Y planteó que la mayor amenaza a la seguridad interior es el crimen organizado.

A Sicilia le comentó que el mapa de ruta de salida del Ejército depende de que exista una policía fuerte y confiable en una entidad.

Cuestionado también por el poeta por haber afirmado en las Organización de las Naciones Unidas que iba a retirar la plaga de la delincuencia, afirmó que es cierto e ironizó: “Y sí utilicé, no soy poeta, pero también tengo derecho a una metáfora; yo sí creo que eso es una plaga y, Javier, usted entiende perfectamente el sentido de la metáfora.

Por supuesto que nos duelen las muertes, explicó para prometer que no incurrirá en los terrenos de la metáfora la próxima vez.

Ya no hubo promesa de rencuentro, tampoco un abrazo como el del 23 de junio. El Presidente y Sicilia se despidieron con unas palmaditas en la espalda.

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